María Cristina Ramos en la Feria del Libro de Neuquén: “La literatura, infantil o no, es o debe ser arte”
La escritora, docente y editora, finalista del Premio Hans Christian Andersen y ganadora del Konex de Platino, participa de la Feria y reflexiona sobre la literatura para chicos, el papel de la escuela, los mediadores de lectura, las pantallas y la poesía.
Escritora, poeta, docente y editora, hace décadas que María Cristina Ramos trabaja alrededor de los libros y de la lectura. Publicó más de setenta títulos para niños y jóvenes, entre ellos “Maíces de silencio”, “Gato que duerme”, “Azul la cordillera” y “La luna lleva un silencio”. Su obra recibió distinciones en la Argentina y en otros países, fue finalista del Premio Internacional Hans Christian Andersen en 2020 y 2022 y en 2024 recibió el Konex de Platino en Literatura Infantil.
Pero hay otra parte de su recorrido que no aparece necesariamente en las listas de premios: durante años trabajó con docentes, escuelas y mediadores de lectura, y en 2002 fundó Ruedamares, una editorial independiente dedicada a la literatura infantil. Lo hizo, justamente, porque no encontraba dónde publicar “Maíces de silencio”. El domingo, 20, a las 18, en el auditorio Marcelo Berbel. la editorial presentará dos novedades: «El descuido de lo leve», poemario de Leticia Godoy y «Rondas al sol», poesía para infancias de Paula Asencio. Desde Neuquén, Ramos fue construyendo así una obra y, al mismo tiempo, una forma de pensar la circulación de los libros.
Figura fundamental de esta Feria Internacional del Libro de Neuquén, habló con Lecton.
Has dicho que escribir tiene que ver con una manera de plantarse ante la vida. Después de más de cuatro décadas escribiendo, ¿qué cambió en esa manera de plantarte?
-Hoy creo que la que se planta es la vida y bailamos la danza necesaria para dialogar con ella. Escribir es una profesión que exige dedicación, lectura y trabajo para que lo producido pueda tener algún sentido para quienes leen. Para que lo escrito encuentre a los demás, para poder expresar, sugerir, plantear aquello parecido a una gota de pensamiento, una pizca de belleza, una palmadita en el hombro de la duda o de la tristeza.
-Empezaste a escribir para chicos cuando nacieron tus hijos y, al mismo tiempo, buena parte de tu vida estuvo vinculada con escuelas, talleres y formación docente. ¿Cuánto de lo que aprendiste escuchando a los chicos modificó tu manera de escribir?
-Más que modificar, esa cercanía incentivó mi escritura. Siempre he tenido un acercamiento natural al imaginario infantil y el oído atento a sus palabras y a sus silencios. Esa recepción luego va tomando forma también, de acuerdo con lo que pienso y deseo para ellos.

¿Qué es lo que un escritor adulto nunca debería olvidar cuando escribe para un niño?
-La literatura, infantil o no, es o debe ser arte. Y el arte amplía el espectro de posibles miradas al mundo y abre espacio a la sensibilidad. Buscamos equilibrios, bienestares, compensaciones. Muchas disciplinas humanísticas pueden ofrecerlos. Pero, en esta época, las líneas dominantes tienden a alejarse de lo humanístico.
–Ruedamares nació porque no encontrabas un lugar para publicar. Más de veinte años después, ¿qué significa sostener una editorial de literatura infantil desde Neuquén?
-No podría generalizar, hay editoriales grandes, muchas y muchas pequeñas. Con diferencias conceptuales, con búsquedas particulares. Creo que es importante que haya distintas propuestas y que el trabajo editorial respete a autores y a lectores. Y que los lectores y mediadores recuerden que detrás de cada libro hay una cadena de trabajadoras y trabajadores que dependen de ese respeto.
–Tu obra circuló por distintos países y fue traducida a varios idiomas. ¿Qué pasa cuando un texto tan ligado a un paisaje, a una lengua y a una experiencia argentina empieza a ser leído muy lejos de Neuquén?
-Es algo extraño y conmovedor a la vez. Y también acompaña a pensar. ¿Será que las infancias no son tan diferentes en distintos puntos del planeta? ¿O que atrae tanto lo cercano y familiar como lo extraño y distante, siempre que llegue en una voz amigable?
-Hay una relación muy fuerte entre poesía y literatura infantil en tu obra. ¿Sentís que todavía existe cierto prejuicio que considera la poesía para chicos como una literatura menor o meramente didáctica?
-Por supuesto, y es por desconocimiento. La poesía pide un instante de quietud, apartarse del vértigo, dejar que te lleve a un lugar inusitado, a una profundidad de reserva. Es un llamado inmersivo que acompaña a develar lo personal más profundo. Y es, para los chicos y chicas, también juego y voltereta de sentido, síntesis para captar el mundo, musicalidad, ritmo juguetón.
-Has trabajado durante décadas formando mediadores de lectura. ¿Qué te preocupa hoy de la relación de los chicos con los libros?
-El secreto está en la presencia de los libros y en los mediadores. Un buen mediador oficia de puente, siempre que recuerde que la lectura es una de las experiencias más formativas y disfrutables de la experiencia escolar. Me preocupa que algunos no lo recuerden o no lo hayan experimentado. Me preocupa que haya instituciones aún que no instalen la lectura como vertebradora de su hacer pedagógico.
-La inteligencia artificial, las pantallas y las nuevas formas de consumo cultural están modificando la relación de los chicos con las historias. ¿Qué puede ofrecer todavía un libro que no ofrece ninguna de esas otras experiencias?
-Puede en general ofrecer contención, impregnación cultural, entretenimiento y preguntas para descascarar fundamentalismos de época. Pero cada lector tiene su búsqueda, determinada sed que lo lleva a explorar universos. Los mediadores estamos para acercar libros y asegurar la frecuentación de la lectura; para sostener miradas y alentar esas búsquedas desde una orilla acompañante.
-Cómo vivís el contacto con los lectores en las ferias? ¿Qué significa para vos la feria del libro de Neuquén?
-El encuentro con lectores es un bálsamo y la constatación de que en algún punto de la lectura nos encontramos y ese encuentro es la piedrita donde apoyarnos para seguir buscándonos. La Feria del Libro de Neuquén es una experiencia para diversos lectores, una invitación para los que aún no se tentaron, una esfera de cruces posibles entre libros, gente del libro, gestores de encuentros, autores y lectores. Un espacio cultural altamente valioso, altamente esperanzador.
Escritora, poeta, docente y editora, hace décadas que María Cristina Ramos trabaja alrededor de los libros y de la lectura. Publicó más de setenta títulos para niños y jóvenes, entre ellos “Maíces de silencio”, “Gato que duerme”, “Azul la cordillera” y “La luna lleva un silencio”. Su obra recibió distinciones en la Argentina y en otros países, fue finalista del Premio Internacional Hans Christian Andersen en 2020 y 2022 y en 2024 recibió el Konex de Platino en Literatura Infantil.
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