La pandemia y el regreso del debate sobre la apertura

La irrupción del virus reavivó el debate que abrió la guerra comercial entre China y EEUU. El regreso al proteccionismo podría caracterizar la salida de la crisis.



Atrapado. El canciller Felipe Solá quedó en medio del conflicto entre Argentina y Brasil en el marco del Mercosur.

La discusión se mantiene vigente desde hace Siglo y medio, y es tal vez, una de las mayores grietas que existen hacia dentro de la teoría económica. De un lado quienes abogan que solo el libre mercado y el libre flujo de bienes y capitales puede generar riqueza. Del otro quienes sostienen que para lograr el desarrollo productivo es necesario proteger ciertas ramas del trabajo nacional, hasta tanto se hallen en condiciones de competir.
Desde que el hombre pisa la Tierra, necesitó intercambiar cosas para subsistir. Ya en el inicio, la certeza era que nadie puede producir por sí solo todo lo que necesita. Es decir, los pueblos y más tarde las naciones, necesitaron siempre el comercio para crecer.
No obstante, con la primera revolución industrial a fines del Siglo XVIII y el surgimiento del capitalismo moderno, a mediados del Siglo XIX, los países occidentales necesitaron más que nunca antes en la historia, ampliar las fronteras de sus mercados a otros destinos. De golpe, la innovación hizo que la productividad crezca mucho más rápido que la capacidad de esos países para absorber una cantidad de bienes mucho mayor.
Desde aquella época, con el modelo de la división internacional del trabajo como emblema, los países del mundo se dividieron entre industriales y agrícolas/mineros. Entre desarrollados y sub desarrollados. Entre centro y periferia. Entre primer mundo y tercer mundo. Diferentes alegorías para las mismas categorías. Un grupo de países que logró despegar al ritmo de la industrialización temprana, y otro que acompaño esa dinámica como parteneire, pero quedándose fuera del tren del desarrollo.
La discusión vuelve a estar más vigente que nunca en un mundo golpeado por la pandemia. Existen quienes se atreven a afirmar que la crisis generada por el coronavirus, es la más importante de los últimos 200 años. Equivale a decir que la crisis actual es la más grande que haya experimentado el capitalismo desde su nacimiento. ¿De qué forma afrontará el mundo la salida de la crisis? ¿Lo hará con las fronteras abiertas? ¿O habrá un regreso al menos temporal al proteccionismo?
Hace apenas un año, los portales económicos del mundo hablaban de la guerra comercial entre las dos potencias más grandes del mundo. La escalada de aranceles entre China y EEUU, ya anticipaba mucho antes de la pandemia, que a la hora de cuidar el trabajo nacional, hasta las economías más avanzadas están dispuestas a quemar los manuales del ‘laissez faire’, y cerrarse sobre sí mismas.

Hace apenas un año, los principales portales de noticias económicas globales, daban cuenta de la guerra comercial histórica entre China y Estados Unidos.


Los números del comercio exterior argentino en los últimos años, son elocuentes. La estadística oficial referida al primer trimestre de cada año, muestra una progresiva caída del volumen de comercio (expo + impo). El mismo es un 30% menor en 2020 en relación al año 2013, y un 10% menor que en 2015. En el gráfico que acompaña se observa claramente la tendencia a la baja. Asimismo, se aprecia el efecto que generó la devaluación sobre el nivel de importaciones desde el año 2018. En el primer trimestre de 2020, las importaciones llegaron a u$s 9.903 millones. Un 29% menos que en el primer trimestre de 2018. Ello es lo que posibilita que hoy, a pesar de la recesión y la pandemia, el saldo comercial sea positivo.


Con estos números y dado el contexto, el debate sobre el grado de apertura económica es especialmente delicado para la Argentina. Lo es por la propia dinámica de la crisis nacional, que inició dos años antes de la llegada del virus. Pero principalmente por la relación de nuestro país con sus socios comerciales más estrechos en el marco del Mercosur.
Vale decir que el episodio ocurrido en el mes de abril, con Argentina obstruyendo los tratados de libre comercio (TLC) que Brasil y Uruguay impulsaban desde el bloque con países asiáticos, es todo un icono. La gestión de Alberto Fernández es crítica del TLC rubricado el año pasado con la Unión Europea, pero no planea desconocerlo. No obstante, se opone a la firma de nuevos acuerdos de este tipo, que atentan contra el espíritu original con el que fue creado el bloque a mediados de los ’80.
El Mercosur nació con la pretensión de ser un “mercado común”, en donde exista libre circulación de bienes, servicios, y capital, y una moneda en común. Tal es el caso de la Unión Europea por ejemplo. Jamás se alcanzaron las condiciones políticas y económicas necesarias para tal configuración. La estructura productiva de los países integrantes, es por cierto muy asimétrica, con Brasil y Argentina como grandes actores. El bloque se transformó así en una “unión aduanera”, donde la característica principal es el arancel externo común (AEC). Los países delegan en el bloque su política arancelaria (al menos así debería ser), y cualquier país del mundo que desee intercambiar con el bloque, paga el mismo arancel en cualquiera de los países integrantes.

Por la dinámica de la crisis argentina, y por el rumbo que comienza a tomar el mundo, el debate sobre apertura es muy pertienente para nuestro país.


Esto último es la clave de la discusión reciente. Los TLC que el bloque pretende rubricar, obligan a la Argentina a abrir su economía en sectores que difícilmente puedan competir en precio con los países asiáticos, por ejemplo textil. Es un costo que el gobierno de Alberto Fernández no está dispuesto a pagar. No solo por convicciones, sino por lo sensible del momento.
Con todo, es prácticamente imposible que Argentina abandone el Mercosur. Sería una decisión estrategicamente mucho más dañina que los TLC que Argentina rechaza.
El segundo gráfico que acompaña esta nota, muestra la composición de los destinos de las exportaciones de la industria automotriz argentina, en el mes de febrero de este año. Dos cosas quedan claras. La primera es que el mercado de la industria automotriz argentina (una de las pocas que exporta), es únicamente América Latina. La industria argentina sigue imposibilitada de traspasar la barrera de ingreso a los países avanzados, lisa y llanamente por una cuestión de costos. La segunda es que Brasil representa dos terceras partes de las exportaciones argentinas de automóviles livianos.


Con esos datos, pensar en una salida del Mercosur, absolutamente inviable.
Sin embargo, sí es pertinente la discusión acerca de la forma en que Argentina se relacionará con el mundo. Ningún país produce internamente todo lo que necesita. La hiperconectividad es la característica distintiva de la época. Pero es necesario volver a decidir si esa apertura es irrestricta. Si se lleva a cabo sin condicionamientos. Tomar en cuenta las enormes asimetrías que existen en relación a productividad, acumulación de capital, disponibilidad de tecnología, mercado de trabajo, y finanzas. Más aún cuando son los propios países que ostentan las ventajas, los que eligen un giro al proteccionismo, tal el caso de la administración Trump en EEUU.

En números

14,3%
Lo que cayeron (interanual) las importaciones durante el primer trimestre del año. las exportaciones cayeron 5%.
13,3%
Lo que crecieron (interanual), las exportaciones de productos primarios en el primer trimestre. Es el único rubro con evolución positiva.

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