La peña: Aburrimiento y métodos rudimentarios de publicidad

Parece que fuera una enormidad de tiempo, pero pasaron apenas entre 30 y 40 años. En ese lapso las cosas cambiaron tanto que parece que quienes vivimos en aquella época hubiéramos nacido en otro mundo. Es todo tan diferente…

Eso sí, hace décadas y ahora había tiempo suficiente para la diversión o para el aburrimiento. Claro que las salidas a esos escenarios eran distintas.

En días de aburrimiento no había teléfonos celulares ni redes sociales. Pero sí estaban las revistas que de tanto en tanto se compraban. El juego era ver las publicidades de folletos gratis, pedirlos y esperar a ver quién recibía más correspondencia.

En ese tiempo el correo era sinónimo de demora, pero las cartas llegaban. El tema es que el tren no venía todos los días y había que esperarlo.

Pedíamos catálogos de ofertas, muestrarios de telas, escribíamos a los privados de libertad, muestras de tinturas para el pelo y hasta folletos con colores de pinturas de autos.

Eso era materia prima de los juegos posteriores y un muestrario en color valía como dos o tres en blanco y negro. Todo era negociable y era parte de la diversión. Es decir, todos esos pedidos solo nos implicaban algunas estampillas de 25 centavos y en algunos casos venían con la leyenda franqueo pago, así que uno podía pedir de todo.

Todo eso no era más que un rudimentario método de publicidad que servía para tiempos de aburrimiento y sobre todo para cuando estábamos en penitencia para salir a jugar.

Ahora un Whatsapp resume toda una gestión. Hace unas décadas el método era pararse frente a la casa de los amigos y gritar si saldrían a jugar. Tocar timbre de siesta era casi un delito, así que nos hubiera venido como anillo al dedo un mensaje de texto o un Whatsapp para comunicarnos en silencio.

Juegos de bajísimo costo, pero juegos al fin cuando ni los bolsillos ni el progreso daban para más. Porque ni siquiera había tele como para refugiarse ahí.


Parece que fuera una enormidad de tiempo, pero pasaron apenas entre 30 y 40 años. En ese lapso las cosas cambiaron tanto que parece que quienes vivimos en aquella época hubiéramos nacido en otro mundo. Es todo tan diferente…

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