Las tres agendas pos-PASO

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Mirando al sur

A nivel nacional, el resultado de las PASO del último domingo significa un aval superior al esperado por el gobierno de Mauricio Macri y un enorme desafío para el PJ, que en sus distintas vertientes quedó lejos de definir un nuevo liderazgo tras la derrota electoral del 2015.

Aunque las elecciones legislativas “de verdad” para renovar la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado tendrán lugar el 22 de octubre, la mayoría de los analistas no prevé por ahora cambios significativos en las preferencias del electorado en los escasos 70 días que faltan hasta entonces.

Si se confirman estas presunciones, la Casa Rosada habrá hecho un negocio políticamente redondo. No sin la ayuda del peronismo, obtendría en octubre más bancas que las esperadas en las dos cámaras y, si bien no tendrá mayoría, estará más cerca del quórum que los cálculos más optimistas. Sobre todo, tras los sorprendentes triunfos en Córdoba, San Luis, La Pampa, Neuquén, Santa Cruz, Entre Ríos y el polémico empate en el decisivo distrito bonaerense –a contramano de casi todas las encuestas–, con 4% más de votos que hace 20 meses, cuando la gobernadora María Eugenia Vidal derrotó a Aníbal Fernández.

Con un resultado similar en octubre, Cambiemos se proyectaría como una fuerza nacional y Macri podrá aspirar a un segundo mandato en el 2019.

Éste fue el mensaje implícito en el anticipado festejo del domingo, horas antes de que se conocieran cómputos consistentes en la provincia de Buenos Aires. En todo el país, ocupó el primer lugar con casi 36% de los votos (8,4 millones). A continuación, se ubicaron los candidatos del kirchnerismo (20,3%), el PJ (17%) y la alianza Massa-Stolbizer (7,4%). En conjunto, estas tres vertientes del peronismo y sus aliados sumaron 44,7%, pero al presentarse por separado resultaron funcionales al triunfo oficialista y también complicaron su propio futuro.

Por eso la agenda política posterior a las PASO se presenta en el corto plazo mucho más desahogada para los candidatos de Cambiemos que para los de origen peronista. El voto de confianza para el gobierno de Macri fue mucho más visible que el voto castigo propiciado por Cristina Kirchner en el distrito bonaerense; mientras Florencio Randazzo sumó poco (5,9%) y la polarización estrechó la “avenida del medio” de Sergio Massa.

Hasta octubre, con el Congreso enfrascado en la campaña electoral, el oficialismo podrá “hacer la plancha”. Y hasta recibir favores, como el de la propia CFK cuando en la madrugada del lunes abandonó su silencio táctico para proclamar primero un triunfo sin confirmación y por la tarde denunciar que el gobierno “perdió el plebiscito sobre el ajuste y pretende manipular el resultado”, además de ejercer una “inédita y extraordinaria concentración de poder”.

Un insólito diagnóstico que combina amnesia sobre su gestión y miopía sobre el resultado nacional, aunque ya se haya asegurado una banca en el Senado y sus correspondientes fueros.

La falta de autocrítica de la expresidenta, más su decisión de presentarse en Buenos Aires por fuera de la estructura del PJ, inquietan desde hace tiempo a los gobernadores partidarios que volvieron a imponerse en sus distritos. Algunos, como el salteño Juan Manuel Urtubey, sostienen que la oposición no puede limitarse a trabar la acción del gobierno nacional, sino que debe negociar acuerdos a favor de las provincias.

No sería extraño que próximamente más candidatos y/o legisladores apunten contra CFK por su autoritarismo, su férrea negativa a aceptar internas y su aval al régimen de Nicolás Maduro. Pero también porque el piso y el techo electoral de Cristina están casi pegados y el voto de su núcleo duro es duplicado con creces por el rechazo a su figura. Le harían un favor al sistema democrático y a la lucha contra la corrupción.

La agenda económica de corto plazo también juega a favor de la Casa Rosada. El triunfo electoral fue celebrado con subas en el mercado bursátil, bajas del dólar ante una menor demanda y del riesgo país por la recuperación de los bonos argentinos. Por primera vez después de 12 jornadas, el Banco Central no debió intervenir para contener al dólar en $ 18, tras haber sacrificado algo más de u$s 1.800 millones de sus reservas. El “dólar Macri” prevaleció en el mercado sobre el “dólar Cristina” y ahora se espera una mayor oferta de dólares por la cosecha de granos. A este clima de euforia financiera, convalidado en la última licitación de Lebac, se sumarán nuevos datos sobre la recuperación del PBI y la recaudación tributaria; mayor ritmo de ejecución de obras públicas y cumplimiento de las metas de déficit fiscal primario en los tres trimestres del año, fijadas con holgura para atender los mayores gastos del tramo final del 2017.

En septiembre se anunciarán los ajustes automáticos de jubilaciones y asignación universal por hijo, mientras sigue creciendo el crédito al sector privado (personales, hipotecarios, prendarios y a familias con AUH).

En cambio, no podrá cumplirse la meta de inflación del BCRA (17% anual) y el repunte del consumo seguirá en cámara lenta por partida doble. Los sectores más cercanos a la ancha base de la pirámide social son los más afectados por el deterioro de ingresos debido a los ajustes de tarifas y precios relativos en detrimento del consumo masivo. Y quienes se ubican en el extremo opuesto aprovechan para hacer compras en el exterior, lo cual debilita la demanda de bienes durables.

A diferencia de las anteriores, la agenda económica de mediano plazo se presenta mucho más compleja para el gobierno de Macri. Por un lado, no puede ignorar que su objetivo de “pobreza cero” es de largo alcance, que el voto opositor en las PASO se concentró en las zonas más pobres (principalmente en el conurbano bonaerense, donde los subsidios mantienen pendientes aumentos del transporte) y que para noviembre están previstos los ajustes semestrales de tarifas de electricidad y gas. Por otro, que la creación de empleos en el sector privado depende de mayores inversiones, para lo cual necesita bajar el “costo argentino” a través de reformas apenas esbozadas, como la tributaria y laboral.

Y finalmente, que el Estado sigue gastando más de lo que recauda y cubre el déficit con endeudamiento externo, que busca ser acotado a través de una ley de responsabilidad fiscal acordada con las provincias, aunque también está pendiente el reclamo bonaerense ante la Corte Suprema para actualizar el Fondo del Conurbano, que los gobernadores opositores buscan negociar.

A esto se suma que quienes votaron a favor de un cambio para no volver al pasado apuestan a reformas en materia educativa, judicial, seguridad y también política, con boleta única y/o electrónica. Claro que todo esto dependerá de la futura configuración del Congreso, donde ningún bloque tendrá mayoría y la negociación de acuerdos sobre políticas de Estado debería reemplazar a la obstrucción como táctica, para funcionar como un “país normal”.

La de corto plazo juega a favor de la Rosada. El triunfo electoral fue celebrado con subas en el mercado bursátil, baja del dólar por menor demanda y disminución del riesgo país.

El mediano plazo es más complejo. No podrá cumplir su meta de 17% de inflación anual, la creación de empleos privados se demora y el Estado sigue cubriendo déficit con deuda.

Datos

La de corto plazo juega a favor de la Rosada. El triunfo electoral fue celebrado con subas en el mercado bursátil, baja del dólar por menor demanda y disminución del riesgo país.
El mediano plazo es más complejo. No podrá cumplir su meta de 17% de inflación anual, la creación de empleos privados se demora y el Estado sigue cubriendo déficit con deuda.

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