Las Pelotas: La clave del éxito es un largo y sinuoso camino

Días antes de la presentación de la banda en Cipolletti, que será esta noche a las 20, su guitarrista y fundador, Germán Daffunchio charló con “Río Negro”.

Por Redacción

Generalmente, cuando uno empieza a hacer música hay mucha fantasía, no?”, discurre Germán Daffunchio en la tranquilidad de su casa en Nono, corazón de la Traslasierra cordobesa. Día sereno también. Falta poco para el inicio de la gira que lo traerá junto con su banda a Cipolletti, donde esta noche presentará “Brindando por nada”, su flamante undécimo disco. Antes de todo, el guitarrista habló telefónicamente con “Río Negro”.

“Después”, sigue diciendo el creador de Las Pelotas y, antes, de la decisiva Sumo junto a Luca Prodan, “la trayectoria, la carrera, como la quieran llamar, es un camino imposible de imaginar. Es mucho más complicado, más difícil de lo que uno supone y, verdaderamente, creo que la pasión por lo que se hace, lleva a sobrevivir, a seguir luchando. Historias hay millones, luego. Me siento un agradecido total por todas las cosas que me ha dado la música, sobre todo con respecto a la gente, a la relación con ella y las cuestiones que se generaron a partir de temas nuestros. Ejemplo… Matrimonios que han entrado a la ceremonia con una canción nuestra”.

Hay millones de testimonios, millones. Cosas que de alguna manera retroalimentan para continuar hacia adelante. No todo es inútil, una sensación que tenemos todos. Al contrario, la música es una pequeña herramienta para decir lo que se siente y compartirlo con quienes piensan o sienten parecido..

P-Cuando comenzaron, ni el más loco de todos podía imaginar que tocarían con los Rolling Stones en River, que se reunirían miles de personas para oírlos, o vender decenas de miles de discos.

R-Nosotros empezamos una vez que murió Luca y se disolvió Sumo… Mi única certeza absoluta era que el público que nos siga, lo haremos tocando. En el primer recital que hicimos había cien personas, creo. Uno va creciendo en la cantidad de gente a medida que el tiempo pasa, de algún modo aprende el oficio. Cuanto más público, mayor la puesta que hay que montar, las dificultades se van incrementando. Ahora, el nervio de salir a tocar para cincuenta, cien, mil o cincuenta mil, es igual (sonríe Germán sobre las dos últimas palabras). Siempre existe esa tensión, el temor de que todo puede salir mal, siempre.

Es una de las cuestiones que termina seduciéndote y fascinándote. Esa batalla por venir y el imprevisto que puede saltar en cualquier parte. Salís solo con la certeza de tenerte a vos y a tus compañeros, a dar todo lo que hay. Después lo que suceda es lo que viene.

P-Y hay que manejarlo al toque.

R-Sí… Vas aprendiendo. La cabeza puede ser tu aliado o tu peor enemigo. Igualmente nuestra profesión es larga, tiene muchísimos sinsabores, particularmente cuando hacés algo que no responde al estándar comercial, con letras que no hablan de cosas banales. ¿Viste cómo es la música actualmente? Antes fue así también. Entonces, es un camino más complicado que por otra parte, llena de satisfacción porque sabemos seguro que toda la gente que nos sigue es par, hay quienes nos vienen a ver desde hace veinticinco años y siguen viniendo, continúan llegando. Eso, creo, es a partir de una coherencia o de ser fiel a lo que uno hace, siente y dice con la música…

P-¿Hubo tiempos en los que fue más difícil la comunicación musical, de las ideas?

R-Sí. (Suspira Daffunchio). Justo ayer (11 de mayo) hablaba con otro periodista sobre el tema, casualmente. Acerca del rock en Latinoamérica que surge a mediados de los 80… Yo siempre trato de situarnos en tiempo y época. Argentina, a partir de 1982, empezó a vivir -entre comillas- la democracia y cada década fue distinta. En los 90 apareció MTV con su formato y todos los videos había que hacerlos invirtiendo guita para salir en ese canal porque había una movida de rock latino. Qué sé yo… Nosotros, toda nuestra vida nos hemos enfocado a tocar acá. Nunca me entusiasmó demasiado presentarnos en México, es como empezar, es otra cultura. Me estoy yendo un poco… Me estoy apartando de la pregunta.

P-Te consultaba si vivieron épocas más complicadas y las estás repasando.

