La arquitecta que hace 10 años estudia las casas contenedor: «Nunca fueron concebidas como espacios habitables»

La arquitecta Margherita Valle Pilia alerta sobre los desafíos técnicos y estructurales de las casas contenedor y señala que su verdadero valor radica en abrir camino a alternativas como las casas pequeñas y la arquitectura modular flexible, centrada en las necesidades de las personas y no en la rigidez del objeto arquitectónico.

Redacción

Por Redacción

Ejemplo de una casa contenedor. Foto Halfpoint en Canva

En los últimos años, en un contexto de búsqueda de alternativas al mercado inmobiliario convencional, los contenedores marítimos se posicionaron como una promesa de arquitectura alternativa, de bajo costo y autosuficiente. Desde sus primeras investigaciones, la arquitecta y urbanista nacida en Costa Rica Margherita Valle Pilia alertó sobre los desafíos estructurales y de habitabilidad ocultos tras la estética industrial, destacando problemas complejos de aislamiento térmico y acústico, la presencia potencial de materiales tóxicos en sus recubrimientos, los riesgos de corrosión, el control de la condensación y las complicaciones logísticas para su transporte y adaptación a distintos climas, como señala en una entrevista con la revista Interiores.


«Reutilizar un objeto no garantiza una construcción sostenible«


La idea de rescatar un objeto destinado a ser chatarra conecta fuertemente con el imaginario ecológico, haciendo que la etiqueta sostenible resulte muy atractiva y fácil de comercializar, dice la arquitecta. Sin embargo, la experta subraya que reutilizar un objeto no garantiza una construcción sostenible.

El impacto ecológico depende de un sistema integral que abarca el costo energético del transporte y la transformación, los materiales adicionales necesarios para su acondicionamiento, así como el comportamiento energético a lo largo de su ciclo de vida y su durabilidad.


La transformación profunda que exige el contenedor


Los contenedores fueron diseñados exclusivamente para el transporte de mercancías en altamar, por lo que nunca fueron concebidos como espacios destinados a la vida humana.

Para volverlos habitables, los módulos requieren intervenciones tan drásticas como la apertura de vanos, refuerzos estructurales y la eliminación de puentes térmicos, lo que termina diluyendo la mayoría de sus ventajas económicas y de rapidez constructiva iniciales.


La evolución del fenómeno: del objeto a la vivencia


Diez años después, el análisis revela que el interés por los contenedores no respondía a una fascinación por el acero corrugado, sino a una necesidad profunda de replantearse el tamaño real del espacio necesario para vivir, buscando mayor libertad, flexibilidad y capacidad de decisión frente a la vivienda tradicional.

El verdadero valor de aquel fenómeno radicó en abrir camino a alternativas como las casas pequeñas y la arquitectura modular flexible, centrada en las necesidades de las personas y no en la rigidez del objeto arquitectónico.


Contextos viables y el panorama actual de la construcción modular


El aprovechamiento de contenedores enteros se reserva hoy para casos muy específicos, tales como instalaciones temporales, proyectos experimentales o arquitectura de emergencia donde el material ya se encuentra disponible en el sitio.

Para la vivienda permanente, los profesionales recomiendan optar por sistemas concebidos desde el inicio para habitar, los cuales ofrecen mayor libertad de diseño, mejor rendimiento ambiental y adaptabilidad.

De este modo, el debate actual ya no gira en torno a si un contenedor puede servir de casa, sino a cómo diseñar estructuras modulares y versátiles que evolucionen junto al estilo de vida de sus habitantes.


«Casa container», el proyecto que asombra en Neuquén


Claro que hay diversidad de enfoques sobre las casas armadas con contenedores marítimos. A 12 minutos del centro de Neuquén, «Casa Container» es la más mirada en el barrio Parque de Talero. Y de acuerdo con el testimonio de los arquitectos egresados de la UBA a cargo del proyecto, el neuquino Federico Forestier y su colega de Buenos Aires Gastón Golia, fue una experiencia que demandó mucho trabajo de investigación técnica para que saliera todo bien.

En una nota con Diario Rïo Negro en mayo de este año, Federico Forestier explicó en detalle todo el proceso. de construir una casa con antiguos contenedores marítimos.

