“Linchamientos”
Es difícil decir algo nuevo sobre el tema del día, salvo el hecho mismo de que sea el tema del día, que cubre un elevado porcentaje del tiempo “informativo” de los principales medios de difusión del país y que el espectador puede solazarse una y otra vez viendo cómo una docena de pacíficos vecinos golpea con saña a un caído hasta matarlo, cómo gente corre por la calle desierta bajo la atenta mirada de las cámaras de seguridad –el gran negocio de la temporada y casi tan emocionante como el próximo Mundial de Fútbol–. Uno puede ver la bestialidad de la turba desatada en directo; el cadáver no es el cuerpo de un actor sino un cadáver verdaderamente muerto. El morbo que vive en todos nosotros –tal vez con excepción de los santos, pero no conozco a ninguno– puede disfrutar horas y horas. Antes de eso, podía disfrutar horas y horas con los comentarios de una inflación en buena parte causada por los desproporcionados e injustificables aumentos de los productos del país que, como decía cierto general, nunca vieron un dólar “a causa” de la devaluación. Se ha hablado mucho de la inseguridad, que se ha transformado en la principal bandera de campaña de los medios ante el silencio sospechoso de los partidos. La inseguridad no es una sensación: aparte de que las ciudades argentinas se encuentran entre las de menos asesinatos en ocasión de robo en toda Latinoamérica, que los hay, los hay –pero ciertamente no a manos de un imperdonable arrebatador–. Los verdaderos ladrones nunca salen en los medios ni los observan las cámaras de seguridad. Sin embargo, al que le pasa no vale hablarle de probabilidades y los delincuentes existen y deben ser castigados, pero justamente, no mediante años de prisión preventiva en condiciones en que aprenderán a golpes o violaciones – de guardianes y de “compañeros”– a ser verdaderos criminales y a respetar el undécimo mandamiento: “No te dejes agarrar”. ¿Cómo dice la Constitución? “Las cárceles serán para…” no recuerdo qué. La Justicia, los carceleros y la policía tampoco lo recuerdan. Tampoco mediante la famosa puerta giratoria, como se suele decir. El juez, el otro día y en plena efervescencia política, lo demostró haciendo un acto de justicia que huele fuertemente a intervención en la política nacional, por más justificación jurídica que se le encuentre. La “inseguridad” ya no es un tema policial ni judicial: es un tema político sabiamente manejado por los medios de difusión, especialmente la televisión. En visión directa de los actos de linchamiento, en interminables debates, la inseguridad ha desplazado a la inflación como tema central de una campaña presidencial que –¡Dios nos asista!– durará un año y medio. Como lo demuestra el reciente revocamiento de la absolución de los captores de Marita Verón, la Justicia no es una ciencia exacta: los jueces interpretan la ley y deberían tener en cuenta que sus decisiones son, en buena medida, políticas. Hay casos terribles, como los de violencia familiar, donde el culpable es liberado y vuelve a casa a matar a la víctima. ¿Justicia porque el acusado no había asesinado a nadie antes y no tenía antecedentes? Claro, constitucional y moralmente cualquiera es inocente mientras no se demuestre su culpabilidad, pero ¿un intento frustrado no es imputable, aunque el que lo impidió haya salido herido y vilipendiado? El linchamiento es un asesinato agravado, pero ninguna cámara ha reconocido a nadie de los linchadores, que son “la justa ira del pueblo en ausencia del Estado”, un Estado cuya presencia excesiva es constantemente repudiada por mil razones y cuyas obras son rechazadas sin que se las lea: un autoproclamado candidato decide que el proyecto de Código Penal –elaborado como anteproyecto por algunos de los mejores penalistas del país y que él no tuvo tiempo ni conocimientos para estudiar y tener una idea de qué está hablando– no sirve, para que los medios lo lancen al centro de la arena electoral, acompañado por lo peor del sindicalismo, aquellos que llaman a un paro general cuyo único objetivo real es apoyar a ese candidato de reciente factura. ¿Otro producto de los “medios”, en medio de centenares de reuniones paritarias? ¿O es mejor hablar de extorsión? ¿Serán ésos los individuos que pretenden gobernar este país, ante el sospechoso silencio del resto de la oposición? Dios no lo permita. Tomás Buch Bariloche
Tomás Buch Bariloche
