Los albañiles neuquinos felices al hacer cumbre en el Lanín

Una vez por año, estos trabajadores de la construcción y su jefe -propietario de la empresa que los emplea- encarar una aventura que les exige ponerse a prueba y compartir momentos inolvidables. Son de Neuquén.

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“Después de tanto esfuerzo el domingo pasado pudimos hacer cumbre”, comentaron los trabajadores neuquinos de la empresa San Agustín desde la cima del Lanín, vía whatsapp, a “Río Negro”. “Solo tenemos que lamentar muchísimo que uno de los nuestros haya tenido que dejar a los 3.300 mts de altura por exceso de cansancio y calambres, y los guías decidieron que si seguía no podría bajar. Es uno de las personas más queridas del grupo, un excombatiente de Malvinas, que está con nosotros hace muchos años”, agregó Hugo Acito, propietario de la firma.


Arriba de izq a dDer: Hebert Claros Alcocer, Pedro Herrera, Facundo Villegas, Julia Bertezzolo, Hugo Acito, Fabricio Delmas, Juan Carlos Claros Alcocer, Juan Carlos Cruz, Oscar Cruz y Alan López. Abajo de Izq. a Der: Gustavo Estrada, Gabriel Barriga, Víctor Hugo Claro, Gonzalo Martínez y Moisés Gutiérrez.

“El primer trayecto con mochila que va de 12 a 15 kg de carga hasta el refugio solo es una caminata exigida con pendiente pronunciada, claro que si sufrís hasta ahí más vale pegues la vuelta y sigas entrenando, pero para nuestros albañiles eso es un paseíto. lo lindo está a partir de las tres de la madrugada del domingo, con cielo estrellado y una luna casi llena, temperatura bajo cero y la ansiedad por arrancar a la cumbre, fueron 6 horas de caminata extenuante, parte sobre glaciar y mucha roca suelta, y el momento más difícil ocurrió cuando le dijeron a Victorio que no podía seguir, y el más emotivo fue correr hacia la cumbre en los últimos 50 metros”, acotó Acito.

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Para los primerizos un espectáculo inimaginable, para los que repetían la hazaña con sus corazones que explotaban de alegría. En esta oportunidad fueron 15 en total. “Como la vez anterior tuve una oportunidad más de decir lo que siento y pienso pero lamento que en principio la emoción no me permitió hablar, único parecido este que debo tener con el doctor René Favaloro, fácil de emocionar. Pero después, más calmos en la cumbre y entre lágrimas, les explique nuevamente porque hago lo que hago. Que elegí este camino como forma de cambiar mi entorno y que por ello no necesito ningún agradecimiento, solo sentir la felicidad que algún granito de arena quedará en alguno de ellos…esto a más de 3700m de altura es más que emocionante”, admite Acito a “Río Negro”. Las tensiones que a diario se viven en el mundo de la construcción quedaron atrás por un rato. La confraternidad llegaba a niveles increíbles.

“Hicimos las fotos de rigor. También vivimos el orgullo de que una de nuestras arquitectas formó parte de esta locura y llegó con toda su garra y fuerza de punta a punta”, comentó uno de los albañiles protagonistas de esta aventura.

Ya de regreso a San Martín de los Andes, en el quincho de las cabañas alquiladas, hicieron un asado para festejar y brindar. Cada uno contó que había sentido. Después viajaron toda la noche, trabajaron el día siguiente como siempre y luego no alcanzó el tiempo para contarle a sus familias la experiencia recién vivida.

“Somos extremos, vivimos al límite siempre -con el dinero, con las situaciones familiares, con la autodisciplina-. El Lanín, en este caso, fue otra instancia más para medirnos hasta dónde podemos llegar. Es un desafío vivido que nos acompará para todas nuestras vidas”, comentaron los muchachos de la construcción.


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