La «Nación Camba» ya comenzó a roncar 13-01-04

Los proyectos de autodeterminación corren transversalmente

Bolivia, entre la exclusión de sus indígenas y el «Pachakuti», o sea, el cambio

SANTA CRUZ, BOLIVIA-(DPA).- En Bolivia, el movimiento indigenista, especialmente el aymara, ha alcanzado en los últimos meses una gran relevancia política, hasta el punto que causó, en octubre, la caída del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.

Pero en este país los indígenas no son el único grupo que reclaman un espacio político y hasta territorial propio.

En la región del Oriente, en Santa Cruz de la Sierra, se eleva una voz que reclama su «autodeterminación»: la «Nación Camba», un controvertido movimiento, integrado principalmente por sectores empresariales, que asegura no tener nada que ver con «los de los Andes» y que reclama una identidad propia, ganándose por el camino fama de racista, separatista y excluyente.

Sin embargo, Sergio Antelo, secretario de organización de «Nación Camba», considera que estas acusaciones no son más que una respuesta defensiva de los que se oponen a un movimiento «contestatario frente al Estado colonial central» y defiende el hecho diferencial de la zona cruceña frente a la región boliviana de los Andes.

La región andina de Bolivia «se caracteriza por ciertos componentes que no tenemos nosotros: es el caso de los movimientos indígenas fundamentalistas, una vieja tradición sindical, un enorme aparato burocrático del Estado, la total carencia de iniciativa en relación con las colectividades, a los grupos humanos, y una vocación monopólica con relación a la política, al poder, a la economía, a la cultura», explica Antelo en entrevista con dpa.

En este sentido, asegura que frente a la «integración etnocista» del «radicalismo fundamentalista indígena de Felipe Quispe y otros líderes indígenas del altiplano», «Nación Camba» aboga por una «integración con identidad, buscando los equilibrios posibles entre las entidades distintas».

Y denuncia que la región de Santa Cruz ha sido utilizada como una «especie de territorio de nadie, donde los excedentes poblacionales andinos, particularmente los más conflictuados desde el punto de vista político, han sido trasladados en calidad de colonias, como si esto fuera una colonia», lo cual genera, afirma, «serias distorsiones poblacionales, aportando conflictos políticos y étnicos. Existe una política neocolonialista en relación con Santa Cruz. Intentan tomar los territorios, la policía… todo lo que es factor de poder», insiste.

Asegura en este sentido que la postura de «Nación Camba» no es de racismo, sino de defenderse de organizaciones como el Movimiento Sin Tierra (MST), que «no son sin tierra», asevera.

Esta organización, afirma, «de una forma totalmente irracional, indiscriminada, se nos ha metido a los parques naturales, a las áreas protegidas… en actitud totalmente predatoria, y además con la finalidad de expandir la frontera coca-cocaína. Nuestros campesinos han sido históricamente discriminados, las tierras han sido para los collas (andinos), y nuestros cambas, nuestros campesinos, se han visto obligados o forzados a emigrar a las ciudades, porque no han sido ni son considerados en la distribución de tierras».

Por ello, agrega, «exigimos la distribución de la tierra con grado preferencial según la ley».

Pero ahí no acaban sus reclamos. Porque «Nación Camba» considera que el Estado boliviano es «un Estado ajeno, un Estado que no nos representa. Somos una nación sin Estado, entendiendo como Estado las comunas culturales, no es un problema de raza, sino que somos una nación culturalmente diferenciada», explica Antelo.

Precisamente, la aspiración de su agrupación es crear un «Estado federal multinacional plural con el reconocimiento de identidades y sus territorios». Para ello, señala, la región conocida como la «media luna» (Beni, Pando, Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca) tiene una «alianza estratégica» que de cara a la próxima Asamblea Constituyente presentará un proyecto de «autonomía», aunque, especifica, «en los términos que nosotros queremos la autonomía y no en los términos que el Estado nos pueda dar». «Nación Camba» propugna un modelo que implique «menos Estado y más sociedad», defendiendo con uñas y dientes que es un modelo distinto al del neoliberalismo. Se trata, según Antelo, de «transferir recursos a la sociedad y conferir más poder a la sociedad», porque a su juicio «el viejo Estado nacional fundado en América Latina ya no tiene más vigencia, está colapsado».

