Los robos ponen en jaque una huerta comunitaria
Se llevan las herramientas y los elementos de riego. La municipalidad dice que no las volverá a reponer.
NEUQUÉN (AN).- Los robos complican desde hace siete meses a las familias que cultivan en una huerta comunitaria las únicas verduras que llevan a su mesa, del barrio Confluencia. Palas, rastrillos, picos, azadas, carretillas, tanques y bombas de agua, cañerías y hasta el alambrado fueron sustraídos reiteradamente del lugar, en ocasiones con amenazas a trabajadoras que «por miedo» se retiraron y «dejaron hacer».
Pese la reiteración de robos y la voluntad de las huerteras de continuar con la experiencia, el municipio repondrá otra vez materiales y herramientas pero «será ésta la última vez que lo hagamos», advirtió el subsecretario de Desarrollo Social de la municipalidad, Mario Rimaniol, que realizó la denuncia.
Esta huerta comunitaria se desarrolla en una hectárea de propiedad municipal, ubicada en Confluencia detrás de la DESPO, el grupo especial de la policía. Allí mujeres de familias carenciadas, con colaboración del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y personal contratado por la comuna, cultivaban verduras de estación, como maíz, tomates, cebolla y puerro.
El objetivo de este emprendimiento es mejorar la calidad de vida de las familias intervinientes, fomentar la autogestión, la producción de alimentos para fortalecimiento de la economía familiar y en una segunda etapa, transformar la huerta comunitaria en un microemprendimiento que les permitiera un ingreso económico.
Desde que este proyecto comenzó ha sido blanco de robos y «en muchas oportunidades, el vivero fue destruido sin razón alguna», dijo el funcionario. En la actualidad se encuentra en estado de abandono.
Según Rimaniol, los actos vandálicos fueron producidos por «adolescentes, que en una oportunidad amenazaron a una huertera contra su vida y la de su familia si no se retiraba del lugar». El subsecretario no cargó contra los adolescentes pero indicó que «a partir de esta semana trabajaremos con la iglesia, la comisión vecinal y otras organizaciones intermedias del barrio para ir a la cuestión de fondo y evitar la repetición de estos hechos».
La reanudación de esta experiencia, que se desarrolla en otros sectores de la capital con éxito, fue resuelta el viernes como corolario de una reunión con once familias del barrio, personal del INTA y la cartera de Desarrollo Social. «Hay interés de las familias en seguir con la huerta orgánica; se han comprometido a trabajar y en coordinar un sistema de vigilancia vecinal», agregó el funcionario. «Vamos a reintentarlo -prosiguió- porque si siguen robando y no hay compromiso de los vecinos, no podremos sostenerlo… será ésta la última vez que lo hagamos».
Esta huerta tuvo vigilancia privada pagada por el municipio hasta principios de año, cuando por «situaciones presupuestarias fue levantada», dijo Rimaniol.
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