Es difícil decir algo nuevo sobre el tema del día, salvo el hecho mismo de que sea el tema del día, que cubre un elevado porcentaje del tiempo “informativo” de los principales medios de difusión del país y que el espectador puede solazarse una y otra vez viendo cómo una docena de pacíficos vecinos golpea con saña a un caído hasta matarlo, cómo gente corre por la calle desierta bajo la atenta mirada de las cámaras de seguridad –el gran negocio de la temporada y casi tan emocionante como el próximo Mundial de Fútbol–. Uno puede ver la bestialidad de la turba desatada en directo; el cadáver no es el cuerpo de un actor sino un cadáver verdaderamente muerto. El morbo que vive en todos nosotros –tal vez con excepción de los santos, pero no conozco a ninguno– puede disfrutar horas y horas. Antes de eso, podía disfrutar horas y horas con los comentarios de una inflación en buena parte causada por los desproporcionados e injustificables aumentos de los productos del país que, como decía cierto general, nunca vieron un dólar “a causa” de la devaluación. Se ha hablado mucho de la inseguridad, que se ha transformado en la principal bandera de campaña de los medios ante el silencio sospechoso de los partidos. La inseguridad no es una sensación: aparte de que las ciudades argentinas se encuentran entre las de menos asesinatos en ocasión de robo en toda Latinoamérica, que los hay, los hay –pero ciertamente no a manos de un imperdonable arrebatador–. Los verdaderos ladrones nunca salen en los medios ni los observan las cámaras de seguridad. Sin embargo, al que le pasa no vale hablarle de probabilidades y los delincuentes existen y deben ser castigados, pero justamente, no mediante años de prisión preventiva en condiciones en que aprenderán a golpes o violaciones – de guardianes y de “compañeros”– a ser verdaderos criminales y a respetar el undécimo mandamiento: “No te dejes agarrar”. ¿Cómo dice la Constitución? “Las cárceles serán para…” no recuerdo qué. La Justicia, los carceleros y la policía tampoco lo recuerdan. Tampoco mediante la famosa puerta giratoria, como se suele decir. El juez, el otro día y en plena efervescencia política, lo demostró haciendo un acto de justicia que huele fuertemente a intervención en la política nacional, por más justificación jurídica que se le encuentre. La “inseguridad” ya no es un tema policial ni judicial: es un tema político sabiamente manejado por los medios de difusión, especialmente la televisión. En visión directa de los actos de linchamiento, en interminables debates, la inseguridad ha desplazado a la inflación como tema central de una campaña presidencial que –¡Dios nos asista!– durará un año y medio. Como lo demuestra el reciente revocamiento de la absolución de los captores de Marita Verón, la Justicia no es una ciencia exacta: los jueces interpretan la ley y deberían tener en cuenta que sus decisiones son, en buena medida, políticas. Hay casos terribles, como los de violencia familiar, donde el culpable es liberado y vuelve a casa a matar a la víctima. ¿Justicia porque el acusado no había asesinado a nadie antes y no tenía antecedentes? Claro, constitucional y moralmente cualquiera es inocente mientras no se demuestre su culpabilidad, pero ¿un intento frustrado no es imputable, aunque el que lo impidió haya salido herido y vilipendiado? El linchamiento es un asesinato agravado, pero ninguna cámara ha reconocido a nadie de los linchadores, que son “la justa ira del pueblo en ausencia del Estado”, un Estado cuya presencia excesiva es constantemente repudiada por mil razones y cuyas obras son rechazadas sin que se las lea: un autoproclamado candidato decide que el proyecto de Código Penal –elaborado como anteproyecto por algunos de los mejores penalistas del país y que él no tuvo tiempo ni conocimientos para estudiar y tener una idea de qué está hablando– no sirve, para que los medios lo lancen al centro de la arena electoral, acompañado por lo peor del sindicalismo, aquellos que llaman a un paro general cuyo único objetivo real es apoyar a ese candidato de reciente factura. ¿Otro producto de los “medios”, en medio de centenares de reuniones paritarias? ¿O es mejor hablar de extorsión? ¿Serán ésos los individuos que pretenden gobernar este país, ante el sospechoso silencio del resto de la oposición? Dios no lo permita. Tomás Buch Bariloche
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