Lecturas: “La llama inmortal de Stephen Crane”

Paul Auster volvió a las librerías con una profunda biografía sobre el escritor norteamericano que murió a los 28 años y dejó una gran obra. Aventurero, idealista, amigo de Joseph Conrad, y Henry James, náufrago, corresponsal de guerra. Fue todo eso. Y más.




Paul Auster acaba de publicar “La llama inmortal de Stephen Crane”, una biografía del autor de “La roja insignia del valor”, que falleció en 1900 a los 28 años de tuberculosis, y cuya personalidad, para el escritor reviste “facetas muy contradictorias, todas fascinantes”.


Crane no es tan famoso. Pero Auster quedó fascinado con su breve obra. Y con su breve pero intensa vida. Aventurero, seductor, idealista, amigo de escritores como Joseph Conrad, H.G.Wells o Henry James, náufrago, corresponsal de guerra, estuvo casado con la dueña de un burdel, pasó hambre y también vivió el éxito, murió joven, se peleó con el que sería el futuro presidente de EE.UU. -Roosevelt-, fue desterrado de Nueva York.

Nacido en 1871 en Newark (Nueva Jersey), Crane fue el noveno de los 14 hijos. Su hermana, Agnes Elizabeth, también murió a los 28 años pero de meningitis, mientras que su hermano Luther falleció al caer bajo un tren en marcha.

En su breve trayectoria literaria de solo ocho años y medio produjo una obra maestra “La roja insignia”, dos novelas cortas, tres docenas de relatos, recopilaciones de poemas y más de 200 artículos periodísticos.

El proceso de escritura del libro, editado por Seix Barral, surgió tras leer autores que formaban parte de una lista de pendientes, entre ellos Crane, a cuyas obras que Auster se dedicó luego de escribir “4, 3, 2, 1” que, según explica, lo dejó “agotado”.


“No lo enfoco como especialista o erudito, sino como viejo escritor sobrecogido por el genio de un autor joven. Después de pasar los dos últimos años enfrascado en cada una de las obras de Crane, habiendo leído hasta la última de sus cartas publicadas, tras apoderarme de hasta el más pequeño detalle biográfico que caía en mis manos, me encontré tan fascinado por la frenética y contradictoria vida de Crane como por la obra que nos dejó”, escribe Auster en el libro. Y agrega: “Fue una vida extraña y singular, llena de riesgos impulsivos, marcada con frecuencia por una demoledora falta de dinero así como por una empecinada e incorregible entrega a su vocación de escritor, que lo arrojaba de una situación inverosímil y peligrosa a otra -un controvertido artículo escrito a los veinte años que perturbó el desarrollo de la campaña presidencial de 1892; una batalla pública contra el cuerpo de policía de Nueva York, que de hecho lo exilió de la ciudad en 1896; un naufragio frente a las costas de Florida en el que casi muere ahogado en 1897; un concubinato con la propietaria del burdel más elegante de Jacksonville, el Hotel de Dreme; un trabajo como corresponsal durante la guerra hispanonorteamericana en Cuba (donde repetidamente se encontró frente a la línea de fuego enemiga); y luego sus últimos años en Inglaterra, donde Joseph Conrad fue su amigo más cercano y Henry James lloró su temprana muerte-, y ese escritor, más conocido por sus crónicas de guerra, también abarcó muchos otros temas, manejándolos todos con inmensa destreza y originalidad, desde relatos sobre la infancia y artistas bohemios en apuros hasta descripciones de primera mano de los fumaderos de opio de Nueva York, las condiciones de trabajo en una mina de carbón en Pensilvania más una devastadora sequía en Nebraska, y de forma muy parecida a Edgar Allan Poe, con frecuencia erróneamente identificado como un lúgubre proveedor de horrores y misterios cuando en realidad era un humorista magistral, el sombrío y pesimista Crane también podía ser increíblemente divertido cuando quería”, escribe Auster en las primeras páginas de este prometedor libro.

Según el autor “La trilogía de Nueva York”, Crane “cambió las reglas del juego, elevó el arte de narrar a otro plano, liberó a la novela norteamericana de las convenciones que la tenían aprisionada desde hacía 150 años”.


Auster manifiesta que si bien la reputación de Crane “descansa sobre “La roja insignia del valor” y “Maggie, una chica de la calle”, lo que más llamó su atención son dos relatos de unas 30 páginas cada uno, “El bote a la deriva” y “El hotel azul”.

El primero de los relatos “está basado en una experiencia real de Crane, que sobrevivió a un naufragio frente a las costas de Florida cuando se dirigía a Cuba como periodista”, dice Auster y señala que “es la crónica del día y medio que pasó en alta mar con el capitán y dos tripulantes, intentando alcanzar la orilla. Aquella experiencia cambió su visión de las cosas: la solidaridad entre los cuatro hombres que iban en el bote le hace ver que en el mundo impera el sinsentido”.

En tanto “El hotel azul” “es una historia enigmática, un relato escalofriante en el que en ningún momento se sabe exactamente qué sucede ni por qué. Tiene lugar en un paisaje onírico y solitario de Nebraska”.

Algo más sobre Paul Auster: Poeta, guionista ; ensayista, autor de absorbentes libros de memorias personales (La invención de la soledad, El cuaderno rojo, Diario de invierno, Informe del interior);, y autor de un corpus novelístico que comprende más de 15 títulos.


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