La peor bienvenida

La falta de infraestructura turística signa el inicio de una temporada que aún es una incógnita.

Por Redacción

La semana que cerró con un feriado, el primero del año, le puso fin a un mes signado por la incertidumbre en las ciudades turísticas de la provincia. Los dueños de hoteles, cabañas, restaurantes, agencias de viajes se confunden cuando intentan interpretar la cautela de los argentinos que aun hoy están entre quedarse, hacer microviajes o visitas relámpago y salir de vacaciones: la temporada de verano es una enorme incertidumbre, a pesar de que ya estamos en medio de ella. En los dos extremos de Río Negro, Las Grutas y Bariloche (además de las localidades y parajes más pequeños en torno de ellas), no tienen otra alternativa que esperar a los turistas, como los actores al público. Tal vez peor que la incertidumbre de no saber si las visitas llegarán cuando uno ya tiene puesta la mesa y hechas las camas, es tener conciencia de que se los recibirá con los mismos problemas de infraestructura que el año anterior. “Cada vez que pienso en todo lo que le falta a Bariloche me quiero matar”, les dijo el intendente Gustavo Gennuso a funcionarios de su gabinete en una de las reuniones de estos primeros veinte días de gobierno. Las Grutas es un imán que atrajo en enero del año pasado a casi medio millón de personas; su fuerte es el turismo nacional, especialmente los que viven en la Patagonia. La fidelidad del turista con el destino es notable porque la infraestructura está en niveles cada vez más alejados de una demanda que crece. Por caso, hace más de un año que el principal acceso a San Antonio Oeste y Las Grutas, la rotonda de las rutas 3 y 251, bajo la misión de mejorarla, parece tierra arrasada. Una obra vial siempre tiene sus complejidades, pero aquí la principal queja es por la falta de señalización: el turista se pierde y arranca nervioso su descanso. La ministra de Turismo, Silvina Arrieta, tiene como misión en sus primeros meses de gestión la presentación de un plan de obras de infraestructura turística al gobernador Alberto Weretilneck. Es llamativo que a esta altura de la gestión (esta semana Weretilneck cumple cuatro años de gobierno) ese diagnóstico no exista ya. Arrieta tampoco es nueva en el área; asumió como ministra luego de haber acompañado como secretaria a su antecesora, Mariana Giachino. Bariloche es la ciudad más poblada de la provincia, tiene una historia relacionada con el turismo que es centenaria. Durante la Década Infame y bajo la conducción de Exequiel Bustillo, el Estado nacional invirtió en Bariloche una cantidad de recursos extraordinarios, con obras que, a pesar de que fueron fundacionales, se mantienen como recursos turísticos estratégicos: el Centro Cívico, el hotel Llao Llao, el camino que lleva hasta él, el ferrocarril, la organización del Parque Nacional Nahuel Huapi. La mayoría se logró en tiempo récord (algunos expedientes no pasarían hoy una auditoría). La obra de ampliación del gasoducto cordillerano lleva tres años y hay que ver si antes del invierno estará lista. Cuando se termine, la demanda seguirá muy por encima de la oferta. Hay un puñado de obras en ciernes, pero las inversiones del gobierno provincial en Bariloche parecen siempre pocas. Gennuso cree que si se empezaran hoy, los trabajos que precisa la ciudad tardarían veinte años en realizarse. Y está convencido de que hay un sector, el del turismo estudiantil, que no está pagando tasas acordes con lo que la ciudad le brinda al negocio. Esta política lo enfrenta con el vicepresidente del Ente Mixto de Promoción Turística (Emprotur) de Bariloche, Ricardo Rimoldi, que es dueño de cuatro de las cinco discotecas para egresados de la ciudad, y con el titular de la Cámara de Turismo de la ciudad, Daniel García, prestador también del segmento estudiantil. En el gobierno municipal están convencidos de que el poder que adquirió el turismo estudiantil en la ciudad es desmesurado. La percepción entre muchos comerciantes de otros rubros es que, a cambio de un factor de ocupación de plazas más regular, los hoteles que pactan con las empresas de viajes de egresados han perdido calidad. Eso, a pesar de que el turismo estudiantil ha mejorado de manera notable en los últimos años. Si finalmente la devaluación tuviera un impacto en el turismo, en el gobierno creen que se notaría en el invierno, aunque en febrero la cotización del dólar podría actuar como un atractivo para los chilenos. El cerro Catedral está en manos de un privado, Alta Patagonia, que pertenece al grupo Vía Bariloche (de la familia Trappa). Los Trappa proponen un cerro renovado (hasta con un parque acuático en la base para el verano), con medios de elevación nuevos y eficientes, y dicen que pueden invertir 70 millones de dólares. A cambio, claro, quieren que la concesión, que vence en diez años, se extienda por lo menos hasta el 2050 y que permitan construir un barrio cerrado en una cota alta de la montaña. El primer gesto que espera Gennuso es que la empresa desista de la demanda contra la Municipalidad, a la que no le reconoce jurisdicción sobre la montaña, con el argumento de que, cuando se concesionó, estaba en poder de la Provincia. Pero los Trappa no están dispuestos a dar ningún paso sin que antes haya señales claras del gobierno municipal.

Martin Belvis martinbelvis@rionegro.com.ar