La fiesta cipoleña, como metáfora de vida
MARCELO ANTONIO ANGRIMAN (*)
Hay cientos de fiestas nacionales o provinciales que se centran en un producto, una labor o una característica geográfica. Muchas tienen como animadores centrales a artistas, especialmente cantantes populares. Pocas son las que tienen como protagonistas estelares a su propia gente, mucho menos interactuando entre sí, como ocurre con la recientemente bautizada Fiesta Nacional de la Actividad Física. Si bien es cierto que cada una de las noches fue acompañada por stands y cerrada por espectáculos –con cuestiones de las que aprender, tal como ha sido admitido por el propio gobierno municipal–, el plato fuerte del evento seguirán siendo la prueba familiar y la corrida. Así la ley nacional 26775, que declaró a Cipolletti como sede de dicha fiesta, es una semilla que horada en terreno fértil. A la ciudad del Alto Valle Oeste la avalan 28 ediciones de una corrida tradicional que es apoyada por su comunidad, como ningún otro evento. Se suma a ello un plan deportivo sostenido a través del tiempo por sucesivas intendencias de diferentes signos políticos. Quizás en esta continuidad –tan atípica en otros ámbitos institucionales– radique una de las claves para entender cómo en tiempos de sedentarismo creciente (60% de la población argentina, con 53% de obesidad) la gente se vuelque masivamente el primer fin de semana de marzo, de cada año, a caminar, trotar, jugar, correr, patinar o andar en bicicleta. La participación se da en un doble espectro, el primero puertas adentro de cada familia –aunque como es natural hoy, no todas respondan al formato tradicional– y el segundo puertas afuera, en la relación de éstas con los demás participantes del acontecimiento. Ello habla a las claras de la implicancia social del encuentro. Compartir una actividad junto con sus padres o abuelos es una de las primeras prácticas sugeridas por los expertos para los pequeños. Tal socialización primaria es siempre efectiva por su contenido vivencial y no discursivo. Cuando se practica una actividad física en familia todos salen beneficiados. Los padres pueden liberar el estrés de los días de trabajo, además de mantenerse en forma, y los niños, a su vez, conservan la mente sana, estimulan su desarrollo físico –óseo, articular, muscular, cardiovascular y pulmonar– y por sobre todas las cosas reciben afecto, lo que estimula su seguridad y autoestima. Hoy se sabe que los niños consolidan sus hábitos de alimentación y de ejercicio sobre los diez años de edad y que la maduración funcional y morfológica de las células nerviosas humanas alcanzan su máximo a los 10-12 años. Por ello, en esta edad de oro los niños son tan permeables al aprendizaje motor y a la adquisición de destrezas. Mientras más actividad física realicen, mejor. Pero además de lo expuesto, este tipo de vivencias estimula el cariño por la propia tierra y sus tradiciones. Seguramente este niño de hoy será el hombre de mañana que defenderá la continuidad de un espacio que lo hizo tan feliz, por aquellos días de la infancia. Hay en la elección del motivo de la fiesta otro aspecto interesante. Se eligió la actividad física. Por un imperativo biológico mientras el hombre exista como tal, precisará del ejercicio. Mientras más ocio digital haya, mayor será la necesidad de actividad física para combatirlo. Como sostuvo el doctor Víctor Matsudo en la inauguración del IV Congreso Internacional de la Actividad Física, celebrado en paralelo con la Fiesta: “La obesidad mata, pero el sedentarismo mata más”, siendo la segunda causa de mortalidad a nivel mundial por debajo de la hipertensión arterial. Promover programas de actividad física incluyentes para todos los grupos de la sociedad, dijo, resultaría más barato y efectivo para combatir enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes y cáncer en los países de América Latina. “Las personas que no hacen una caminata de entre 15 y 30 minutos diarios acortan su vida entre tres y cinco años, además de que aumentan el riesgo de desarrollar cáncer”, explicó. Ello es particularmente importante en los niños. Allí es donde la presencia del adulto resulta indispensable para administrar los tiempos y advertir la nocividad que para un menor importan horas y horas de quietud. Es la persona mayor –nativo de la experiencia– quien debe saber fundamentar las razones por las que el niño –nativo digital– además del videojuego, la tevé, el chat, etc., debe dedicar parte de su tiempo a la actividad física en cualquiera de sus alternativas. Como sostuvo el invitado brasileño, “el día se compone de 1.440 minutos, ¿cómo no vamos a tener 30 minutos para dedicarlos a la actividad física? Por ello la Fiesta Nacional de la Actividad Física –con propuestas variadas de juegos y deportes en la calle–, y particularmente la prueba familiar que forma parte de la corrida, es una gran apuesta a la construcción de un futuro mejor. Observar niños juntos con sus familiares y vecinos disfrutando activamente como protagonistas de un acontecimiento, que ya se ha transformado en un fenómeno cultural, es un motivo de fiesta. También lo es ver a adolescentes y jóvenes que, poco a poco, van dejando a sus padres y familias atrás para atreverse a desafiar el camino de la corrida al ritmo vertiginoso que les proponen sus ágiles piernas. La corrida de este modo marca hitos y tiempos, dejando tras sus pasos un mensaje de recorridos y postas. Algo así como una metáfora de la vida. (*) Abogado. Prof. Nac. Educación Física