Leyó a Magris; Magris lo mira…

Por Redacción

Lector solitario y paciente. Pero no lector de esos que Umberto Eco llama “de tirón”, de devorar y devorar páginas. “Nada de eso”, dicen quienes lo conocen de años. Y acotan: “Toma distancia… se aleja de la página. Reflexiona sobre lo leído mientras su vista se detiene en cualquier punto de su estudio, sobrio lugar de trabajo”. Y de tanto en tanto anotar algo en libretas baratas. Si es posible de las hoy poco hallables libretas que la historia define como “de almacén”. ¿Quién con años a cuestas no recuerda aquellas libretas de tapas de hule negro? Y escribir con lápices de minas blandas, HB 5 si es posible. Y cuando estima que algo de lo leído merece estar a mano, subraya. A lápiz, nada de resaltador. Quizá meditando que “son muy agresivos para el papel”… Éste es el estilo con Jorge Bergoglio asume su cimentada pasión por la lectura… Hace dos años un amigo –profesor de la Universidad de El Salvador– le regaló un libro: “La historia no ha terminado. Ética, política, laicidad”, del escritor Claudio Magris. Italiano. Católico. Lejos de Berlusconi Fino pensador Claudio Magris. Una de las expresiones intelectuales más atrapantes que ofrece la Italia que no se resigna a la vulgaridad de los millones de Berlusconi que la pueblan. “Magris, ese saber sensato que todavía piensa que la sensatez es un valor y que merece la pena mantenerla, esa maestría que se deriva de tener en cuenta los 360 grados de la esfera de cada cosa”, ha escrito el talentoso traductor González Sainz. Con la paciencia que admiró en el jesuita Ismael Quiles, atravesó la páginas del libro con subrayados. Especialmente los capítulos 1, 2, 4, 6, 8, 9, 10, 16, 30, 31. En general temas referidos a núcleos duros sobre temas que suelen azotar a la Iglesia Católica y a los no creyentes. Tolerancia e intolerancia. Clericalismo y laicismo. Jorge Bergoglio hizo copias de varios de esos capítulos. Las entregó a algunos de sus colaboradores. O amigos. “Léelo…” Divulgación que este escritor con cara de bancario jubilado llamado Claudio Magris ignora, claro. Pero no ignora –claro también– que ahora Jorge Bergoglio es Francisco. Y en artículo publicado en “La Nación” acaba de darle una cautelosa bienvenida. “Su discurso –escribió– ha sido a hoy de bajo tono, franqueza y simpatía. Ese tono puede ser indicio de una inteligencia o mucho de una voluntad concreta de cambiar tantas cosas que andan mal”… Y luego de recordar que la historia de los jesuitas también tiene páginas “negras”, Magris –titular de la cátedra de Literatura Germánica en la Universidad de Trieste– acota: “No son las resonantes actitudes revolucionarias las que cambian las cosas, sino más bien la prudencia que no es sinónimo de medroso inmovilismo, sino que puede la real capacidad política para cambiar las cosas…”