Ley de promoción: el déjà vu de la Resolución 46

El gobierno define la redacción de la norma para enviar al Congreso pero la línea base de producción se convirtió nuevamente en el eje de la discordia. Energía busca compatibilizar las necesidades de petróleo del país sin perjudicar a YPF.




La redacción final del proyecto de Ley de Promoción de las Inversiones en el sector Hidrocarburífero, el caballito de batalla con el que el gobierno espera no solo potenciar un sector clave para la llegada de inversiones, sino también generar un salto en las exportaciones que redunden en la llegada de las ansiadas divisas, se topó con un punto difícil de resolver que en estos días se inscribe en el sector como un claro déjà vu de lo que sucedió con la Resolución 46.

Este eje nodal del proyecto de ley es la definición de la línea base de producción del petróleo, el punto desde el cual el gobierno contabilizará la generación incremental que cada empresa logre obtener para definir luego las mieles con las que espera potenciar las inversiones: los volúmenes exportables y, con ello, el porcentaje de divisas de libre disponibilidad.

Si bien a simple vista podría creerse que la definición de la línea base es un tema netamente técnico, en realidad es un eje más que candente en la industria ya que divide a las operadoras en dos sectores: las que ya cuentan con una gran producción que esa línea obligaría a mantener, y las que al contrario, no tienen grandes desarrollos y podrían verse beneficiadas con toda la nueva producción que generen.

Dicho más en concreto, las aguas se dividen entre quienes más producción convencional tienen y aquellos que están afincados solo en Vaca Muerta, ya que los primeros deberán combatir el declino productivos de sus campos maduros para solo mantenerse a raya con esa línea, sin obtener por ello beneficios extra.

Desde el gobierno nacional se planteó que “generar una línea base móvil, que reconozca el declino año a año de la producción es muy peligroso, porque nos arriesgaríamos a que la producción nacional caiga, incluso por debajo de las necesidades de consumo del país” -de unos 500.000 barriles por día.

Convencional vs Vaca Muerta. El proyecto reavivó el debate por el impacto del declino.

Pero además, plantearon que “de reconocer el declino anual, podría suceder que se terminen dando beneficios a empresas que, al final de cuentas, estén produciendo menos petróleo que antes”.

El déjà vu

El debate por la línea base de producción no es nuevo y es por esto que en la industria este análisis está generando un déjà vu con lo que sucedió con el armado de la Resolución 46, la norma de fomento de la producción de gas no convencional que lanzó el gobierno de Mauricio Macri en 2018.

En 2017 cuando el entonces ministro de Energía Juan José Aranguren diseñó el plan surgió el mismo debate y con -más o menos- los mismos actores. El paso de los años demostró que solo incentivar la producción incremental terminó generando un perjuicio a YPF, la principal productora de gas del país que terminó cediendo una importante cuota de mercado ante otras empresas, ya que a diferencia de los nuevos desarrollos, YPF debía seguir perforando pozos solo para mantenerse sobre la línea base, sin cobrar por ello el precio estímulo.

Traspolado ahora al sector del petróleo, el proyecto de ley de Promoción de las Inversiones reedita este debate, y tiene a YPF y a Pan American Energy (PAE) como las empresas que más tendrían para perder si la línea se define demasiado arriba.

El dato

15
de julio, es la fecha tentativa que maneja el gobierno para presentar el proyecto de ley al Congreso.

De hecho, este punto ya genera polémica en zonas como la Cuenca del Golfo San Jorge, y la Cuenca Austral, en donde los gremios han salido no solo a denunciar que siguen sin reactivarse los equipos comprometidos, sino que además señalan al proyecto de ley como una norma pro Vaca Muerta, en detrimento de los campos convencionales.

Esto se debe a que la normativa que se espera presentar al Congreso en los próximos días contempla que la producción se contabilizará no por yacimiento, ni por cuenca, sino por operadora, permitiendo así que una firma reduzca su producción por ejemplo en Comodoro Rivadavia pero la compense e incremente con más actividad en Vaca Muerta.

Desde Energía se resolvió incorporar un incentivo para las empresas con grandes producciones convencionales que premiará precisamente si logran reducir el declino productivo de sus campos.

Pero ese premio parece no conformar al sector, en especial a YPF que podría hacer grandes esfuerzos por frenar la caída de sus campos más antiguos contribuyendo así a mantener o incrementar la producción nacional, pero que en caso de no lograr tener un salto en su producción, terminaría a fin de cuentas habilitando a otras empresas que, sin tener que combatir el declino, podrían gozar del beneficio de las exportaciones y del cupo de divisas de libre disponibilidad.

La definición de este punto corre contrarreloj de cara a que el proyecto ingrese al Congreso antes de que las operadoras definan sus planes de inversión para el 2022, pero el déjà vu de la Resolución 46 promete introducir cambios que potencien o al menos no perjudiquen a la petrolera de bandera nacional.


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