El aymara no sabe de racismo, la realidad sí

LA PAZ.- La palabra «racismo» no existe en el idioma aymara ni en ninguna otra de las lenguas de los indígenas de Bolivia. Por eso, tienen que recurrir al español para referirse a ello.

Y en Bolivia la tienen que utilizar -y padecer- desde hace siglos. «Bolivia es una sociedad racista, no se ve barriendo las calles o atendiendo en un restaurante a una persona blanca, todos son indígenas. Hay una especie de apartheid disfrazado», afirma el analista Miguel Urioste, presidente de la Fundación Tierra y ex candidato presidencial por el Movimiento Bolivia Libre (MBL).

Damián Poma, dirigente aymara del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Kollasuyo, va más allá aún: «Hasta hoy día, la mayoría de los indígenas no son parte de este Estado. Pese a que los indios somos mayoría, no tenemos generales indios ni en la policía ni en el Ejército. Los ministros son blancos. No tenemos un embajador indígena, ni jueces… En las oficinas gubernamentales no se ve una secretaria india, por muy preparada que esté. En todos los Andes ha habido una opresión racial que hasta hoy día está latente», señala.

Pero algo ha cambiado en este país. Los incidentes de lo que ya se conoce como el «octubre negro», las movilizaciones en protesta por la venta del gas a Estados Unidos vía Chile, que bloquearon La Paz y dejaron 80 muertos y cientos de heridos, sólo fueron el detonante de un proceso que venía gestándose desde hace tiempo y que es fruto de una mayor concienciación de los indígenas, que al fin y al cabo son más del 60 por ciento de la población boliviana.

«La reivindicación indígena es todo un proyecto de país, en la medida en que se está cuestionando no solamente 18 años de gestión económica y política, sino 178 años de monoetnicidad del Estado», explica el analista Alvaro García Linera, uno de los ideólogos del indigenismo.

«Bolivia es un Estado monoétnico en una sociedad multiétnica, multicultural. En Bolivia, el 62 por ciento de la población es indígena, pero la cultura dominante en las instituciones públicas, en la universidad, medios de comunicación… es la cultura de un segmento minoritario. Así que cuando emerge lo indígena con esta fuerza de movilización, se está cuestionando esta herencia colonial de un Estado monocultural en una sociedad multicultural», afirma.

A juicio de Urioste, «los indígenas han tomado conciencia de esta situación con mucha fuerza y están fortalecidos. Bolivia está viviendo una rebelión indígena en marcha». Especialmente desde octubre, cuando provocaron la caída de un presidente, Gonzalo Sánchez de Lozada, los indígenas y los movimientos sociales que los aglutinan, sindicatos, gremios y juntas vecinales, son conscientes de este poder recién estrenado. Tras siglos de exclusión social absoluta, una de sus principales demandas ahora, ante el nuevo gobierno de Carlos Mesa, es la convocatoria de una Asamblea Constituyente en la que quieren presentar proyectos y modelos de vida y Estado herederos de su cultura, basados, entre otros, en los «ayllus» (sistemas de cooperación y colectividad territorial y familiar).

Pero Miguel Urioste ve también un riesgo. «Tenemos una mayoría indígena que es cada vez más consciente de su propia identidad, y hay una recuperación del orgullo de ser indígena bien importante, pero si no es bien encauzada esa energía, puede ser más bien una energía desarticuladora, destructora, racista».

Algo, en definitiva, que en aymara sí tiene nombre: «la Hora del Pachakuti», el tiempo del gran cambio, el momento en que el mundo se vuelca y los de arriba van abajo, y los de abajo arriba.

De hecho, algunos de los discursos se han radicalizado últimamente.

También Damián Poma constata la impaciencia y frustración de la población y señala que algunos ya no descartan incluso la vía armada. «Si los dirigentes indígenas (como Evo Morales o Felipe Quispe) no plantean de forma categórica la Constituyente a este gobierno, el pueblo se va a levantar en armas y lo va a rebasar todo», dice.


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