Las ratas podrían resolver la esterilidad masculina
Las usan para cultivar esperma de humanos.La técnica está en proceso de evaluación.
Una nueva técnica que permite la maduración de espermatozoides humanos en los testículos de ratas podría contribuir a que los hombres con problemas de esterilidad puedan ser padres. Los científicos intentan establecer ahora si esos espermatozoides son aptos para fecundar in vitro a un óvulo.
El descubrimiento, que abre nuevas esperanzas para los hombres que padecen azoospermia, es decir, que no pueden producir espermatozoides, fue presentado a fines de 1999 por Nikolaos Sofikitis, profesor del Departamento de Urología de la Universidad japonesa de Tottori.
De acuerdo con lo que explicó el padre de la técnica, la experiencia se encuentra en período de evaluación, porque sólo se practicó en roedores. Los científicos implantaron una espermatogonia -célula precursora del espermatozoide- en los testículos de un ratón, completando de esta manera el proceso denominado espermatogénesis.
Al cabo de 166 días a partir del implante, los testículos de los animales fueron evaluados y se detectó la presencia de espermatozoides humanos, perfectamente diferenciados de los de la rata. Como el tiempo de evolución de ambos espermatozoides es distinto, es imposible confundirlos e inseminar en un futuro las células sexuales del animal en el óvulo humano.
Durante ese período, la célula germinal primaria (espermatogonia) atravesó por un estadio intermedio en el que perdió la mitad de los cromosomas, transformándose en espermátida, para llegar finalmente al estadio de espermatozoide, que será el encargado de fecundar al óvulo y dar comienzo a la concepción de un embrión. Esta innovadora técnica podría utilizarse en los hombres que padecen azoospermia secretora, es decir, en aquellas personas que no pueden desarrollar de manera natural las células reproductoras que son transportadas mediante la eyaculación.
Existen dos tipos de azoospermia: la obstructiva, en la que las células germinales se forman pero no pueden salir de los tubos seminíferos, y la secretora, en la que los espermatozoides no completaron la maduración y son incapaces de fecundar un óvulo.
Actualmente, el primer tipo se resuelve mediante una operación en la que se retiran los espermatozoides de los testículos a fin de fecundar in vitro a una célula sexual femenina seleccionada, mediante el método conocido como ICSI. Pero la dificultad se plantea para aquellos hombres que no pueden producir más que la primera parte de ese espermatozoide, ya que aún no existen tratamientos para ellos.
Lo que falta resolver
Una de las causas que detienen a los investigadores para comenzar a probar esta innovadora técnica en los seres humanos es que todavía no pudo establecerse si los espermatozoides desarrollados en el testículo animal podrían contaminarse con anticuerpos de esa especie y ocasionar defectos o enfermedades en caso de transferirse a un embrión.
Al respecto, Jorge Blaquier, un reconocido especialista argentino en fertilización asistida, explicó que «para la aplicación de estas técnicas como alternativas de fertilización asistida todavía estamos lejos, porque aún no se sabe qué consecuencias puede acarrear que un espermatozoide pase por el tejido de un animal y qué consecuencias inmunológicas puede ocasionarle al bebé en el futuro».
«Pero no me cabe duda de que con el tiempo se va a desarrollar un sistema in vitro con células muy controladas, en las cuales podamos repetir este tratamiento y utilizarlo en los individuos que hoy se encuentran desamparados por la ciencia», agregó Blaquier.
Si esto es posible, esta nueva práctica revolucionaría los métodos actuales de fecundación y abriría un nuevo horizonte en el campo de la reproducción asistida. (Agencia Universitaria de Noticias y Opinión, Universidad Nacional de Lomas de Zamora)
Los casos de infertilidad en la Argentina
En la Argentina, alrededor de 3.000 parejas acuden anualmente a unos 50 centros especializados en fertilización asistida que existen en el país y que aplican técnicas que han ido evolucionando desde las primeras experiencias.
Las primeras técnicas consistían en introducir en el útero de la mujer, con distintos métodos, los espermatozoides de su pareja, con el fin de ponerlos en contacto con sus óvulos.
En la década del «70 surgió la fertilización in- vitro, lo que dio origen al denominado «bebé de probeta», en el que el contacto entre la célula reproductora masculina y el óvulo femenino se producía fuera del cuerpo de la mujer, con el objeto de fertilizarlos en una probeta y devolver los embriones al útero.
Esta técnica ayuda a la concepción en los casos en que la mujer tiene algún tipo de obstrucción en las trompas que impide que se contacten ambas células sexuales o para los hombres que también padecen obstrucciones en su aparato secretor.
Este método tiene innumerables variantes. La de más reciente aparición es el ICSI, que presentó como novedad que el espermatozoide es inyectado mediante unas agujas microscópicas dentro del óvulo, para asegurar una unión mucho más precisa que la que se venía practicando hasta el momento.
De esta manera, la unión da origen al embrión que finalmente es transferido al útero. (AUNO)
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