Las criaturas que salen de Fernando Peña

Fernando Peña es el continente de muchos personajes. Unos más famosos que otros. Vivió en el anonimato hasta ahora que debe soportar el asedio de sus "fans" como cualquier otra estrella. Salió del under y hoy cosecha admiradores con su obra "My name is Albert", otro de los personajes que le surgen, aunque aclara: "Me reconozco en todos ellos, menos en éste".

Por Redacción

El controvertido actor Fernando Peña, protagonista de «My name is Albert», unipersonal que se presenta en La Trastienda, lejos de considerarse un transgresor se juzga un hombre sencillo, fiel a sí mismo y sin disfraces.

Creador de un sinfín de criaturas que dialogan entre sí manteniendo la psicología de cada una y desconcertando al oyente de su ciclo radial «El parquímetro» (que emite la Metro), el actor rescata para el teatro un personaje que habla sólo en inglés y muestra sus conflictos, que lo llevan a una regresión psicológica.

«Me reconozco en casi todos mis personajes -aseguró el artista-, ya que, de alguna manera, yo estoy en todos ellos menos en Albert. El es un enfermo y yo no me considero enfermo, tiene un problema muy grave que yo nunca tuve y una manera de pensar y de ver las cosas que no tiene nada que ver conmigo».

Entrevistar a Peña en una mesa en la vereda de un café significa interrumpir ocasionalmente el diálogo para que el actor firme autógrafos a los taxistas que detienen el tránsito para hablar con él o a los transeúntes (grandes y chicos) que le agradecen el humor y el descaro de decir lo que realmente piensa.

Recién este año Peña sintió la popularidad por la respuesta de la gente en la calle. «Esto de pararme, hablar y firmar autógrafos me cae mal porque me gustaría hacer lo que hago pero que nadie me conociera. No me gusta nada la exposición -afirmó-. Muchas veces la gente cree que soy divo pero en realidad soy tímido».

Como pidiendo disculpas retoma el diálogo para definir al personaje de su unipersonal. «Albert nació en Minneapolis y sus costumbres así como su entorno son esencialmente norteamericanas, por eso habla en inglés. No es una historia porteña, acá no pasan las cosas que le ocurren a él», explicó.

«Además -agregó-, mi personaje habla un inglés muy básico porque tiene un problema de regresión. Por otra parte, en el espectáculo hay mucho movimiento y resulta muy visible el conflicto. Creo que aunque no hubiera texto se entendería igual».

A pesar de la distancia con la realidad porteña, Peña sostuvo que el espectáculo es accesible a todo tipo de público. «El arte no tiene por qué representar su origen geográfico. Puedo poner la escultura de un choripán en París, donde no lo conocen -graficó-, y se va a entender perfectamente».

El personaje Albert nació en «Esquizopeña», su espectáculo anterior, sin que Peña se lo propusiera previamente. «Salió solo y ni tuve tiempo de pensarlo. Estaba en escena, en medio de la obra, y, de pronto, salió esto». Luego, simplemente lo dejó crecer, sin interferir, como suele hacer con las que llama sus «criaturas».

En atención al modo de trabajar de Peña, ¿qué papel juega en él la improvisación a la hora de crear los personajes? «Todo y nada -respondió sin dudar-. Me doy mucha libertad, pero llega un momento en que tengo que respetar el guión o la médula del espectáculo, sino se me desbanda». (Télam)

Leonor Soria

«Me buscan por el escándalo»

En «El parquímetro», a la hora de entrevistar a alguna personalidad no aparece Peña; son sus criaturas quienes preguntan manteniendo cada una su particularidad. Es así que el entrevistado tiene la sensación de estar ante seis o siete interlocutores.

«Tengo doce años de actuación en Buenos Aires y en los Estados Unidos -señaló intentando explicar su ductilidad- y aprendí cómo pasar de un personaje a otro rápidamente. Así como el que estudia dactilografía puede escribir rápido a máquina, los actores tenemos la versatilidad de entrar y salir del personaje todo el tiempo».

«Pasa -reflexionó- que en este país la gente no respeta mucho a las escuelas de teatro. Desde luego, no niego que siento que tengo talento, porque no quiero caer en falsa modestia, pero hay también mucho estudio. La capacidad de entrar y salir de los personajes es puramente técnica».

Cuesta reconocer en sus reflexiones sobre la vida o la muerte, la imagen descarada y transgresora que muestra al aparecer en tevé.

«Cuando me llaman para una nota esperan el escándalo -aseveró-, pero no es esa mi intención. No quiero que me tomen por un Jacobo Winograd de los gay. Lo que pasa es que soy muy sincero y contesto lo que me preguntan, que nunca es lo que contestaría la gente careta que guarda la imagen».

«Me buscan por rating, por escándalo o por alguna declaración que hice -reiteró finalmente-, pero pocas veces me hicieron un reportaje a fondo».

Muchos golpes y filosofía

A pesar de que Peña posee una sólida trayectoria teatral, la radio fue el medio que difundió su nombre a nivel masivo. Pero es en el escenario donde el actor se encuentra en su salsa.

«Más que el contacto con el público pesa el ego -confesó-, el hecho de que te miren. Incluso me jode si el público se mete en el espectáculo, pero estar en una tarima y que la gente observe como a una obra de arte en movimiento me hace sentir muy cómodo».

En sus actuaciones Peña suele jugar con la idea del suicidio y, mitad persona mitad personaje, amenaza con morir en escena. «Es un juego que tengo hace tiempo y si les afecta a ustedes es porque no tienen las cosas claras. Yo tengo una concepción muy elevada sobre este tema», declaró poniéndose a la defensiva. Y rápido explicó que «me costó muchos golpes y leer mucho filosofía para lograr amar y dejar en libertad».