Los pescadores pasaron 50 minutos flotando al borde de la muerte

Javier, José Luis y Andrés contaron cómo lucharon para mantenerse con vida. “Estaremos eternamente agradecidos al Mario R”, la nave que los salvó.



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José Luis Díaz, Javier Manrique y Andrés Miguel Dante ya en tierra firme, agradecidos de haber pasado esos eternos 50 minutos. (Foto: martín brunella )

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Javier Piergentili, el patrón del Mario R que los rescató.

“Quedate tranquilo ‘Oreja’, que ahí vienen los barcos”. Esas palabras, que gritó desde la balsa Javier Manrique (47) a su compañero José Luis ‘Oreja’ Díaz (36), terminaron con una angustia que se prolongó por 50 minutos, en los que los 4 tripulantes del “San Benito 1º”, el barco que naufragó durante la tarde del martes, lucharon por mantenerse con vida.

Javier tuvo que gritar fuerte, para que su voz venciera a la marejada y al viento, porque él había logrado ascender a la balsa junto al patrón del barco, Renzo Meza (44), pero sus dos compañeros quedaron flotando a 200 metros, protegidos sólo con un salvavidas, y ellos eran los que estuvieron a punto de doblegarse por la furia del mar. Sobre todo Andrés Dante (55), el mayor de todos ellos, que a 5 meses de jubilarse entró en pánico durante el siniestro, y mantuvo en vilo al resto de sus compañeros, que, imposibilitados de prestarle ayuda, sólo pudieron gritarle a lo largo de la fatídica espera palabras de aliento.

“Él (por Dante) es el más grande y gordito, y el salvavidas por momentos se le subía y le impedía respirar. Gritaba ‘no doy más, por Dios. No tengo fuerza’. Y nadie podía ayudarlo. La balsa no podía acercarse a nosotros y yo trataba de mantenerme a flote como podía. De verdad, todos pensábamos en él, en darle fuerza. Aliento. Y finalmente resistió” contó Díaz.

“Oreja” nació en Sierra Grande y tiene tres hijos, de 16, 8 y 4 años. En ellos pensó cuando pasaban esos momentos eternos en los que estuvo sumergido, tratando de no decaer.

“La tormenta era fuerte, y el barco, que venía ‘durmiéndose’ (inclinándose) hacia un lado, dio una vuelta de campana. El patrón ( Meza) dio por radio la posición en la que nos encontrábamos y decidió que abandonáramos el barco. Pero en el momento en el que íbamos a subir a la balsa la marejada nos sacó, y sólo Javier y Renzo pudieron subir”, recordó el marinero.

“Yo había agarrado una gaseosa Pepsi de dos litros, para tomar una vez que subiera a la balsa, y cuando me caí con el salvavidas puesto me agarré a la botella para flotar mejor. La largué recién cuando nos restacaron”, rememoró.

Manrique, por su parte, que tiene 5 hijos y es de San Antonio, contó que “la balsa quedó al revés. La dimos vuelta, pero no podíamos hacer nada por el viento. Sólo pudimos permanecer mirando a los compañeros que habían quedado a flote, sin lograr acercarnos. Por suerte el mar no estaba muy frío. Y cuando vimos los barcos supimos que eran nuestra salvación”.

Los dos barcos que se acercaron para rescatarlos fueron el Mario R y el Viernes Santo, aunque este último, por su tamaño, no pudo ingresar a la zona para realizar maniobras.

“Cuando llegué al lugar que, por radio, habían identificado como el punto del siniestro, ví la balsa. Pero un compañero me dijo que había dos puntos, y, cuando empezaron a mover los brazos, supe que esos bultos eran otros dos muchachos que estaban luchando por seguir a flote, y enfilamos hacia ellos” relató Javier Piergentili, el patrón del Mario R.

“Les tiramos unos salvavidas circulares y los acercamos tirando de unos cabos, y pudieron subir al barco usando una escala de gato que desplegamos. Ya arriba, les dimos ropa seca, café, se bañaron. Fue una desgracia con suerte” apuntó Piergentili.

“Oreja” fue mucho más contundente, y resumió, conmovido: “Ellos fueron nuestra salvación. Estaremos eternamente agradecidos al Mario R”.

Dos de los marineros pudieron subirse a la balsa, pero los otros dos quedaron flotando a 200 metros, protegidos sólo con un salvavidas.

“La balsa no podía acercarse a nosotros y yo trataba de mantenerme a
flote como podía”.

José Luis Díaz, uno de los náufragos.

Datos

Dos de los marineros pudieron subirse a la balsa, pero los otros dos quedaron flotando a 200 metros, protegidos sólo con un salvavidas.
“La balsa no podía acercarse a nosotros y yo trataba de mantenerme a
flote como podía”.

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Los pescadores pasaron 50 minutos flotando al borde de la muerte