¿Los candidatos saben lo que viene?
Rolando Citarella (*)
Una reciente encuesta de Giacobbe & Asociados realizada entre electores de la provincia de Buenos Aires indica que un 48% cree que la Argentina, después de las elecciones de este año, estará mejor o mucho mejor y sólo un 9% o lo contrario. Según estos resultados, queda claro que la ciudadanía, mayoritariamente, aun bajo el supuesto de que esté viendo alguna complicación actual en la economía, piensa que se corregirá en el mediano plazo. Sobre esto yo diría lo siguiente: en primer lugar, habría que señalar que lo que manifiesta esa población encuestada es más una entendible expresión de deseos que una conclusión derivada del análisis de las condiciones vigentes. El ciudadano común ve lo que pasa en la superficie pero no lo que ocurre debajo de ella. Porque, aunque el gobierno nacional se empeñe en decir y mostrar lo contrario, los indicadores son demasiado evidentes: atraso cambiario (ya sería el más largo de la historia), caída en la actividad económica, alta inflación (25% anual), déficit público elevado (6% del PBI), bajo nivel de reservas en el BCRA y en caída, divisas escasas (cepo cambiario y restricciones al pago de importaciones), baja competitividad de nuestro aparato productivo y una consecuente falta de rentabilidad en las empresas. Es decir, con alguna variante, son más o menos los mismos indicadores que han precedido a las crisis que hemos tenido a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado y comienzos del actual. Yo diría que el pensamiento de los encuestados es casi una cuestión natural de supervivencia que podría sintetizarse en lo siguiente: “Nada va a pasar y, si pasa, saldremos adelante como siempre. Tantas veces hemos caído al pozo y tantas veces salimos que, ¿por qué no pensar que ahora será lo mismo?”. Aquí, entonces, dadas esas crisis reiteradas cabría preguntarse: ¿Argentina realmente ha salido del pozo? ¿Qué clase de salida es esa si al cabo de un poco más de diez años volvemos a caer en lo mismo? No obstante lo inobjetable de esos indicadores negativos, ya se puede ver que no nos ponemos de acuerdo ni en los síntomas del enfermo. Unos dicen que está bárbaro (el gobierno y sus adherentes), otros no lo ven tan mal (mayoría de electores y dirigencia política) y otros (seguramente pocos) lo vemos con una fiebre que vuela. Pero si no coincidimos en los síntomas del paciente, menos lo vamos a hacer en el diagnóstico de su enfermedad y menos aún en el tratamiento a darle. En esto lo que interesa realmente es lo que piensan los referentes de las tres fuerzas con posibilidades de gobernar a partir de diciembre. Aunque poco dicen esos referentes respecto de las políticas económicas a implementar, genéricamente están hablando de “correcciones” a realizar. Nadie habla de ajuste porque, según parece, “ajuste” es una palabra muy neoliberal, muy fondomonetarista, muy de derecha. Y eso no es lo de ellos. Lo de ellos es todo lo contrario: matar con impuestos a la “gallina de los huevos de oro” (el aparato productivo), gastar hasta que se termine la plata y luego emitir alegremente billetes y/o pedir prestado. Quiero creer que este encubrimiento del fuerte ajuste que va a tener que realizar el próximo gobierno tiene más que ver con “no decir lo que hay que hacer porque no te vota nadie” que con subestimar las condiciones económicas actuales. Porque, respecto de estas últimas, cabría agregarles a los indicadores antes mencionados al menos dos factores negativos que diferencian la situación actual de las anteriores: 1) Argentina y todos los países proveedores de productos primarios (petróleo, materias primas y alimentos en general) se vieron beneficiados a partir del 2004 por un fuerte incremento de los precios internacionales de esos productos. Ese “viento de cola” generó un mejoramiento en los niveles de vida de sus habitantes, tanto en forma directa en los sectores ligados a la exportación como en forma indirecta en el resto de la población a través de la redistribución de ingresos realizada por los gobiernos a través de la política tributaria. Bueno, hoy estamos en un proceso inverso. Tenemos “viento de frente”. Los precios de los productos primarios, si bien no tienen los valores de los 90, han caído fuertemente respecto de los picos máximos alcanzados en los últimos diez años. Entonces, ¿cómo vamos a hacer internamente para corregir todos los desequilibrios mencionados al comienzo si, además, por decirlo de alguna manera, nos han bajado el sueldo (nuestros productos valen menos en el mundo)? 2) El segundo factor tiene que ver con los precios relativos de la economía. Estos son fundamentales para la toma de decisiones tanto de los empresarios (a la hora de ver qué es lo conveniente producir o fabricar) como de los consumidores (qué es conveniente consumir, cuánto y cuándo). Hoy, producto de la maraña de subsidios, retenciones a las exportaciones, aranceles a las importaciones, cargas impositivas discrecionales, sindicatos con fuerte poder a la hora de negociar salarios, etcétera, esos precios relativos no reflejan para nada la realidad económica interna y externa. Para tener una idea: vale lo mismo una pizza que una factura de luz. Vuelvo al deseo: aunque sea criticable, prefiero creer que los potenciales gobernantes a partir de diciembre saben realmente lo que van a tener que “corregir” pero no lo dicen para no espantar votos, antes de que el silencio actual se corresponda con un desconocimiento o una subestimación de los problemas. (*) Economista
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