La viuda exigió la caída de todos los responsables

Planteó que tienen el deber moral de dejar sus cargos. Sus palabras hicieron llorar a los manifestantes.

Redacción

Por Redacción

NEUQUEN (AN).- «Carlos me enseñó a no bajar los brazos, no los estoy bajando. Hasta siempre».

Sandra Rodríguez, la viuda de Carlos Fuentealba, conmovió a las decenas de miles de personas que rodearon la Casa de Gobierno y se despidió casi hablándole al docente asesinado hace una semana. Hubo llantos a moco tendido, sollozos y gestos de dolor entre la multitud que se ubicó alrededor del palco sobre el cual desfilaron la cuidadosa selección de oradores.

Habían pasado algunos minutos de las 14 cuando la mujer -oriunda de Martínez (Buenos Aires)- subió al escenario apoyada en un familiar. Sólo se escuchaban ella y el ruido de los grupos electrógenos, hasta entonces imperceptible por el extendido bochinche.

«Exijo que el culpable, el que jaló el gatillo, vaya a la cárcel», sostuvo la mujer, que tiene 39 años y es madre de dos chicas: Camila, de 14 años, y Ariadna, de 10.

«Los que ejecutaron las órdenes también son responsables. Al señor gobernador, como le dicen algunos, que dio la orden, quiero decir que fue como jalar el gatillo. Si es responsable como dijo, y si le duele tanto que mi Carlos, el maestro, haya muerto, su deber moral es renunciar», sostuvo Sandra Rodríguez.

«Fusilaron a mi Carlos y con él a toda mi familia. Carlos fue un hombre de principios. Por eso, nosotros debemos seguir viviendo para hacer justicia para que algo cambie en este mundo que él creía que debía ser más justo y más digno», dijo la mujer, rodeada de docentes y chicos que llevaban remeras en las que se representa una imagen de su marido. Esas remeras dicen en letras negras: «Las tizas no se manchan con sangre».

Sandra Rodríguez contó que su marido les enseñó, a ella y a sus hijas, a disfrutar de las cosas sencillas de la vida. El hombre, que había nacido hace 41 años en la localidad de Junín de los Andes, llegó cuando tenía 18 a esta ciudad donde trabajó en múltiples actividades. Fue albañil, empleado de una juguera e incluso administrativo del gremio de la UOCRA. Con el título de técnico químico comenzó a dictar clases en los colegios secundarios al tiempo que inició y completó su carrera docente, hace apenas unos años.

Su esposa y su familia llevarán sus restos al lago Huechulafquen, uno de los lugares que prefería por encima de cualquier otro escenario. El domingo, en su primera aparición pública, la mujer habló ante los medios con los alumnos del CPEM 69 y con los docentes colegas de Fuentealba. Ayer, ante más de 25.000 personas, la mujer que conoció a Fuentealba cuando ambos militaban en la juventud del Movimiento Al Socialismo, hizo llorar a los miles de hombres y mujeres que rodearon la Gobernación.


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