“La fiesta electrónica del mundo”

Gastón Verdinelli DNI 37.781.091

Por Redacción

En relación a lo sucedido en Time Warp.

1) Promesas:

Vivimos en un mundo donde consumir es ley. Un manto discursivo se adhiere a nuestra persona y gustosos se lo permitimos, es que, claro, todo nuevo Dios que adoptemos trae consigo una promesa. A diferencia de las promesas sobre una revolución socialista o un cielo después de la muerte, esta nueva camada de recompensas está sumergida en un océano de inmediatez. Consígalo ya, ahora, en cinco minutos. Esto genera una ansiedad demoledora, un paso agitado, una necesidad de trabajo constante para obtener nuestra merecida gratificación que no se consigue ya tomando las armas, rezando ni mucho menos teniendo una vida digna. El templo no tiene cruz sino góndolas.

La apuesta del hombre común es conseguir dinero para comprar la felicidad. Hay un saber, un saber colocado dentro de los huevos de chocolate, un saber con sorpresa, con juguetito coleccionable, en todo caso, un saber sobre un goce absoluto. La propuesta esta estratégicamente depositada en cada anuncio publicitario y a toda hora. La felicidad hace tiempo dejó de ser una cosa momentánea, una satisfacción alcanzada luego de un gran esfuerzo. El dios-mercado hace envíos a domicilio, la entrega ya mismo y para siempre.

Tal vez las promesas más llamativas sean las relacionadas a las salidas nocturnas: “Vení a pasar la noche de tu vida”.

2) Decepción:

Nunca es la noche de tu vida. La promesa es siempre falsa. Los seres humanos vivimos entre decepciones, sin embargo el frenesí que nos empuja entre promesas absolutas y decepciones del mismo calibre puede llevarnos al desasosiego más oscuro. La depresión es moneda corriente, eventualmente nos percatamos del engaño. Termina el fin de semana y el lunes nos espera, rutina en mano, para convencernos entre miércoles y jueves de volver a intentar.

¿Cómo puede alguien vivir sanamente en el empuje sin descanso a objetos?

Es ahí donde la salud a nivel órgano y a nivel psiquismo se hace insostenible.

En la actualidad casi no hay lugar para los jóvenes que no los impulse a la destrucción. Nos ponen en fila y nos enseñan a buscar el goce desmedido. Ese placer tan grande que hará de nuestra noche “la” noche. La búsqueda se da efectivamente, y siempre se puede ir un paso más allá; entonces el paso no llega, no quedan peldaños y no hay otro paso que dar sino saltar al vacío. Quedar inconscientes por el alcohol para no saber que la noche no fue la gran noche, subirle a la música para no hablar con el otro facilitando la reificación, reventarnos las cabezas los unos a los otros con sustancias para aumentar las sensaciones (o distorsionarlas) y convulsionar en lugar de bailar. Si todo es consumir, si todo se trata de relaciones entre o con objetos, “mi” lugar es ese, un objeto a consumir, un consumidor de objetos. Como cualquier otro objeto, no queda otra salida que consumirse, combustión humana.

3) El ejemplo:

Nuestros padres, todas las cenas frente al televisor, absortos, perdidos en su búsqueda de placer y distracción. Aprendimos muy bien a jugarnos la vida en esa búsqueda, nos introducimos de lleno en las olimpíadas del uso y abuso de las imágenes. Gozamos hasta la última gota, ¿de dónde habrá salido la manía del uso constante de celulares?

Algunos médicos y psiquiatras nos muestran con una honradez empírica que para cada problema hay una pastillita. Los jóvenes tratan de explicarles que para cada fiesta también.

4) Con-sumo cuidado:

El problema no se reduce solo a las drogas, es mucho más profundo. Vivimos en una sociedad del consumo y pareciera imposible pensar en una alternativa. Lo mínimo que podemos hacer es aprender a posicionarnos de otro modo frente al consumo, a colocar una línea, un límite que permita introducir algo de una regulación. Se trata de proceder con-sumo cuidado frente al goce. Ponerle el cuerpo a la tristeza cada tanto, dejar de esperar el efecto de productos milagrosos o de curas inmediatas y saber divertirse sin necesidad de que se convierta en la última carcajada.

Gastón Verdinelli

DNI 37.781.091

Neuquén


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