Comunidalidad y el movimiento de Ni Una Menos

Se requiere que la sociedad fortalezca los lazos de cuidado, escuche las señales de alarma, acompañe a quienes atraviesan situaciones de violencia y rechace toda forma de indiferencia.

Redacción

Por Redacción

Isabel Mansione/ Marita Cayupan/ Mirta Itlman*


Marcha Ni Una Menos en Bariloche. Foto: Marcelo Martínez.

La comunalidad es una forma de existencia y aprendizaje propia de ciertos pueblos originarios, donde todos participan en los procesos colectivos sin distinciones de edad, género o trayectoria de vida. Y cuando alguien muere, todos mueren un poco.

Desde este concepto ,la muerte de una joven de 14 años, asesinada, puede conducir, desde una mirada individualista, a buscar únicamente en sus padres, su familia o su entorno inmediato las razones de lo ocurrido. Ese enfoque suele desplazar la atención de responsabilidades más amplias y termina revictimizando a quienes ya han sido atravesados por la tragedia.

La responsabilidad no es solo familiar ni individual. también involucra a las instituciones provinciales, nacionales y federales encargadas de proteger a la población. En el contexto actual, pareciera haberse debilitado la función de cuidado que corresponde al Estado. Mujeres, niñas y diversidades continúan expuestas a múltiples formas de violencia mientras los dispositivos institucionales destinados a protegerlas resultan insuficientes, son desmantelados o pierden capacidad de intervención con el debilitamiento de los derechos conquistados tras décadas de lucha.

Cuando los poderes judiciales, policiales y políticos no actúan con la eficacia necesaria, minimizan denuncias o desoyen señales de alarma, de esa forma contribuyen a reproducir condiciones de vulnerabilidad y desamparo.

En América Latina, numerosos movimientos sociales y organizaciones de derechos humanos han denominado feminicidio a la forma extrema de violencia hacia las mujeres.

Cuando un hecho adquiere notoriedad pública, la exposición puede aumentar el riesgo para las víctimas y sus entornos. Cuando los medios de comunicación instalan el tema de manera permanente, repitiendo imágenes, testimonios e interpretaciones, se hace visible lo sucedido o lo que se intenta invisibilizar, pero aun queda poco espacio para una reflexión profunda, para comprender qué nos está ocurriendo como sociedad y preguntarnos qué tipo de vínculos estamos construyendo.

La espectacularización del sufrimiento transforma un problema colectivo en una trágica individual que se observa a distancia, debilitando la empatía y la responsabilidad común que toda comunidad debería sostener frente a la vulnerabilidad de sus integrantes.

Quizás la pregunta es qué responsabilidad nos corresponde como comunidad? porque cuando una vida se pierde en circunstancias que pudieron haber sido advertidas o prevenidas, algo del tejido común se resquebraja.

Cada mujer o niña asesinada no es una víctima más: es una pérdida que afecta al conjunto. su ausencia nos interpela a todos y exige una respuesta colectiva. Esto implica que el estado asuma plenamente su obligación de prevenir la violencia de género mediante políticas públicas sostenidas, recursos adecuados y mecanismos eficaces de protección y justicia amparados en los derechos humanos. En este sentido se requiere que la sociedad fortalezca los lazos de cuidado, escuche las señales de alarma, acompañe a quienes atraviesan situaciones de violencia y rechace toda forma de indiferencia. Se asume así una tarea de prevención colectiva basada en la responsividad (responsabilidad más receptividad) por parte de todo el arco social.

Y es desde el grupo de psicoanalistas en la comunidad donde tejemos redes de protección e intervención al servicio de garantizar el derecho a la salud mental de los más frágiles, de los desamparados estructurales, marginados y violentados. construimos espacios de contención y escucha , programas de apoyo psicológico para dar sentido al sufrimiento generado por la crueldad en cada contexto político/cultural.

*Integrantes del grupo de Estudios de Psicoanalistas en la Comunidad de la Federación Psicoanalitica de América Latina .



Marcha Ni Una Menos en Bariloche. Foto: Marcelo Martínez.

La comunalidad es una forma de existencia y aprendizaje propia de ciertos pueblos originarios, donde todos participan en los procesos colectivos sin distinciones de edad, género o trayectoria de vida. Y cuando alguien muere, todos mueren un poco.

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