La trucha de su vida: pescó a “Nahuelito” en el Limay, a 16 km de Bariloche

Cada vez que sale con sus amigos, Diego "Chino" Valdebenito sueña como todos con el pique de unos de esos "monstruos" que nadan en el río Limay Superior en Dina Huapi. El domingo pasado vivió uno de esos inolvidables momentos. Aquí, su apasionante relato.

El domingo pasado, cerca del puente, Diego "Chino Valdebenito pescó esta fenomenal trucha marrón en el Limay Superior.

El domingo pasado, cerca del puente, Diego "Chino Valdebenito pescó esta fenomenal trucha marrón en el Limay Superior.

"Fue el domingo pasado en el Limay Superior, a 16 km de Bariloche, cerca del puente en Dina Huapi, cuando bajaba el sol y el agua estaba turbia. Puse una mosca Negra y al tercer tiro conecté. Estábamos del lado de Río Negro en un pozo que llamamos El Chorro, había como 15 cañas. El sábado había estado pescando todo el día y nada, pero notamos que con el viento fuerte se estaba metiendo mucha trucha al río desde el Nahuel Huapi, muchos machos a buscar los pozos a la espera de las hembras que fecundan en abril y mayo, aunque las fechas siempre se van moviendo, la naturaleza es así. En el lago tienen mucha comida, camarones, pejerreyes, vienen gorditas".

Diego "Chino" Valdebenito con otro de sus grandes trofeos, en este caso a fines de abril del 2018, del otro lado del puente que une a Neuquén y Río Negro.

"El domingo, te decía, al tercer tiro conecté. La marrón no paraba de jugar con la corriente, pesaba como una bolsa de papa: es que se dejan llevar para hacer menos fuerza, boludas no son, por algo llegaron hasta acá. En un momento pensé que la perdía, pero por suerte tenía el equipo bien configurado para que no corte y poder sacarla: bien prolijos los nudos, buen gancho. Fue difícil, pero salió".

"¿Cuánto tiempo estuve? No sé, un rato largo. Tampoco sé cuánto medía y pesaba. Siempre me pasa lo mismo, con la emoción me olvido. Después me da pena porque sería bueno tener el registro, pero en el momento se me pasa. Aparte no hay que desconcentrarse porque en un segundo, en un movimiento, se te pueden ir, ya me paso eso… Calculo que pesaría entre cinco kilos y medio y seis. Si es de las bien grandes no me cierra la mano cuando la agarro de la cola. Y acá no pude. "¿Cómo le decimos nosotros a una así? Y, le decimos monstruo, un trofeo que vimos irse cuando la devolví…”

Compañeros. Chicho siempre lo acompaña a pescar. "Y cuando hay pique se pone como loco", cuenta Diego.

 Ese es el relato de Diego “Chino” Valdebenito, pescador artesanal del Limay Superior, como se define.  En el invierno trabaja en el cerro Catedral, en una guardería de equipos de esquí que se alquilan. En el verano, se gana la vida como pintor de obra en Bariloche. Apasionado por la pesca, cada vez que puede agarra el equipo y se va a probar suerte. Cuando lo ve Chicho, su perro, empieza a mover la cola porque sabe que eso significa ir de paseo al río.

Misión cumplida. Pesca y clic antes de que la trucha vuelva al río.

Cada temporada, según la época, lo recorren desde de su nacimiento en el lago Nahuel Huapi hasta pasando Villa Llanquín, a unos 20 kilómetros, el escenario de la leyenda de las truchas que aprendió a sacar en ese río encajonado y rodeado de arbustos en el que ni siquiera tener buena técnica garantiza la foto más buscada en el eterno duelo entre truchas y pescadores.


El desafío

“Podés ir tres días y no sacar nada. Y al cuarto meter el pescado de tu vida. Es difícil, muchos se frustran, pero me gusta el desafío técnico que presenta. Y es de aguas públicas, puede ir cualquiera. Es diferente a un sector privado o un lodge, donde se amontonan los peces en los pozones para dos cañas que pagan fortunas. Acá, si vienen 100, pescan 100, pero no hay mucho control y a la noche aparecen los furtivos. Por eso digo que si hacemos desastres tampoco le podemos echar la culpa a la falta de control", dice Diego.

" Siempre digo pesque y devuelva. Y si hay hambre y lo permite el reglamento llevate solo una trucha para comer… ¿Para qué matar nueve o diez para que se pudran en el freezer? El Limay Superior es muy lindo, por eso viene gente de afuera a hacer flotadas. Tenemos que cuidarlo, para ellos, para nosotros, para todos. Yo prefiero vadearlo, caminarlo, seguir el ritmo del agua, de la naturaleza”, agrega.

Devolución. "Siempre digo pesque y devuelva. Y si el reglamento lo permite y tenés hambre llevate una para comer. Pero, ¿para qué matar 10 para que se pudran en el frezeer", dice Diego.

Empezó a los 15, con el tarrito, después siguió con los señuelos del spinning y con los años optó por la pesca con mosca a una mano y luego en la modalidad Spey, que surgió en Escocia hace unos 200 años en un río con poco espacio para lanzar y por eso usaban cañas largas que tomaban con las dos manos. Más tarde, el estilo cobraría impulso en los países escandinavos, también con líneas más largas que no salen del agua.

Ahora, a los 40, se ha ganado su reputación en la cofradía de los pescadores. Por ejemplo, desde Dina Huapi el guía Juan lo describe así: “El Chino es cero chamuyo. Y un pescador con todas las letras, un laburante que en su tiempo libre va a pescar”.  

El río Limay Superior nace en el lago Nahuel Huapi.

Chicho, el cocker spaniel que es su compañero de aventuras, lo sabe bien, porque si el Chino entra a trabajar a las 7 a las 4.30 ya salen al río a hacer unos tiros antes de la jornada laboral. El perro también se da cuenta del momento más esperado. “Cuando pica y escucha el sonido del reel se vuelve loco, sabe lo que pasa”, cuenta.  

El pique. La ilusión que se renueva en cada salida.

Y si el domingo no pudo cerrar la mano en la cola de la trucha, a fines de abril del 2018 le pasó lo mismo, cuando pescó su otro gran trofeo, una trucha también marrón pero atigrada, como le dicen por sus manchas, en la zona que llaman el Pozo del Spey pasando el puente.

Otra de las grandes truchas que saco.

Ellos son el Chino y sus amigos, todos con la ilusión del pique de su vida, con ganas de compartir un buen momento, de sacar conclusiones y aprender. “De eso se trata, de buscarle la vuelta juntos. De estar conectados con la naturaleza. Somos felices con eso, con esa magia”, dice el Chino y se despide. Son apenas las ocho de la noche en Bariloche y ya está por cenar. Se levantará a la madrugada, palmeará a Chicho y saldrán juntos por otra aventura en el Limay Superior.


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