Lecturas y reflexiones

Por Redacción

• “Los jóvenes han elaborado sus propias formas de organización que actúan hacia el exterior –en sus relaciones con los otros– como criterios de protección y seguridad ante un orden que los excluye y, hacia el interior, como espacios de pertenencia y adscripción identitaria, a partir de los cuales es posible generar un sentido compartido sobre un mundo incierto. La anarquía, los grafitis urbanos, sus músicas, los consumos culturales, la toma de la palabra a través de nuevos y cada vez más sofisticados dispositivos digitales, la protesta, la huida, sus silencios, la búsqueda de alternativas y los compromisos itinerantes deben ser leídos como formas de actuación política no institucionalizada y no como prácticas más o menos inofensivas de un montón de inadaptados”. • “Para intentar comprender los sentidos que animan a los colectivos juveniles y a los jóvenes en general, hay que desplazar la mirada de lo normativo, de lo institucionalizado y del ‘deber ser’, hacia el terreno de lo incorporado y lo actuado, buscando que el eje de lectura sea el propio joven, quien, a partir de las múltiples mediaciones que lo configuran como actor social, ‘haga hablar’ a la institucionalidad. Las identidades juveniles no pueden pensarse al margen de las transformaciones en las coordenadas espacio-temporales de la llamada ‘sociedad red’. No resulta factible analizarlas si se soslaya el importante papel que el mercado está jugando en la redefinición de las relaciones entre Estado y sociedad”. (Reflexiones de Rossana Reguillo en su libro)

“Culturas juveniles”, editado por Siglo XXI