La guerra contra la pobreza

Por Aleardo Fernando Laría

Por Redacción

A lo largo de este año tendrán lugar tres importantes encuentros internacionales para abordar cuestiones relacionadas con lo que se ha dado en denominar «la guerra contra la pobreza». Desde luego, si alguna guerra merece el calificativo de «justa», ésta tiene todos los ingredientes para serlo. Es la única que merece ser librada si queremos arrancar las raíces del resentimiento, que es el abono del que se nutren las nuevas formas de violencia que preocupan a la comunidad internacional.

En primer lugar, el próximo 6 de julio se reunirá en Gleneagles, Escocia, el G-8. Por primera vez este foro incluye un apartado en donde se tratará la necesidad de aportar más recursos para la ayuda al desarrollo de los países pobres. El primer ministro británico Tony Blair ha declarado que en esta ocasión el G-8 se centrará en la pobreza africana y el cambio climático del planeta, que es el causante del descenso de la pluviosidad en el Africa subsahariana. La ayuda a los países pobres de Africa, señala Jeffrey Sachs, no debe entenderse como beneficencia sino como compensación de los perjuicios sufridos por las emisiones de gases de efecto invernadero, generadas por los países más industrializados.

Por otro lado, en el mes de setiembre se reunirán los jefes de Estado y de Gobierno en la Asamblea General de Naciones Unidas para analizar la reforma de la organización y revisar la Declaración del Milenio, que en el 2000 estableció el objetivo de reducir la pobreza extrema mundial a la mitad para el 2015. La duplicación de las ayudas al desarrollo (que actualmente sólo alcanzan los 50.000 millones de dólares anuales) y la abolición de la deuda de los países más pobres son dos de las recomendaciones de los expertos.

La tercera recomendación para reducir la pobreza tiene que ver con el «comercio justo» y será el tema de la sexta conferencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que se reunirá el 13 de diciembre en Hong Kong. «La actual protección de los países desarrollados frente a los productos de los países en desarrollo es uno de los mayores escándalos de comienzos de este nuevo milenio». La afirmación corresponde a Guillermo de la Dehesa («Globalización, desigualdad y pobreza», Alianza Editorial), un economista tenido por «neoliberal» pero que no duda en denunciar las elevadas barreras arancelarias y no arancelarias levantadas por los países ricos a las exportaciones de los países pobres.

Una de las mayores distorsiones al comercio internacional es la provocada por las ayudas y subvenciones que recibe el sector agrícola de los países industrializados. La agricultura de los países de la OCDE está fuertemente protegida y recibe unas ayudas públicas que se estiman superiores a los 300.000 millones de dólares al año. De esta manera los precios medios recibidos por los agricultores de los países de la OCDE han sido un 30% superiores a los precios internacionales.

Según un informe de la Comisión Europea del año 2000, en la Unión Europea se paga por el azúcar el 160% más que el precio internacional, por la mantequilla y por la carne de cordero el 126% más, por el arroz el 100% más y por la carne de vacuno el 57% más. De esta manera la Unión Europea destina 93.000 millones de dólares a subvencionar la agricultura, frente a los 49.000 millones de dólares de los Estados Unidos.

Lo más llamativo es que la Comisión Europea admite que el 80% de las ayudas agrícolas va a parar al 20% de las explotaciones. Según un informe de Intermón-Oxfam, en España, siete familias de terratenientes perciben un monto anual de subvenciones igual al que perciben conjuntamente 12.700 explotaciones más pequeñas. La reforma de la Política Agraria Común tiende a neutralizar este fenómeno reduciendo en forma paulatina las subvenciones a la producción y concediéndolas al desarrollo rural, pero lo hace de un modo tan gradual que hará falta que pasen muchos años para ver los resultados. Una medida moderadora que proponía la comisión de limitar a 300.000 euros anuales los subsidios por explotación no fue aceptada por la oposición de Alemania y Reino Unido.

De momento la promesa de reducción de la extrema pobreza está quedando trágicamente atrás. Las palabras pronunciadas por Nelson Mandela en la Trafalgar Square de Londres en febrero de este año presiden la convocatoria de la Coordinadora de ong para el Desarrollo que ha iniciado la campaña Pobreza Cero en adhesión a la Declaración del Milenio. Vale la pena recordarlas: «Como la esclavitud y el apartheid, la pobreza no es natural. Es obra del hombre y puede ser superada y erradicada por la acción de los seres humanos. Superar la pobreza no es un gesto de caridad. Es un acto de justicia. Es la protección de un derecho fundamental del ser humano, el derecho a la dignidad y una vida decente. Mientras haya pobreza no habrá verdadera libertad».