La memoria de los elefantes

El gobernador Omar Gutiérrez enfrenta por estos días la peor crisis política desde que comenzó su gestión en 2015. La flaqueza ya no solo se expone en el ineludible conflicto de los trabajadores de salud sobre las rutas (y sus consecuencias) sino en la llamativa falta de referentes dispuestos a ponerse espalda con espalda con el líder del partido. Por fuera de los ministros que participaron en la negociación con los autoconvocados, solo espectadores. Los que más, tuiteros con ceño fruncido.

Ni el propio Gutiérrez salió aún a plantar postura frente a la crisis que, hay que decir, no es la primera. ¿O acaso es posible desconectar el conflicto de hoy con la tragedia sanitaria de ayer? La situación de colapso que vivieron los hospitales de Neuquén en octubre del año pasado, con terapias intensivas al 99%, pacientes respirados en guardias y cámaras de frío albergando los fallecidos que las morgues ya no podían contener exigió al personal de salud todo lo que tenían y más. Lo imposible.

Que el gobierno no haya puesto similar esfuerzo en mantener a este sector contenido, tanto en su demanda salarial como emocional, para garantizar un servicio dispuesto a atender una segunda ola clarea una torpeza que hoy se cuenta en surtidores vacíos.

Los autoconvocados, como los elefantes, tienen una forma difícil de descifrar. Pero como ellos, también, una extraordinaria memoria.


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