La fruta cede terreno y el petróleo avanza, pero ¿quién controla?

Muchos interrogantes persisten aún sobre la convivencia entre la producción frutícola y la actividad hidrocarburífera. Cuál es la mirada de actores que no son parte interesada en la disputa.

Redacción

Por Redacción

Silvana Salinas (slsalinas@rionegro.com.ar), y Diego Von Sprecher (dievonsprecher@rionegro.com.ar)

Mientras la actividad frutícola de la región sigue en caída libre, entre las filas de manzanos y perales emerge portentosa la industria del petróleo. Así, la fruta parece ceder lenta pero inexorablemente ante el avance de los hidrocarburos. Pero la pregunta clave es: ¿hasta qué punto esta convivencia se puede dar en términos amigables?

Mucho se ha discutido ya sobre la posible “convivencia” entre ambas actividades económicas, pero la montaña de interrogantes sigue creciendo. ¿Su eventual viabilidad es real en la práctica?, ¿qué efectos causa en suelos productivos?, ¿en enclaves urbanos?, ¿cuál es o será el impacto futuro? Y la pregunta del millón: ¿Quién controla?

Expertos de diversos sectores y referentes del ámbito productivo, económico, académico y profesional de Río Negro y Neuquén consultados, opinaron sobre el desarrollo paralelo de fruticultura y petróleo y explicaron técnicamente por qué la famosa “convivencia” hoy no va de la mano con la realidad.

“Estas dos actividades requieren de insumos –algunos comunes y otros no– y compiten por un mismo sitio geográfico, mano de obra, recurso hídrico, red de desagües y energía entre otros y requieren de un sistema de elementos estructurales y no estructurales diferentes, lo cual las hace actividades de difícil coexistencia en la medida que estos elementos se configuraran para una u otra actividad”, dijo el ingeniero Federico Horne, PhD, profesor titular del Área de Recursos Hidráulicos y director del Instituto de Tierras, Agua y Medioambiente (Itama) de la UNC.

El docente e investigador indicó que el impacto se da tanto en el aspecto físico como en el social, el ambiental, económico y cultural, en relación a su influencia directa e indirecta en la población.

Señaló que científicamente se produce una contaminación aérea y sonora afectando a habitantes y fauna. Más en caso de un accidente de explosión o incendio. En tanto el suelo y la napa freática “son los más comprometidos”, afirmó.

Andrés Paternolli, presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Río Negro (CPIA) no dudó en afirmar que “estamos convencidos de que la actividad hidrocarburífera trae un perjuicio directo”. Es por eso que desde la entidad que agrupa a más de 800 ingenieros matriculados en toda la provincia se propuso generar un espacio interdisciplinario para “ser partícipes activos ya sea como un contralor, haciendo fiscalizaciones directas o colaborando en los estudios de impacto ambiental” porque se desconoce qué tipo de controles se realizan.

En Allen, desde el municipio se comenzó a mirar con mayor rigor la actividad y tomar cartas en el asunto, aunque el agente de control es la secretaría de Medio Ambiente, a cargo de Dina Migani.

Desde este área provincial se limitaron a informar –solo por escrito– que la Secretaría posee una delegación en General Fernández Oro cuya “principal tarea es el control y fiscalización de la actividad hidrocarburífera” que se desarrolla en la provincia.

Dentro de la amplitud de áreas de exploración y explotación que actualmente existen, “se hace especial foco en las labores de control en el área Estación Fernández Oro (Allen)”. Indicaron que se trabaja junto a la Secretaría de Hidrocarburos y el DPA y que cuentan con los medios necesarios.

Se indicó que entre el 2015 y 2016 se realizaron más de 900 actas –actas de EFO unas 300 entre los dos años aproximadamente- pero “al día de la fecha no se han cobrado multas por infracciones en los años 2015 y 2016”. Además, se han realizado “más de diez imputaciones por incumplimiento a la normativa en lo que va del año, sea por razones de incumplimiento formal o por ocurrencia de incidentes/accidentes, las cuales se encuentran transitando el procedimiento sumarial que determinará la procedencia de aplicar sanciones más gravosas”.

Derrame y alerta

Sin embargo, el reciente derrame de miles de litros de agua salada en un pozo de gas ubicado en medio de la zona rural, en Allen, sembró dudas sobre los controles que se realizan.

Desde YPF se reconoció que el agua emanó del pozo porque una válvula de las instalaciones se encontraba abierta.

El pozo en el que se registró el incidente el pasado 10 de octubre había sido perforado pero aún no estaba en producción. Una versión a la que accedió este diario indica que el pase de obra entre las contratistas que intervienen en ese proceso se habría realizado en una oficina y no en el propio pozo con la constatación necesaria, por lo que no se podría determinar quién fue el responsable del derrame de agua salada que –según informó la Secretaría de Energía de Río Negro– alcanzó los 238.000 litros.

Días después del derrame el secretario de Energía, Sebastián Caldiero, disertó en el Congreso de Producción y Desarrollo de Reservas de Hidrocarburos en Bariloche, y dijo que no debía haber “margen de error” en las operaciones que se realizan en Allen. Este medio intentó acceder a una entrevista con el funcionario para conocer cuáles son los controles que actualmente lleva adelante la Secretaría de Energía pero Caldiero prefirió no dar detalles y remitió a este medio a explorar una ley provincial de creación de la Policía de Hidrocarburos, que fue sancionada en 1993 cuando ni se pensaba que en Allen se podría extraer gas atrapado en arenas compactas, a 3.800 metros de profundidad, mediante el método de fracturación hidráulica.

Un paisaje impensado apenas unos cuantos años atrás. Hoy, la imagen se multiplica en las chacras.

fotos emiliana cantera

“Como la fruticultura se está cayendo a pedazos, les es más fácil avanzar. Debería haber algo que les ponga un límite”,

dijo Paternolli, presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Río Negro.

En teoría podrían convivir, pero siempre y cuando se cumplieran todas las normas de precaución. Deberíamos trabajar en conjunto con los otros organismos nacionales, provinciales y municipales”.

Jorge Toranzo, director de la EEA Alto Valle del INTA

Datos

“Como la fruticultura se está cayendo a pedazos, les es más fácil avanzar. Debería haber algo que les ponga un límite”,

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora