Los forenses revelaron el tormento que sufrió Alejandra

La autopsia reveló que la golpearon, la mataron por asfixia y le arrancaron el bebé.

NEUQUEN (AN)- María Alejandra Zarza estaba feliz con su embarazo y esperaba tener a su hijo en condiciones normales para rodearlo de calidez. Sin embargo, recibió un puntapié brutal en la espalda que le desencadenó el trabajo de parto, la asesinaron y le arrancaron a la criatura, en un medio hostil, para después arrojar su cadáver a una laguna.

El feroz contraste fue marcado ayer por los numerosos médicos y especialistas que declararon en la primera audiencia del juicio oral contr Nicolás Rinaldi, el único acusado de asesinar a la joven embarazada de siete meses y medio. «Si le hubieran prestado la debida atención médica cuando todo comenzó, hoy estaríamos hablando de otra cosa», afirmó uno de los testigos.

La situación de Rinaldi es, por ahora, expectante. Nadie lo involucró directamente en el homicidio, aunque el horario en que se produjo la muerte tiene un margen los suficientemente generoso como para comprometerlo.

También quedó claro que los autores fueron por lo menos dos: si uno se ocupó de arrancarle el bebé a la víctima, otro debió sujetarla y quizá fue el que le provocó la asfixia mecánica, al obstruirle la boca y la nariz, que causó la muerte de la joven. También fueron dos los que manipularon su cuerpo y quizá tuvieron la intención de arrojarlo al río Limay, pero por razones que se desconocen sólo pudieron llegar hasta la zona de lagunas en el barrio Valentina Sur.

El caso presenta un desafío científico para los forenses y médicos de la provincia, quienes corren con muchas desventajas. Al factor temporal (el cuerpo fue hallado una semana después de muerto, en avanzado estado de descomposición) se agrega que casi no hay experiencia en casos de mujeres en tan avanzado estado de gravidez que hayan sido agredidas de tal forma, para luego arrancarle la criatura sin asistencia médica.

Esto se tradujo en que luego de dos autopsias, realizadas con cuarenta días de diferencia, todavía no hay precisiones respecto de la hora y la causa de la muerte.

El único que se mostró ca

tegórico para responder las preguntas fue el jefe del cuerpo de forenses del Poder Judicial neuquino, Carlos Losada. Encargado de la segunda autopsia, su testimonio fue lo central de la jornada.

La síntesis de su hipótesis, que ayer expuso, es esta: «todo comenzó con una reunión social» durante la cual Alejandra y el o los autores bebieron algo que contenía cafeína (café, té, mate, una bebida cola). «Después hubo una agresión» como consecuencia de la cual la víctima «cayó al suelo».

En esa posición «recibió un puntapié que le dejó un gran hematoma en la zona lumbar, en el cual se ve claramente la huella de un calzado», dijo Losada.

Ese fue el momento en el cual «empezó el trabajo de parto». Quien estaba junto a la víctima, «en lugar de asistirla, tiró del chico provocándole un gran dolor a la madre». La autopsia reveló que en algún momento estuvo con sus piernas hacia arriba, sujeta por un cinturón o algo similar. Luego «la asfixiaron» y terminaron de arrancar a la criatura con la víctima ya muerta. «Sacaron al chico de manera agresiva después de la muerte de Alejandra», afirmó el forense.

Antes de depositar el cadáver en la zona de lagunas donde apareció, «le higienizaron la zona vaginal y le colocaron la bombacha», concluyó Losada.

No intervinieron manos profesionales. La acción fue tan brutal que hasta le arrancaron el útero, del cual apenas quedaron unos pocos restos. Posiblemente lo cortaron sin ninguna precisión quirúrgica, opinó el ginecólogo Héctor Pianciola quien declaró después de Losada.

Durante todo ese proceso, cuya duración es difícil de estimar porque no hay estudios para compararlo, la joven no recibió calmantes que la ayudaran a aliviar el dolor.

¿Y qué fue del bebé? «Por la mecánica empleada, lo más probable es que haya muerto», dijo Losada. Pianciola coincidió: «era un bebé prematuro, se habría necesitado una incubadora y una gran infraestructura para atenderlo».

José Flores, quien hizo la primera autopsia, confirmó que en esa ocasión no determinaron la causa de la muerte. Y José Estévez, médico policial, opinó «como hipótesis» que la muerte pudo deberse a una hemorragia.

 

Los horarios

La hora de la muerte es uno de los puntos más controver

tidos y resulta fundamental para definir la situación del imputado. Quien aportó los datos más precisos fue la bioquímica Cristina Rubio, en base a restos de cafeína y una cáscara de durazno que encontró en el estómago de la víctima.

«Una o dos horas antes de su muerte, la víctima ingirió cafeína. Pudo haber tomado una infusión como té, café o mate, o una bebida cola», explicó Rubio.

Respecto de la cáscara de durazno, señaló que «medía unos cinco centímetros. Es de digestión relativamente rápida: entre una hora y cinco».

Se sabe que Alejandra salió de su casa a las 11 de la noche del 19 de febrero de 2002 comiendo un durazno. De acuerdo con las pericias, pudo morir entre la 1 y las 5 de la mañana del día siguiente. Rinaldi estuvo solo y sin coartada entre las 23 y la medianoche.

¿En ese lapso hubo tiempo para que sufriera el tremendo parto que le costó la vida? Según Losada, sí. Pianciola fue menos categórico, porque el útero en una joven con su primer embarazo puede demorar 12 horas en dilatarse para permitir la salida del bebé. Salvo que el chico estuviera en posición podálica (con las piernas hacia abajo).

En ese caso, pudieron asomar sus piernas a través del útero no dilatado y el autor del crimen tiró de ellas, explicó.

La última ecografía realizada a Alejandra revela que su bebé estaba en posición podálica.

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