Quién fue Fuegia Basket: la historia real que inspiró el libro infantil de Mara Laudonia
La periodista y escritora Mara Laudonia rescata la vida de la única niña fueguina que viajó a Inglaterra con la expedición de Robert FitzRoy. Una entrevista sobre memoria, identidad y el desafío de transformar un episodio de la historia patagónica en un libro para chicos.
Mara Laudonia venía de otro territorio. Licenciada en Economía por la Universidad de Buenos Aires, desarrolló gran parte de su carrera en el periodismo económico y político: trabajó en los diarios El Cronista y Clarín, fue corresponsal en Washington entre 2003 y 2005, participó de cumbres del FMI, el Banco Mundial y el G20 y se desempeñó como editora y columnista en distintos medios argentinos y extranjeros. Autora de libros de investigación y biografías, nunca había escrito para chicos. Sin embargo, un viaje al sur terminó cambiando el rumbo de su escritura. O, más precisamente, varios viajes a Ushuaia, donde empezó a interesarse por la historia de la ciudad, por los pueblos originarios y por los relatos que sobreviven en el extremo austral del continente.
“Cuando conocí la historia me impactó y me enganchó mucho”, recuerda. “Empezamos a ir seguido a Ushuaia y me puse a leer sobre los orígenes de la ciudad, toda la mística y la magia que tiene ese lugar. Ahí conocí la historia de Fuegia Basket y de los otros tres fueguinos que fueron llevados a Inglaterra, y empecé a armar un rompecabezas de sus vidas.”
La autora se refiere a un episodio ocurrido en 1830, cuando el capitán británico Robert FitzRoy capturó a cuatro jóvenes fueguinos -tres varones y una niña yagana de apenas nueve años- y los llevó a Inglaterra a bordo del Beagle. La intención era educarlos en la cultura occidental para que, al regresar a Tierra del Fuego, actuaran como intermediarios entre el Imperio británico y los pueblos originarios. Aprendieron inglés, oficios y costumbres europeas; en el viaje de regreso, además, compartieron el barco con un joven Charles Darwin, que dejaría referencias sobre ellos en sus diarios y cartas. En ese mismo trayecto, aprendieron portugués, en Brasil, y castellano en Uruguay.
Ese episodio no puede separarse del contexto histórico. El viaje de FitzRoy formó parte de una estrategia más amplia de expansión británica en el Atlántico Sur. “Cuando ellos vuelven, en 1833, coincide con la ocupación de las Islas Malvinas. Había distintas formas de presencia británica en la región: la militar, la de las misiones anglicanas y también estas expediciones científicas. Nada de eso ocurría por azar”, explica Laudonia.
La historia de aquellos cuatro fueguinos suele detenerse en Jemmy Button, el más conocido de todos. Su nombre -supuestamente los ingleses lo intercambiaron por un botón- inspiró novelas, investigaciones e incluso una marca de gin. Pero la escritora decidió correr el foco y mirar a la única niña del grupo.

“Había mucho escrito sobre Jemmy Button, pero casi nada sobre Fuegia. Me pregunté qué había sentido una chica de nueve años arrancada de su mundo y llevada al otro lado del océano”, dice Mara Laudonia desde el otro lado de la pantalla, antes de viajar a Bariloche para presentar el libro.
De esa pregunta nació “Pequeña Fuegia. Un puente entre dos mundos”, un libro infantil publicado por editorial Petreles.
Mientras investigaba, Laudonia descubrió que detrás de aquella aventura histórica había temas capaces de interpelar también a los lectores más jóvenes: el hogar, la identidad, la pertenencia, el cambio de lengua, la diversidad cultural.
“Todo eso me hizo pensar que había algo para contarles a los chicos. La historia está adaptada, claro, pero todo lo que aparece en el libro ocurrió realmente. Para mí es un libro para chicos, pero también para grandes”, explica. De hecho, al final del libro hay páginas que están dedicadas a los adultos, “justamente porque advertí que es una historia que algunos conocen, o es una historia un poco olvidada, y que otros ni siquiera la conocen”.
La protagonista del relato conoce dos mundos. Aprende nuevos idiomas , descubre otras costumbres y cambia incluso de nombre: los ingleses la rebautizan Fuegia Basket porque no consiguen pronunciar el suyo. Sin embargo, cuando vuelve a Tierra del Fuego, decide permanecer junto a su pueblo.

