Los desafíos para Macri
En la Argentina hay una ideología hegemónica que comparten casi todos: no es el peronismo o el populismo, es el facilismo. Lo entendían muy bien los estrategas de la campaña proselitista del presidente electo Mauricio Macri, razón por la que, a diferencia de lo que suele ocurrir en otros países democráticos en los que es normal que un candidato opositor critique con virulencia la gestión económica del gobierno que está por irse, quien resultó ser el triunfador optó por minimizar las dificultades que, de ganar, tendría que enfrentar. Por desgracia, superarlas no le será nada sencillo. Aunque el candidato oficialista Daniel Scioli exageraba mucho al atribuir a su rival la voluntad de depauperar a buena parte de la población, además de comprometerse en efecto a no ajustar nada de resultar elegido, antes de que Macri y sus aliados de Cambiemos comiencen a poner en marcha los muchos cambios que han previsto les será necesario encontrar la forma de manejar de manera equitativa, o por lo menos políticamente aceptable, una emergencia económica sumamente grave, ya que, entre otras cosas, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se las ha arreglado para dejarles las arcas vacías. Al acercarse la jornada electoral, Macri se sentía protagonista de una “revolución de la alegría” que se difundía por todo el territorio nacional, pero no durará mucho el júbilo motivado por una victoria que apenas un mes antes parecía muy poco probable. Son tan graves las circunstancias económicas ocasionadas por la irresponsabilidad del gobierno que se va que sorprendería que tuviera tiempo para disfrutar de la tradicional luna de miel. Puesto que a inicios de su gestión no los ayudará ningún “viento de cola” equiparable con el que benefició a Néstor Kirchner y su esposa, para consolidarse en el poder tanto el presidente como sus principales colaboradores se verán constreñidos a depender de cambios que a muchos les parecerán más simbólicos que concretos, como los supuestos por un “estilo” que, con toda seguridad, será radicalmente distinto del kirchnerista. Por fortuna, no son autoritarios los macristas ni sus socios del radicalismo, la Coalición Cívica y hasta ciertas corrientes peronistas que se han plegado a Cambiemos. Tampoco se creen los dueños iluminados de un “relato” exclusivo y excluyente que les corresponde defender sin preocuparse por las consecuencias concretas. Antes bien, son centristas pragmáticos que quieren que la Argentina se asemeje mucho más a las democracias desarrolladas que a países “bolivarianos” como Venezuela o Ecuador, para no hablar de la Cuba de los octogenarios hermanos Castro, que han servido de modelo para los kirchneristas. No se trata de un detalle menor. El dogmatismo enfermizo que sería una de las características más llamativas de la gestión de Cristina incidió de modo extraordinariamente negativo no sólo en el manejo de la economía nacional sino también en la relación del Poder Ejecutivo nacional con la Justicia, los medios de comunicación, la oposición política y, huelga decirlo, el resto del mundo. Es legítimo esperar pues que, a pesar de la magnitud de los problemas que herede, el próximo gobierno logre restaurar la cultura del pluralismo democrático y del respeto por las opiniones ajenas que muchos kirchneristas, encabezados por la presidenta, suponen propia de épocas “burguesas”, “liberales” o “extranjerizantes” a su juicio desactualizadas y que, en los más de doce años de poder casi monárquico que Cristina ha protagonizado, procuraron eliminar. Para que los esfuerzos en tal sentido tengan éxito, a Macri le será forzoso mantenerse fiel a los principios que reivindicó mientras estuvo en campaña, privilegiando el diálogo con distintos sectores sociales, políticos y económicos, celebrando conferencias de prensa como hacen los mandatarios de todos los países avanzados y absteniéndose de abusar de la cadena nacional o de aprovechar el manejo del dinero de los contribuyentes para crear un enorme aparato propagandístico. Y, aun cuando no le guste, tendría que permitir que la Justicia investigue a fondo los casos de corrupción que tanto proliferaron en los últimos años y que, por desgracia, involucran a quien pronto será la expresidenta de la Nación.