Los niños sirios intentan olvidar la guerra

Están refugiados en el Líbano. La mayoría vio cómo mataron a sus familiares –opositores al régimen– o a otras personas. Un centro educacional los ayuda a superar traumas de la guerra.

Por Redacción

AP

AARZAL, Líbano (AFP).- “Vi cómo asesinaban a mi padre delante de mí”. Son las palabras de Marwan, un niño sirio de 7 años. Refugiado en el Líbano, intenta olvidar la guerra en su país en un centro educacional de la ONG ‘Terre des Hommes’ de la localidad de Aaarzal, en la frontera con Siria. Sus dibujos nada tienen que ver con las hojas llenas de color y vida que empapelan los pasillos de los colegios de medio mundo. Marwan se ha convertido en un artista de la guerra y es capaz de plasmar con un realismo pavoroso uno de los muchos bombardeos que sufrió en Al Qusayr, su pueblo natal, en la vecina Siria. “En sus dibujos los niños plasman lo que han vivido y lo que sienten. Muchos de los dibujos representan muertos, heridos, casas incendiadas, tanques disparando, fuego”, explica Noor Husain. Esta trabajadora social colabora en un proyecto que tiene como fin último ayudar a los niños sirios con problemas de estrés postraumático. “La guerra siempre es lo primero que se les viene a la cabeza, la mayoría de estos niños han perdido familiares, han visto como asesinaban a personas, los han bombardeado. Han vivido cosas que el 80% de la gente sólo verá a través de la TV. Tenemos alumnos que están tranquilamente en clase y rompen a llorar sin motivo aparente”, comenta Husain. Desde que empezó la revuelta contra el régimen de Al Assad, en marzo de 2011, más de 16.500 personas murieron en Siria. Muchos de los niños de Aarzal aún tienen en Siria a familiares que luchan junto al Ejército Libre, una fuerza de oposición. En otros casos sus padres han sido asesinados a sangre fría o sus familias están atrapadas en las ciudades y no pueden salir hacia el Líbano para reunirse con ellos. La revolución ha condicionado tanto las vidas de estos chicos que incluso cuando las profesoras los animan a entonar una canción, siempre son, sin excepción, arengas contra el presidente sirio Al Assad o canciones sobre la caída del régimen y la victoria de los rebeldes. “Cuando ocurre esto los obligamos a dejar de cantar y buscamos otra canción. Nuestro objetivo es tratar de que olviden todo lo que han visto y han vivido”, dice Rayat, una de las tres profesoras que trabajan en el centro educacional de Aarzal. Marwan tiene una sonrisa de oreja a oreja, “es un niño que siempre está alegre” explica Samir Ismail, el responsable del centro de refugiados. A pesar de su corta edad, Marwan vivió un episodio que lo traumatiza y atormenta en partes iguales. “Vi cómo asesinaban a mi padre delante de mí”, relata con los ojos a punto de romper a llorar. “Los soldados de Bashar al Assad le pegaron un tiro mientras atacaban Al Qusayr”, explica, y al final unas diminutas lágrimas brotan de sus ojos. Este centro está repleto de historias parecidas a la de Marwan. En cada rostro, detrás de esas inmaculadas sonrisas, la guerra ha hecho mella. “Si no hacemos algo para ayudar a estos niños jamás podrán continuar con sus vidas. El problema es que el gobierno libanés ni apoya ni ayuda a los refugiados sirios debido a su respaldo al gobierno de Bashar Al Assad”, lamenta Samir Ismail, director del centro de refugiados.