R-Ah, sí, sí. No hay una época fácil, jamás la hubo. En los 90 apareció el CD y empezó la piratería… El trabajo del músico no tiene mucha recompensa. Hoy hacés un video y lo pasan en las redes sociales y quizá algún canal de televisión, no deja ganancia, salvo el hecho que la gente mire tu producción artística y por ahí a alguien le gusta y te va a ver. Para mí todas las décadas fueron difíciles, con mucho de ingrato, de lucha. Te doy un ejemplo. Grabás un disco que autogestionaste, con todo lo que te costó e invertiste, sale una crítica y lo califican alegremente de bueno. Bueno, según el crítico, porque las guitarras están un poquito distorsionadas y no le gustan mucho y esto y lo otro…

El video del segundo corte, “Víctimas del cielo”, por caso, insumió más de quinientas horas de trabajo con una resultante de seis mil dibujos, entre fondos, personajes y acciones, mezclando animación tradicional cuadro a cuadro, digital y rotoscopía, técnica en la que se dibuja cada cuadro para transmitir la naturalidad y dinamismo de los movimientos, expresiones, luces y sombras. Me digo: este pelotudo me está criticando sin saber lo que me costó hacer tema por tema, el disco, el arte, no? Hay mucho de eso, pero lo más importante para mí, es el presente, la acción, estar creando. Amamos mucho lo que hacemos, mucho componer, amamos tocar juntos; preproducciones, grabaciones, tocar en vivo como ahora en Cipolletti. Es algo que todavía nos sigue movilizando de una manera que no te podés imaginar. Cuasi adolescente. Te juro que estamos un par de semanas sin tocar y empezamos a llamarnos, a buscar excusas para encontrarnos y volver a sonar porque es nuestra forma de vida. Lo hemos aceptado así.

P-Cuando empezaron a difundir “El amor hace falta” en noviembre, recuerdo haber discutido con unos muchachos en una librería porque decían que el estribillo era una obviedad: El amor hace falta / hace falta para amar. No es hueca la idea, respondí, está escrita para esta época donde el amor vende una gaseosa, se ha transformado en pretexto para comprar ositos el día de los enamorados, en una novela de la tarde. Su esencia se ha desdibujado. ¿Apunto bien?

R- Lo que les dijiste es como si fuera mi respuesta. (Reímos). Siento que hay una gran hipocresía en esto de cambiemos al mundo, amemos, a partir del dinero. Si verdaderamente queremos modificarlo, empecemos por darle amor a nuestros hijos; por hacernos cargo de los niños que traemos al mundo y tratar de crear mejores seres humanos. El amor como fuerza sanadora no está emparentado con la plata. Un padre que abandona a un hijo, por más regalos que le haga, no podrá curar las heridas que le ha producido. Por más posición económica que tengas, no podrás salvar un matrimonio sin amor.

Hay un amor totalmente superficial, un amor cáscara, de ponete lindo o depílate para que a la mujer le guste. Estas tendencias nuevas que a mí no me pasaron. En realidad, estoy tratando de agregar palabras a lo que dijiste. En el accionar diario de tantísimos individuos no hay amor, al contrario, sí la búsqueda constante de guita, de posición, de poder, como llave a la libertad y a la felicidad. Cuando sé, estoy convencido, que no es así. El dinero puede tranquilizarte un poco, pero lo que te falta, lo que no das, no podés comprarlo. Loco, me parece que si nos juntáramos a tomar un café, podríamos estar hablando todo el día. Debemos ser de la misma generación o cerca y creo que sentís lo que estoy sintiendo en esta charla y eso me encanta…

“Brindando por nada”

Ficha técnica

Produción artística: Sebastián Schachtel y Germán Daffunchio.

Grabación: en los estudios Panda y Los Angeles, de Nono.

Arte de tapa: Catalina Daffunchio y Juliana Martincich

Músicos: G. Daffunchio (voz, guitarras); G. Martínez (bajo, coros); T. Sussmann (guitarras); S. Schachtel (teclados); G. Jove (bateria); A. Gomez Ferrero (trompeta, percusión).

_6uwlzPYcj8

“Lo fantaseé porque ya me había asqueado. Pensá que en los 80 el éxito más grande era hacer Obras. Luego cambió la escala”.

¿Iba a dejar de tocar?

Sebastián Schachtel es algo más que el tecladista de Las Pelotas desde 1996, es también el productor artístico de la banda.

Doble función


Exit mobile version