Pasada la sorpresa inicial de que una idea disruptiva que parecía tan desafiante como atractiva viniera de los clientes y no al revés, los dos arquitectos pusieron manos a la obra. Era atípico, también, amoldar un proyecto a un sistema constructivo: ya sabían que iban a necesitar más amoladoras, sopletes y grúas que baldes y cucharas de albañil, pero más allá de esa certeza tenían por delante problemas críticos que solucionar y poca bibliografía o casos previos que consultar, como recuerda Federico.

Los meses que siguieron los pasaron sumergidos en el estudio de sistemas constructivos industrializados: la mayor preocupación era el confort y las condiciones de uso.

“Una caja de chapa, o varias, soldadas entre sí con más tubos de acero, sometidos a una helada de 10 grados bajo cero, vientos de 100 kilómetros o el sol de 40 grados típicos de cualquier año del Alto Valle iban a ser difíciles de aislar, mantener una temperatura estable”, recuerda Federico.

Interior de «Casa Container» en Neuquén.

Por si faltara un detalle, ya en una etapa plena de sociedad creativa entre propietarios y arquitectos, todos acordaron que uno de los seis contenedores sería ubicado parado en forma de torre. En los colores sí hubo debate y lo decantó hacia los tonos más claros un chequeo de temperatura: había casi 30°C de diferencia entre el negro y el blanco. 

En un galpón alquilado en Plottier, luego de la pandemia empezaron a llegar los containers y ahí los cortaban, se soldaban aberturas, escaleras, uniones en techos a medida que arribaban desde Buenos Aires y vaya a saber de qué mares. Elegían sacrificar las caras más oxidadas o abolladas en las zonas donde se unía un módulo con otro.

Dos quedaron unidos a lo largo en planta baja y tres en planta alta, con los refuerzos estructurales y columnas ocultas dentro de los muros de los dormitorios. En paralelo, otro equipo trabajaba en el lote, en una esquina frente a un espacio verde pero unos dos metros debajo de la calle. Primero hicieron las fundaciones y rellenaron el terreno después.


Cómo resolvieron la aislación

“Al final, usamos un aislante para el frio, otro para el calor, ruptores de puente térmico, cámaras de aire ventiladas por convección con entradas bajo los zócalos y salidas en los cielorrasos, y cubrimos todos los techos con decks de madera, en todos los casos con los materiales de costo más bajo posible y la paciencia eterna de los constructores”, explica Federico.

La climatización apuntó también a bajar costos: optaron por equipos fan coil, un sistema que en la Argentina casi no se usa y se basa en la circulación de agua caliente o fría.

Tras varios meses de soldadura, cortes de soplete para pasar cañerías, pintura automotriz, curiosos que se metían a ver y trámites varios, el sueño tomó forma, como describe Federico.


Antes del final de obra, las semejanzas con el boceto.

500

dólares fue el valor del m2 en marzo del 2022. Y USD 250 el de las obras complementarias. Hoy, esos costos se duplicaron de acuerdo con la estimación de los arquitectos.

El vencimiento del contrato de alquiler apuró el final de obra y la familia se mudó en febrero del 2022. La fase dos, ya con menos urgencia, incluyó el cerramiento del lote, gaviones de piedra y chapas sobrantes de los contenedores, tabiques de hormigón, veredas, decks, pileta, parquizado y la parrilla metálica con sus dos chimeneas de chapa. 


Ejemplo de una casa contenedor. Foto Halfpoint en Canva

En los últimos años, en un contexto de búsqueda de alternativas al mercado inmobiliario convencional, los contenedores marítimos se posicionaron como una promesa de arquitectura alternativa, de bajo costo y autosuficiente. Desde sus primeras investigaciones, la arquitecta y urbanista nacida en Costa Rica Margherita Valle Pilia alertó sobre los desafíos estructurales y de habitabilidad ocultos tras la estética industrial, destacando problemas complejos de aislamiento térmico y acústico, la presencia potencial de materiales tóxicos en sus recubrimientos, los riesgos de corrosión, el control de la condensación y las complicaciones logísticas para su transporte y adaptación a distintos climas, como señala en una entrevista con la revista Interiores.

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