Las casitas fundadoras del balneario El Cóndor y otros datos históricos





historias bajo cero

La municipalidad de Viedma, con buen criterio, acaba de poner en valor dos antiguas casillas de chapa y madera que pueden ser consideradas como las construcciones fundadoras del balneario marítimo El Cóndor, ubicado en cercanías de la desembocadura del río Negro y por ello mismo conocido entre residentes como La Boca. Un fallecido vecino de Viedma, don Mario Lini, escribió hace más de 40 años un opúsculo –que permanece inédito– bajo el título de “El balneario El Cóndor, obra de los italianos” donde sostuvo, con énfasis, que el poblado marítimo “fue descubierto por italianos, fue aconsejado por italianos, fue propiciado por italianos, fue sostenido por italianos, fue promocionado por italianos, fue frecuentado por italianos, fue construido por italianos, fue desarrollado por italianos” (sic). Añade que hacia 1913 comienzan las primeras instalaciones y señala: “las construcciones que se observan a esta altura de los acontecimientos son de madera, a excepción de la de Marino Malpeli que es de materiales. El 13 de febrero de 1913 aparece la casilla del señor Jacinto Massini (farmacéutico ligado a la obra de Don Bosco, mano derecha del padre Evasio Garrone, director del primitivo hospital San José), el hombre del balneario, porque de los primeros pioneros junto con los salesianos, fue el primer gran luchador por el surgimiento y defensa del balneario que justamente por muchos años es llamado Balneario Massini”. La data del año 1913 despierta algunas dudas, pues según testimonio de Edgardo Bagli, descendiente de Massini, en la base de hormigón original de las dos casillas que llegaron hasta nuestros días, las que fueron trasladadas a la cercanía de terminal de ómnibus de la villa, se podían observar las fechas 1917 y 1919. Pero bien puede pensarse que hubo una primera construcción, necesariamente precaria, que se habría levantado cuatro años antes. Sin dudas aquellos inmigrantes italianos, que traían los aires marinos pegados en la piel, fueron los pioneros de la instalación semi permanente en la zona de la desembocadura, que hasta ese momento pertenecía a la estancia El Cóndor, propiedad de la familia Harriet. Pero hay un antecedente muy importante, y es el primer viaje anotado en los prolijos registros de los sacerdotes salesianos de la Orden de Don Bosco en Patagones y Viedma. Aparece allí que el 26 de enero de 1887 “D. Piccono y los clérigos Dallera, Aceto, Stefenelli, con los pupilos del colegio San José van en dos barcas de paseo a la boca del río Negro”. Una anotación posterior permite saber que la excursión se extendió por dos jornadas, porque el 28 de enero se indica que “esta noche a la una y media vuelven de paseo los susodichos, después de haber visitado el faro en construcción y haber recibido muchas atenciones del comandante de la Escuadrilla del Río Negro, Mayor Martín Rivadavia.” Más adelante en el tiempo, ya para mediados de 1920, la Gobernación del Territorio Nacional de Río Negro, a solicitud del propio Massini, le otorga el 22 de junio de ese año el primer permiso para construir, con la firma del encargado del despacho, Carlos Evrat . La obra la hacen sobre un terreno que hoy se sitúa en la calle 4, entre 69 y 71, lote donde se levantaron las casillas mencionadas al principio y, tal vez, estaban en pie antes de la resolución oficial autorizante. Por otra parte, siempre bajo la sombra progresista de Massini, el 10 de febrero del año 1935 se formó la primera comisión pro-balneario. Estaba presidida por aquel inquieto farmacéutico italiano, inmigrante de la región de Emilia Romagna, que desde mucho antes impulsaba la instalación de las primeras viviendas cerca del mar. El tesorero fue Marino Malpelli, mientras los locales eran Mario Matteucci, Atilio Casadei, Agustín Aprá, Lázaro Lazarini y Vicente Fagioli. Durante todo este lapso la villa marítima se llamaba y aparecía en los mapas bajo el nombre de Balneario Massini. Pero el 29 de diciembre de 1948 el entonces gobernador del Territorio de Río Negro, Miguel Montenegro, dispuso cambiar la denominación por la de Balneario El Cóndor, sin consulta previa a la comisión de vecinos y desconociendo la denominación popularmente impuesta hasta el momento. Esta nueva nomenclatura referencia con la estancia de los Harriet (después de la familia Pérez) y el barco de bandera danesa que encalló en esas costas en diciembre de 1881, para los tiempos de la Navidad, cuyo mascarón de proa se conserva precisamente en el casco de ese establecimiento rural.

Carlos Espinosa


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