Los guardianes del sauce nativo, la especie que peligra en la Patagonia

El INTA de Bariloche inició un programa de rescate genético para proteger a este árbol que crecía en la región y fue eliminado por los colonos españoles. En muchos lugares fue reemplazado por el sauce exótico, pero ahora intentan repoblar todas las áreas que antes ocupaba.



El sauce criollo, la única especie nativa de sauce que se propaga por Latinoamérica, desde el centro de México hasta el río Chubut, peligra en la Patagonia Norte.

Esta planta surgió en zonas tropicales pero fue migrando hacia el sur y adaptándose a las temperaturas más frías. Hoy, esta región alberga las últimas poblaciones de esta especie.

Seis años atrás, el INTA Bariloche inició un programa de rescate genético participativo del sauce nativo y ya se logró enviar material al INTA Trevelin, al vivero provincial de Viedma y de Mariano Moreno, cerca de Zapala, entre otras instituciones, a fin de regenerar la especie en peligro.

El investigador Leonardo Gallo, asesor en Innovación Científica y Tecnológica en el INTA Bariloche, impulsó un laboratorio de genética molecular en la zona. “Hace 25 años que trabajamos en la conservación de bosques. Hacemos análisis para ver dónde están las poblaciones de mayor diversidad”, explicó.

En 2008, se firmó un acuerdo con una universidad de Alemania para hacer los primeros estudios de diversidad genética en el salix humboldtiano. “Con los muestreos, me di cuenta que la especie está en una situación crítica. En una hectárea, se plantan 1.100 pintos; en todo el río Chubut que tiene 810 kilómetros, estimamos que hay menos de 1.000 sauces adultos. Lo mismo en río Neuquén y quizás un poco más en el Valle Medio rionegrino”, puntualizó.

Con estaquillas, buscan repoblar las regiones.


Este doctor en Ciencias Forestales especializado en genética forestal reconoció que la causa principal del estado crítico de estas poblaciones en Patagonia está vinculada con la madera de mejor calidad que encontraron los primeros colonos españoles.

Relató que “cuando Viedma y Villarino se instalaron en la boca del río Negro, a ese río lo conocían como el río de los sauces por los miles y miles de sauces nativos”. “Pero fueron cortados para construir el fuerte de Patagones, la Catedral, viviendas; hicieron hasta barcazas. Arrasaron con todo. En el diario de viaje de Villarino, hay menciones de que carpinteros cortaron 3.700 sauces en una semana. Esos registros nos dicen que había sauces nativos en lugares donde ya no hay más”.

Luego de cortar los sauces nativos, se introdujeron sauces exóticos. Muchos se distribuyeron en el río Limay, en el Anfiteatro y en el río Negro. “Es un genotipo más agresivo que fue invadiendo los ríos y quitándole hábitat al nativo”, sintetizó Gallo.

Juntamos ramas, hacemos estaquillas, las propagamos. El material queda en un banco clonal para mantener la diversidad genética”.

Leonardo Gallo, asesor en Innovación Científica y Tecnológica.


El clon introducido se regenera en forma vegetativa, de modo que se rompe una rama por el viento, cae al río, lo lleva la corriente y se genera una planta con una gran facilidad. El nativo, en cambio, se regenera por semilla. “Una semilla muy chica que el viento arroja al agua, la corriente la lleva pero necesita de un banco de arena. Tiene que germinar y quedar bien firme para que no se la lleve la crecida natural”, describió Gallo.

Con el programa de rescate genético participativo, se recurrió a los lugares donde aun quedan pocos individuos. “Juntamos ramas, hacemos estaquillas, las propagamos en el vivero de Bariloche. Ese material lo instalamos en un banco clonal para mantener la diversidad genética de la especie. Y así tenemos material del río Negro, Neuquén, río Agrio, Collón Cura, río Chubut”, señaló.

Días atrás, un grupo del INTA Bariloche tomó la iniciativa de plantar 50 ejemplares de sauce nativo frente a la Catedral a fin de contar con una pequeña muestra de esos árboles y que la comunidad conozca la especie tan amenazada. La Dirección de Parques y Jardines y algunos integrantes del Jardín Botánico se sumaron a la propuesta.

“Vamos a ver si prosperan. Cuando se pierde una especie, se pierde el saber de la sociedad con respecto a la especie. Es una especie que no se conoce. Ni siquiera la mayoría de los biólogos, ni los ingenieros forestales”, concluyó Gallo.


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