Las ventajas del hambre
El gobierno del presidente interino Eduardo Duhalde dista de ser el primero que ha declarado de forma ostentosa la guerra contra el hambre y, por desgracia, con toda seguridad no será el último. Es así porque no existen motivos para suponer que se haya propuesto mejorar las reparticiones públicas correspondientes para que de ahora en adelante puedan reaccionar automáticamente toda vez que se detecten casos de desnutrición severa en distritos determinados. Como ha ocurrido con tantas otras iniciativas similares en el pasado, Duhalde está resuelto que «Operativo Rescate» lleve su propio apellido, lo que no le será demasiado difícil de arreglar porque lo dirigirá su esposa Hilda «Chiche» Duhalde, quien, como ya es tradicional en nuestro país, se ha habituado tanto a cumplir el papel de dama de caridad populista que abundan los peronistas que creen que debería aprovechar su éxito en el rol aceptando ser candidata a la vicepresidencia o incluso a la presidencia de la Nación.
En el muy corto plazo, el activismo social de «Chiche» Duhalde bien podría resultar positivo: por tratarse de la esposa del presidente y dueña de un temperamento que, se informa, suele intimidar a sus compañeros peronistas, estará en condiciones de galvanizar instituciones que de otro modo no funcionarían con un mínimo de eficacia. Sin embargo, muchos políticos y los vinculados con las redes clientelares que manejan entenderán que el objetivo principal del ejercicio no consiste en luchar contra el hambre, sino en exaltar la figura de la primera dama provisional, de suerte que es de prever que la ayuda social resultante sea más selectiva que sistemática y que se agote en cuanto los protagonistas crean haberle sacado todos los beneficios disponibles.
Aunque pocos políticos quieren entenderlo, hay una diferencia sideral entre el asistencialismo institucionalizado y por lo tanto estatal, no partidario, por un lado y el clientelismo siempre personalizado que se organiza con miras a hacer pensar que ciertos individuos, a diferencia de sus rivales, sean dechados de generosidad y humanitarismo. En aquellas sociedades en las que el Estado brinda una red de seguridad debajo de la que nadie debería caer, los responsables de mantenerla están más interesados en remediar los problemas más graves, que en desempeñar un papel inconfundible en una especie de show propagandístico. Donde impera el clientelismo, en cambio, los involucrados quieren que no haya duda en cuanto a la presunta procedencia de la ayuda y al deber del beneficiado de retribuirla con «lealtad» política, ya votando en favor del partido que lo privilegió, ya contribuyendo a mejorar su imagen haciendo gala de su gratitud. Así, pues, sería realmente asombroso que «Operativo Rescate» no sirviera para generar una multitud de oportunidades fotográficas para «Chiche» y, si bien en menor medida, para otros políticos deseosos de llamar la atención a sus sentimientos solidarios.
El hambre en nuestro país tiene varias causas, de las que las cuatro principales son las deficiencias inherentes al bienestar clientelista, la inoperancia de tantas instituciones públicas, los cambios económicos abruptos que han perjudicado a los más vulnerables y las características culturales, en el sentido antropológico de la palabra, de sectores desmoralizados por su propia incapacidad para encontrar un lugar en una sociedad poco estable. Según parece, el gobierno duhaldista tiene el propósito de hacer frente a todos los problemas así supuestos, además de «armar un padrón, clasificarlos, hacer un mapa de la hiperpobreza». Lo que los Duhalde no se han comprometido a intentar, porque no está en su poder hacerlo, es crear organismos que sobrevivan intactos a su propia gestión, lo que hace pensar que el futuro de «Operativo Rescate» será tan breve como el protagonismo de sus artífices y que, cuando se vayan, otros gobernantes, sean nacionales o provinciales, esperarán a que los medios de comunicación descubran nuevamente que haya hambre en la Argentina y armen un escándalo tan grande que dirigentes políticos ambiciosos entiendan que se les ha presentado una oportunidad inmejorable para mostrarnos que, cuando es cuestión de la solidaridad para con el prójimo, no hay nadie en el país que pueda hacerles sombra.
El gobierno del presidente interino Eduardo Duhalde dista de ser el primero que ha declarado de forma ostentosa la guerra contra el hambre y, por desgracia, con toda seguridad no será el último. Es así porque no existen motivos para suponer que se haya propuesto mejorar las reparticiones públicas correspondientes para que de ahora en adelante puedan reaccionar automáticamente toda vez que se detecten casos de desnutrición severa en distritos determinados. Como ha ocurrido con tantas otras iniciativas similares en el pasado, Duhalde está resuelto que "Operativo Rescate" lleve su propio apellido, lo que no le será demasiado difícil de arreglar porque lo dirigirá su esposa Hilda "Chiche" Duhalde, quien, como ya es tradicional en nuestro país, se ha habituado tanto a cumplir el papel de dama de caridad populista que abundan los peronistas que creen que debería aprovechar su éxito en el rol aceptando ser candidata a la vicepresidencia o incluso a la presidencia de la Nación.
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