Denuncian que una novela premiada con 20 mil euros fue escrita en un 99% por Inteligencia Artificial
La primera novela del peruano David Silva Rojas ganó el Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat, dotado con 20.000 euros. Una investigación de El País señala que un detector identificó como generado por IA el 99% de "Donde el agua trabaja". El autor lo desmiente. La editorial suspendió las presentaciones previstas en España y anunció que investigará el caso.
La novela Donde el agua trabaja, del escritor y abogado peruano David Silva Rojas, quedó en el centro de una controversia sobre el uso de inteligencia artificial en la literatura. Según una investigación publicada hoy por el diario español El País, la herramienta de detección Pangram atribuyó a la inteligencia artificial el 99% del texto de la obra, que ganó el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat.
El resultado plantea un problema para el certamen: sus bases prohibían expresamente la utilización de inteligencia artificial en la escritura de las obras, tanto de manera total como parcial. Tras conocerse la investigación, la editorial Almadía suspendió las presentaciones previstas en España y anunció que realizará una revisión antes de sacar conclusiones.

La novela había sido elegida entre 2.204 manuscritos inéditos procedentes de 22 países. El jurado estuvo integrado por las escritoras Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, quienes destacaron la construcción narrativa, el uso de los silencios y la capacidad del texto para representar la explotación laboral sin caer en el panfleto.
Qué dice la investigación
El artículo de El País, firmado por Jordi Pérez Colomé, Elizabeth Duval y Kiko Llaneras, señala que el equipo analizó las aproximadamente 26.000 palabras de la novela mediante la versión 4.1 de Pangram, una herramienta que busca patrones asociados con textos generados por modelos de inteligencia artificial.
La investigación también examinó otros escritos atribuidos a Silva Rojas. Según los resultados publicados, Pangram identificó como generado por IA el 97% de las respuestas del autor en una entrevista concedida a la revista Ulrica y el 80% de un texto en primera persona sobre el origen de la novela, publicado en la web de la Fundación Ventosa Arrufat.
Los porcentajes, sin embargo, no constituyen por sí solos una prueba definitiva de autoría. El propio artículo advierte que los detectores pueden equivocarse y que identificar patrones compatibles con la escritura automática no permite establecer con certeza cómo intervino una persona en la elaboración de un texto.
En este caso, además, hay una cuestión específica: las bases del premio no solo excluían las obras escritas íntegramente con inteligencia artificial, sino también aquellas en las que se hubiera utilizado parcialmente.
La respuesta de la editorial
Tras la publicación del diario El País, la editorial Almadía manifestó su sorpresa ante los resultados y aseguró que no habían sospechado del autor durante el proceso de selección y publicación. El medio consultó a la editorial sobre la existencia de borradores y registros de las distintas versiones del manuscrito, pero la investigación seguía abierta al momento de publicar la noticia.
Posteriormente, la editorial difundió un comunicado a través de Instagram: «Desde el día de ayer hemos recibido comentarios que sugieren el posible uso de inteligencia artificial generativa en la escritura de la novela ganadora del I Premio de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. Esta situación nos genera desconcierto y abre preguntas que nos planteamos con seriedad».
En un texto titulado «A nuestros lectores», los responsables de la editorial aseguran que el autor les aseguró «en persona» que no había usado IA y que, por lo tanto» no tenemos elementos para desconfiar de su palabra», explicaron. Agregaron que «durante la lectura de la novela, ni al jurado ni al equipo editorial nos pareció que se hubiera usado IA generativa. Nos acercamos a la obra en su conjunto, atendiendo a su voz, su construcción y los sentidos que abre. Nuestra mirada reúne experiencia, sensibilidad e interpretación, dimensiones que consideramos esenciales en el encuentro con la literatura.»
La editorial entiende que la evolución de estas herramientas «plantea nuevos desafíos para el sector editorial, y también nos lleva a cuestionarnos cuánto de nuestro criterio estamos dispuestos a delegar. La discusión nos enfrenta a preguntas para las que todavía no tenemos respuestas definitivas», explicaron.
Y consideraron que no están dispuestos a «confiar a las máquinas» la autoridad definitiva para juzgar la procedencia de los textos. «Los detectores pueden aportar información, pero sus resultados requieren interpretación y contraste, en especial, cuando están en juego la trayectoria de una persona y la confianza de los lectores», puntualizaron antes de agregar que realizarán una revisión detallada.
Una novela sobre la explotación laboral
Nacido en Ica, Perú, Silva Rojas es abogado e investigador. Vivió durante aproximadamente dos décadas en Japón, donde comenzó a acercarse a la literatura, y regresó a Perú hace seis años. Donde el agua trabaja es su primera novela publicada y surgió de una investigación sobre las condiciones de los trabajadores agrícolas de la región de Ica, uno de los centros de la agroexportación peruana.
La historia sigue a una joven que deja su comunidad para trabajar en una hacienda vitivinícola. Allí encuentra jornadas extenuantes, vigilancia, temor a perder el empleo y una red de relaciones marcada por la precariedad. Las desapariciones de algunas trabajadoras y los ruidos que nadie consigue explicar introducen, además, una atmósfera inquietante.
En una entrevista con Lectón previa a su presentación en Buenos Aires, Silva Rojas explicó que inicialmente había investigado las condiciones laborales de los cosechadores, pero que la escritura de ficción apareció cuando sintió que los datos no alcanzaban para contar la experiencia humana detrás de esa realidad. También vinculó su estilo con lo aprendido en Japón: mostrar sin explicar, evitar los juicios explícitos y trabajar con frases breves para transmitir el cansancio y el miedo de la protagonista.
La novela recibió elogios del jurado precisamente por esos recursos. Las integrantes destacaron el silencio como uno de sus elementos más elocuentes y la manera de representar la explotación sin recurrir a la declamación.
El caso abre así una discusión que excede a un libro y a un premio: cómo verificar la autoría de una obra en un contexto en el que las herramientas de inteligencia artificial pueden intervenir en la escritura, y qué pruebas deben exigirse antes de atribuirles un texto a esas tecnologías. También plantea una pregunta para los concursos literarios: qué procedimientos pueden utilizarse para garantizar el cumplimiento de las bases sin convertir el resultado de un detector en un veredicto automático.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios