Los peronismos y el populismo del Pro

Por Redacción

Una visión predominante ha naturalizado el peronismo como populismo. Por lo tanto, el peronismo es expuesto como patología de la democracia y la política. Esta fórmula repetida hasta la saturación y devaluada por su escaso valor explicativo tiene un alto impacto en la opinión política menos exigente. Por ello resulta voz común en el político de frases rápidas y miradas liberales. También entre formadores de opinión y en cierta academia frágil de teoría.

El vocablo populismo entendido como enfermedad de la democracia y destrucción de la política no ayuda a entender qué está pasando con los peronistas que abrazan la estrella del Pro como tabla de salvación para sus carreras de políticos profesionales. Algunos van más allá de querer conformarse con posiciones de poder. En no pocos casos suman su voluntad para quebrar la historia existencial del mismo peronismo. Son los que se parecen al acto de autodestrucción que significó la voz de Alberto Teisaire de denuncia hacia el mismo gobierno que compartió como segundo vicepresidente de Juan Perón.

Sin duda, los peronistas son lo que son porque siempre quieren ser inventores de una tradición política. Esa realidad los hace historia viva de experiencias variopintas. O sea, la pluralidad es su naturaleza. Por ello su propia historia hizo que la academia más estudiosa y la opinión pública mejor informada coincidan en hablar de peronismos y peronistas. Ciertamente, la historia les brindó un origen de construcción política atrapado. Es conocido que el primer Perón reunió a radicales yrigoyenistas, laboristas, conservadores, piezas sueltas del socialismo. Hasta algún comunista se sumó a ese primer tiempo. Más adelante, cuando Juan Perón es derrocado, hubo otros peronismos de la revolución nacional, con la reunión de exfrondicistas, nuevos socialistas y jóvenes sin historia partidaria, entre tantos. También es sabido que el último peronista dominante –el de los kirchneristas– sumara a radicales, socialistas, excomunistas y tantas piezas sueltas sin pasado partidario de los movimientos sociales, además de la base popular “clásica” de peronistas de fábricas y sindicatos y de los barrios y unidades básicas.

Sin duda el peronismo es una experiencia plural porque, como sostiene un destacado antropólogo, los peronistas “conciben la política y la hacen de determinadas maneras socialmente situadas, históricas”, arrojando como resultado la conformación de experiencias diversas, dinámicas, sujetas a transformaciones, heterogéneas. Por ello son pocos los peronistas que dentro del ciclo de elecciones de treinta años puedan tener en claro si siempre votaron la fórmula electoral que respondía al clásico sello PJ. Lo mismo ocurre con quienes fueron sus candidatos. De allí la mudanza de tantos peronistas hacia lugares que algunos de los suyos consideraran conductas heréticas, impropias, “traidoras”, sobre todo si ese nuevo anfitrión ha consagrado gran parte de su ser “constitutivo” radicalizando su antiperonismo primario.

La prehistoria del Pro contó con peronistas y cierto espíritu peronista fue parte del momento fundacional. Efectivamente, la gran crisis del 2001 fue partera del “ethos” Pro. Se estableció como coyuntura ideal para que los peronistas participaran en la invención de otros artefactos políticos. Allí aparecieron algunas de las piezas sueltas del peronismo sin pasado destacable pero voluntariosas. Otras, en cambio, habiendo contado con trayectorias relevantes decidieron dejar una parte de su ropaje peronista y colgar otras prendas dentro de un placar recién fabricado. De allí que hubo importantes dirigentes que promovieron el peronismo renovador que se encontraron bastante cómodos dentro de la etapa fundacional del Pro. Algunos de ellos eran asalariados o socios de la dirigencia empresaria que dispuso activar el primer conjunto de las ONG de la sociedad civil que abrazaron la nueva causa política. Esos peronistas ofrecían saberes de la política. Eran expertos en el arte de armar y desarmar partidos y coaliciones. Contaban con el capital que daba el conocimiento de la militancia. Y a esa altura de sus biografías esa militancia era fundamentalmente la sociabilidad siempre en tránsito dentro de las élites partidaria y empresarial. Estaban dispuestos a negociar y canalizar adhesiones para la entidad reluciente. Todo para una experiencia que era parte del populismo de las élites. De ese que se plantea una ruptura política y cultural desde arriba. Porque el populismo, siendo una categoría analítica compleja, resulta útil cuando describimos situaciones como la etapa actual del Pro.

Hubo importantes dirigentes que promovieron el peronismo renovador que se encontraron bastantes cómodos dentro de la etapa fundacional del Pro.

Datos

Hubo importantes dirigentes que promovieron el peronismo renovador que se encontraron bastantes cómodos dentro de la etapa fundacional del Pro.

Exit mobile version