Hebe Uhart: vuelve «Del cielo a casa» y el arte de hacer reír en serio
La editorial Adriana Hidalgo reedita "Del cielo a casa" uno de sus libros clave de la gran cuentista y cronista argentina, publicado por primera vez en 2003, donde cada escena mínima puede volverse, al mismo tiempo, extraña y profundamente graciosa.
Reírse a carcajadas no es algo tan frecuente. Reírse a carcajadas delante de un libro, menos. “Del cielo a casa”, el libro de Hebe Uhart que la editorial Adriana Hidalgo publicó hace más de 20 años y que ahora acaba de reeditar, es la posibilidad de entregarse a esa chance maravillosa -y muy poco habitual- que es reír frente a un libro. No una. Muchas veces.
¿Cómo hacía esa mujer que -quizás ya parezca un lugar común, de tanto repetirlo, pero no- fue considerada la mejor cuentista argentina, incluso por el poco dado a los elogios de Rodolfo Fogwill; que Haroldo Conti comparó con Carson McCullers y de la que Elvio Gandolfo decía que construía un mundo a partir de su lenguaje? ¿Cómo hacía para que todo parezca simple? ¿Cómo, para hacer estallar el lenguaje, su mirada rara y su oído absoluto, en una frase genial que desarma al que lee en una carcajada?

En “Congreso”, por ejemplo, donde cuenta una invitación a Alemania para participar, justamente, de uno de esos encuentros de escritores, investigadores y especialistas, pone en primer plano el snobismo de algunos de los participantes. En un momento, cuando van a leer uno de sus textos en alemán, ella no sabe cómo ponerse los auriculares. El “estudioso”, como llama al colega que fue invitado como ella, “me los puso de mala gana y le dijo al presentador:
—Sepa disculpar el subdesarrollo.
Pero no pude detenerme en esa observación, porque ya un actor empezaba a leer mi cuento en alemán. Yo no entendía absolutamente nada. ¿Por dónde iría en el cuento? Solo entendí que decía ‘tomates’ y ahí me di cuenta de por dónde iba. Que ese cuento, escrito en un lenguaje tan cotidiano, que contaba un amor adolescente no correspondido, fuera leído en alemán no me producía satisfacción: más bien estaba perpleja. ¿Qué entenderían los alemanes de eso? Y, además, mi compañero de lecturas, cuando escuchara la versión en castellano, pensaría que, además de ser subdesarrollada, nunca nadie me había dado bola”.
Una observadora de las cosas mínimas
Hebe Uhart (Moreno, 1936–Buenos Aires, 2018) construyó una obra singular dentro de la literatura argentina, lejos de la grandilocuencia y cerca, muy cerca, de las inflexiones mínimas de la vida cotidiana. Fue maestra y, también, una observadora infatigable: viajaba, conversaba, escuchaba y tomaba nota de las modulaciones del habla, de las rarezas de la conducta, de esos desajustes leves que revelan mundos enteros. Publicó cuentos, nuevas crónicas de viaje y novelas breves que se fueron convirtiendo en objeto de culto, primero entre escritores y después entre lectores cada vez más amplios. Su consagración tardía no hizo más que confirmar lo que muchos ya sabían: que había en su prosa una inteligencia afectiva, una ironía sin crueldad y una precisión que le permitían ver donde otros apenas miraban.
“Del cielo a casa”, el primer libro que Uhart publicó en Adriana Hidalgo editora, hace más de 20 años, en 2003, es una puerta privilegiada a su universo. Reúne relatos donde lo doméstico, lo aparentemente menor, se vuelve materia de revelación y humor.
Puede ser aquel congreso, una visita a una veterinaria (donde “quizás el conocimiento de que hay tantos bichos cn problemas en este mundo aplaste un poco a la gente de la sala de espera; no son sólo ellos; el mundo está poblado de problemas”). Es Uhart en estado puro: le basta con una frase torcida, un detalle que descoloca , los comentarios de una mujer que viaja junto a ella en el avión que la trae de vuelta a casa.
Allí están sus personajes -viajeros desconcertados, interlocutores ligeramente desfasados- y, sobre todo, su oído, ese instrumento finísimo, esa antena que usaba como una marciana para captar lo que se dice y lo que se escapa en lo dicho. Ahí está ese poder que nos hace reír, a carcajadas, frente a un libro. No es frecuente y es genial.
Reírse a carcajadas no es algo tan frecuente. Reírse a carcajadas delante de un libro, menos. “Del cielo a casa”, el libro de Hebe Uhart que la editorial Adriana Hidalgo publicó hace más de 20 años y que ahora acaba de reeditar, es la posibilidad de entregarse a esa chance maravillosa -y muy poco habitual- que es reír frente a un libro. No una. Muchas veces.
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