Esa decisión es, para Laudonia, el corazón del libro.
-¿Qué sentís que deja la historia de Fuegia a los chicos?
-Una de las experiencias que deja es que ella conoció dos mundos diferentes, muy diferentes, y eligió después permanecer en su mundo y reforzar tu identidad. Eso me pareció un concepto fuerte. También el concepto fuerte de hogar, cuál era su casa, y cuál terminó siendo su casa. Y también el concepto de identidad. Una niña que leyó el libro me decía: ¿y por qué le cambiaron el nombre? Los ingleses la llaman Fuegía, pero su verdadero nombre era Yokcushlu.¿Por qué alguien puede decidir cómo te llamás? ¿Qué significa conservar el nombre, la lengua, el lugar al que pertenecés? Los chicos enseguida conectan con esas preguntas.”
“Pequeña Fuegia” recupera un episodio de la historia patagónica para convertirlo en un hecho capaz de dialogar con el presente.
La verdadera historia de Fuegia Basket
Mucho antes de convertirse en la protagonista del libro infantil de Mara Laudonia, Fuegia Basket fue una niña yagana llamada Yokcushlu. Tenía alrededor de nueve años cuando, en 1830, fue capturada junto con otros tres fueguinos por el capitán británico Robert FitzRoy, comandante del Beagle. El episodio ocurrió después de que desapareciera un bote de la expedición inglesa. Como represalia, FitzRoy decidió llevarse a cuatro habitantes de Tierra del Fuego con la idea de educarlos en Inglaterra y convertirlos, a su regreso, en intermediarios entre el Imperio británico y los pueblos originarios.
Los otros tres eran Orundellico, de unos catorce años, rebautizado Jemmy Button; Elleparu, de aproximadamente veintiséis, que pasó a llamarse York Minster; y Boat Memory, de unos veinte años. Los nuevos nombres no fueron elegidos al azar: respondían a objetos, lugares o circunstancias del viaje, como si sus identidades originales pudieran ser reemplazadas por etiquetas más fáciles de pronunciar para los ingleses. El de Yokcushlu fue Fuegia Basket.
La experiencia inglesa fue tan extraordinaria como traumática. Apenas llegaron, Boat Memory murió de viruela. Los otros tres comenzaron un intenso proceso de educación. Aprendieron inglés, recibieron clases de lectura, escritura y religión, y fueron presentados ante científicos, aristócratas e incluso el rey Guillermo IV y la reina Adelaida. Los testimonios de la época señalan que Yokcushlu fue quien aprendió con mayor rapidez. Su facilidad para los idiomas impresionó a FitzRoy, que llegó a imaginar para ella un papel central en futuros contactos entre los británicos y los pueblos fueguinos.
En 1831, FitzRoy decidió regresar a Tierra del Fuego. El segundo viaje del Beagle sería también el de Charles Darwin, quien observó con atención a los tres fueguinos durante la travesía y dejó numerosas referencias sobre ellos en su diario. De Yokcushlu destacó su inteligencia, su curiosidad y la facilidad con la que incorporaba nuevas lenguas. Durante las escalas del viaje siguió aprendiendo: en Río de Janeiro aprendió portugués y, más tarde, incorporó también algunas nociones de español, durante el tiempo que se detuvieron en Montevideo.
El plan británico era que los tres jóvenes actuaran como intérpretes y mediadores en futuras expediciones. Sin embargo, el clima impidió que el Beagle llegara hasta el territorio donde vivían Yokcushlu y Elleparu. Fueron desembarcados cerca del lugar donde habitaba Orundellico, junto con el misionero Richard Matthews. Poco después, Elleparu murió asesinado y Yokcushlu regresó a vivir entre los suyos.
Su historia no terminó allí. Durante las décadas siguientes fue reconocida por distintos navegantes británicos que pasaron por la región. En 1873 visitó durante varios días la misión anglicana de Ushuaia, donde conversó con el misionero Thomas Bridges. Había olvidado gran parte del inglés, pero todavía recordaba su estancia en Londres y el viaje en el Beagle. Bridges la invitó a quedarse en la misión, pero ella prefirió regresar con sus dos hijos. Años más tarde volvió a encontrarla, ya anciana, cerca del final de su vida.

Aunque Jemmy Button se convirtió en el fueguino más conocido de aquella expedición e inspiró novelas, investigaciones y ensayos, la historia de Yokcushlu permaneció durante mucho tiempo en un segundo plano. Una de las excepciones fue Fuegia, la novela de Eduardo Belgrano Rawson, dedicada precisamente a los cuatro fueguinos capturados por FitzRoy.
Hoy, casi dos siglos después de aquel viaje, el nombre de Fuegia Basket también permanece en el paisaje patagónico: una calle de Ushuaia la recuerda. Y gracias al libro de Mara Laudonia, nuevas generaciones de lectores pueden conocer la historia de aquella niña yagana que cruzó el océano, aprendió otros idiomas y otras costumbres, pero eligió regresar a su pueblo sin renunciar a su identidad.
Mara Laudonia venía de otro territorio. Licenciada en Economía por la Universidad de Buenos Aires, desarrolló gran parte de su carrera en el periodismo económico y político: trabajó en los diarios El Cronista y Clarín, fue corresponsal en Washington entre 2003 y 2005, participó de cumbres del FMI, el Banco Mundial y el G20 y se desempeñó como editora y columnista en distintos medios argentinos y extranjeros. Autora de libros de investigación y biografías, nunca había escrito para chicos. Sin embargo, un viaje al sur terminó cambiando el rumbo de su escritura. O, más precisamente, varios viajes a Ushuaia, donde empezó a interesarse por la historia de la ciudad, por los pueblos originarios y por los relatos que sobreviven en el extremo austral del continente.
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