“La ONG y su pandilla de limosneros”



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Fui testigo de un hecho que se repitió en Neuquén (a las 13.30 en los semáforos de la Ruta 22 a la altura del desvío de entrada al aeropuerto) y Cipolletti (a las 18.30 frente al parque Rosauer): grupos de chicos de 16 años (les pregunté la edad) pidiendo plata con una alcancía hecha de cartón con forma de casita y una pechera con el logo de Un Techo para mi País. Nos dijeron que eran voluntarios. Hasta ahí todo bien, pero... ¿y si a uno de esos chicos que se metía entre los autos en la Ruta 22, puro entusiasmo, se lo llevaba puesto un coche o a una de esas chicas que se exponían en la vía pública casi oscureciendo algún depravado la asaltaba? No hay que ser un Einstein para darse cuenta de que alguien está haciendo algo muy mal. Llevar menores a la vía pública a pedir limosna y exponerlos a cualquier riesgo es una metida de pata soberbia. No hay que naturalizar estas prácticas en la región y Un Techo para mi País se pasó con esa postura naif de engañar a adolescentes para pedir limosna y luego financiar un ranchito de madera que técnicamente suple la ausencia del gobierno, en este caso el de Jorge Sapag y el de Alberto Weretilneck. Además, Un Techo para mi País no regala la choza al carenciado sino que se la financia, ya que el ideal es tener toda una meseta llena de chozas rodeando los portentosos edificios estatales del único emirato de América Latina. Héctor Kalamicoy, DNI 30.120.541 Neuquén

Héctor Kalamicoy, DNI 30.120.541 Neuquén


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