“Le pedía a Dios que me la dejara”



CIPOLLETTI (AC).- Imposible poner el nombre de todos los que ayudaron en la recuperación de Romina. Pero todos fueron reconocidos. También por Beatriz, su mamá, que nunca se despegó de ella. “Yo le pedía a Dios que la sacara, que ilumine a los médicos, que le dieran vida, que me la prestaran por otro tiempo más”, dijo con la voz cortada por las lágrimas. Más de una vez dudó. Creyó que no salía.

Los profesionales, por su parte, revalorizaron la labor de enfermería. “Yo le decía a las chicas que si caía quemado, me gustaría estar acá porque la verdad es que el trabajo que hicieron fue espectacular”, aseguró el cirujano plástico, Edgardo Santini, sobre la tarea que desempeñaron en la recuperación de Romina.

Pero no fue sólo éste el sector que recibió los halagos. Terapia Intensiva, donde estuvo durante un mes; Clínica Médica, donde actualmente se está recuperando; Rehabilitación, que da las pautas generales para que las manos de Romi vuelvan a recuperar movilidad. Todo el hospital, que trabajó en equipo y demostró que las dificultades cotidianas se pueden superar.

“Estoy orgulloso de formar parte de este equipo y de poderle brindar a la gente este nivel de atención. Públicamente quiero felicitarlos”, resumió el director médico del hospital Pedro Moguillansky, Carlos Baruf.

Las anécdotas se cuentan por decenas. Porque fueron casi dos meses desde que Romina entró al hospital al borde de la muerte, el 22 de septiembre, hasta hoy que camina por sus pasillos y el patio exterior y espera ansiosa el reencuentro con su hijo. “Cuando salga -dijo- quiero ir a buscarlo”.

“El compromiso del personal fue interdisciplinario y multitudinario. Había veces en que se destinaban sólo tres enfermeros durante tres horas para bañarla. Dada la complejidad de su cuadro se le ponían todos los días sábanas estériles. A las de arriba, para que no tocaran la piel, se las tensaba y ataba”, contó la kinesióloga, Marcela Santini.


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