Latinoamericanos, mercenarios en la lejana guerra civil de Yemen

Redacción

Por Redacción

emilio cárdenas (*)

Desde el 2010, la utilización de mercenarios para tareas militares es una práctica extendida en algunas de las ricas monarquías sunnitas del Golfo Pérsico. Esto es así, por ejemplo, en la Unión de Emiratos Árabes (UAE). Ocurre que la mayoría de los ciudadanos de esos países, acostumbrados a vivir subsidiados y en la abundancia, no sienten inclinación por desempeñar la profesión militar. Menos aún por participar en conflictos violentos y arriesgar sus vidas en ellos. La comodidad y la audacia no van de la mano. Por eso la presencia de mercenarios extranjeros en la zona del Golfo ha crecido mucho. Incluyendo los provenientes de América Latina. En la UEA solamente, hoy hay unos 1.800 mercenarios latinoamericanos residentes, con un buen entrenamiento militar y con mandos y organización profesionales. Hasta no hace mucho esa presencia era casi secreta. Pero en los últimos tiempos ha salido a la superficie y merecido comentarios descriptivos en los medios norteamericanos. Hasta ahora sus responsabilidades fueron principalmente de corte doméstico. Esto es la vigilancia in situ de las instalaciones petroleras más sensibles, incluyendo los oleoductos; así como el control de las protestas que de pronto surgen (por motivos generalmente laborales o religiosos) en los campamentos en los que, en las grandes ciudades, se alojan los trabajadores extranjeros que conforman la mano de obra de la UEA, así como las operaciones que se realizan contra los grupos de piratas que infectan las costas del Golfo. ¿Por qué están allí? Por dinero, obviamente. Cobran entre 2.000 y 3.000 dólares mensuales, en la mano. Eso es entre cinco y seis veces más que lo que los mercenarios perciben, por tareas similares, en sus respectivos países de origen. Viven en campamentos con frecuencia emplazados en el interior, con comodidades mínimas. Llevan una vida espartana, en constante entrenamiento. Hay hasta una suerte de ciudad militar (en rigor, una base militar en manos privadas) llamada la Ciudad Militar de Zayed. Pero hay ahora una novedad, algunos centenares de mercenarios latinoamericanos han sido enviados a participar en la guerra civil, en Yemen. A combatir, entonces. Lo que, por la naturaleza realmente peligrosa de la misión que les es encomendada, genera ingresos de unos 1.000 dólares semanales, adicionales a sus salarios habituales. Para ellos, una opción atractiva, pese a su peligrosidad. Nada menos que unos 450 latinoamericanos han sido desplegados ya en Yemen, aunque a estar a la información periodística disponible aún no habrían entrado en combate. La mayoría son colombianos, con experiencia en medio siglo de enfrentamientos en el conflicto armado interno de su propio país, que ahora es objeto de negociaciones de paz. Hay también contingentes de salvadoreños, panameños y chilenos. Todos ellos conforman un contingente de unos 1.800 mercenarios latinoamericanos en total que están disponibles en la UEA. En general, sus tareas en Yemen consisten en desempeñarse como choferes de los vehículos militares y en operar lanzamisiles provistos por la propia UEA. Como sucediera en su momento en la experiencia de Sudáfrica al fin del apartheid, los mercenarios latinoamericanos de la UEA temen quedarse de pronto sin trabajo y, por ello, exploran siempre alternativas de “conchabo”. Los norteamericanos usaron (y siguen usando) contingentes de mercenarios profesionales tanto en Afganistán como en Irak. En general integrados por profesionales norteamericanos o europeos. De allí lo novedoso de la irrupción latinoamericana en este patológico mercado. La volátil guerra civil en Yemen, sectaria ciertamente desde que enfrenta a los chiitas, apoyados por Irán, con los sunnitas, endosados por las monarquías del Golfo, abre nuevas oportunidades a los mercenarios latinoamericanos, que enfrentan allí a tropas regulares, milicias tribales y hasta a algunas organizaciones terroristas. Incluyendo a Estado Islámico, en medio de lo que luce como un verdadero caos bélico. En los últimos meses Arabia Saudita, Qatar y la UEA han aumentado su participación en la guerra civil yemení, que tiene que ver con el predominio regional de chiitas o sunnitas. Lo hacen con dinero, armamentos y (queda visto) con mercenarios contratados. Los sauditas han contratado además a centenares de sudaneses y a unos 500 milicianos provenientes de Eritrea. La guerra en Yemen es desordenada y casi sin reglas. Hace poco, los bombardeos sauditas alcanzaron un hospital de Médicos sin Fronteras, en la provincia de Saada, en el norte del país, generando un tendal de víctimas inocentes. Desde que el conflicto se iniciara, se habla de más de 2.300 muertos inocentes. Un escenario clásico para los mercenarios, incluyendo los provenientes de nuestro rincón del globo. Todo para ellos es ganar dinero, aun en medio de peligros inéditos. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas


emilio cárdenas (*)

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