La muerte ni antes ni después, en lo posible

Rolando B. Montenegro *

Se podría argumentar, todo es amplio, diverso, contradictorio, humano. Desde la tenaz obstinación a permanecer en esta vida hasta el otro extremo de la indolencia ante una muerte abstracta.

Remordimiento, quién no lo tiene, o, lo que es lo mismo, remordimientos todos tenemos. Aunque, hoy y siempre, la ventajosa superioridad fue no tener un solo remordimiento, sentirse por completo inocente.

Que los fusilen. ¡Y se cumplió! Para bien de la política, para mal de la humanidad. Juan Manuel de Rosas, también conocido como “el restaurador de leyes”, hizo estremecer a la naturaleza. Pero él no se estremeció ni poco ni mucho, y la historia ambientada esta vez por el poeta Arturo Capdevila (Córdoba 1889-Buenos Aires 1967) no deja de tener coyuntura y popularidad.

“El cura Gutiérrez caminó al patíbulo con su negra levita abotonada, pálida la cara, de barba entera, y ella, Camila, marchaba a su izquierda, vestida de blanco, alta delgada, bien repartida. No le valió para salvarse ni su futura maternidad comprobada... Camila, la que solo 19 años contaba’’.

Podrá decirse, crueldades de aquellos años, modalidades, formas de la época. Pero viviendo ese amor desgraciado no tuvieron ellos tres ocasión para la muerte grata, la que nos hace cerrar la mano, antes de llevarnos el alma.

Y un día cualquiera, por esos giros de la política que la historia va registrando, vuelve la muerte anónima, sin efectos colaterales ni temores, con sombras y visiones tremendistas para otros. Creemos que ese ser que se abre a la vida, sea en un ambiente rico o pobre de este mundo, no sabe a nada. Sin embargo, puede no ser lo mismo y algún quebranto moral, alguna recurrente afección psico-intelectual tienen que ir dejando esos tiernos seres silenciosos con sus células replicando.

Vaya a saberse -y, esto no necesita ser aclarado- con qué direccionalidad usaron de la palabra Maurico Macri y, más recientemente, Alberto Fernández, obrando tales como fenomenal acicate para la instalación pública del aborto. Por lo pronto, se espera un debate maduro y responsable que disipe tales tinieblas en una zona moral de un pueblo atravesado también por ideologías de la mera política. Y, un Congreso de la Nación Argentina que aclare trabajando con vehemencia y menos gestualidad.

Salta a la vista, otorgar libertades que dan derechos sobre terceros se ve aquí riesgosamente ilimitado por las circunstancias de otra vida. Ante toda audaz reivindicación de este singular derecho acaso no cabe la exigencia, no que renunciemos a nuestra libertad pero sí que aceptemos limitarla de una u otra forma.

Si se desea progresar en la prevención de crímenes contra la humanidad la memoria es un depósito que guarda y devuelve imágenes horrendas. Queda para el intelecto conectar la política, la historia y la moralidad a través de los eventos en controversia, sin la pretensión de hacer comparaciones incomparables.

Los restos del Brig. Gral. Rosas fueron repatriados desde Inglaterra y llegaron al país el 30 de septiembre de 1989. La necrofilia retardataria es también patrimonio de los argentinos.

* Profesor de Cirugía, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Córdoba


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