Marangoni: “Para mejorar ingresos no alcanza con las buenas intenciones”

Entrevista con Gustavo Marangoni, politólogo




Un tsunami político de consecuencias aún impredecibles en materia económica y social, fue el que se desató en la interna del gobierno nacional durante la semana posterior a las elecciones primarias. Para analizar el escenario del día después, dialogó con PULSO el politólogo Gustavo Marangoni quien indicó que fue el propio gobierno el encargado de amplificar los alcances de la derrota.

PREGUNTA: ¿Cuál es su primera impresión tras los sucesos recientes?
RESPUESTA: La derrota electoral generó una espiralización de las diferencias dentro de la coalición oficialista, lo que agrega un alto componente de incertidumbre política a una situación económica que es al menos débil. Al igual que el gobierno anterior ante la derrota en las PASO 2019, se intentaría revertir el resultado con anabólicos a la demanda, con esta idea de poner más plata en el bolsillo de la gente. Habrá que ver si funciona. Por lo pronto hablamos de poner más pesos en un mercado que ya los tiene. A eso se suma el Decreto 622/21 que plantea una utilización de los DEG extraordinarios del FMI, de una forma que no termina de quedar clara.

P: ¿Considera que es incorrecta la forma de utilizar los DEG?
R: Hay que ver cómo impacta ese anuncio en los diferentes tipos de cambio. Es una estrategia de carácter técnico que al menos otorga fundamentos a quienes creemos que la emisión de pesos genera una enorme presión sobre el dólar. Además la estrategia daña la hoja de balance del Banco Central. Los pasivos del BCRA llegan a los $9 billones, contra u$s 4.000 millones de Reservas netas, con lo cual el tipo de cambio de cobertura es altísimo.

P: ¿Podía esperarse una crisis institucional como esta?
R: Lo que llama la atención es que el propio gobierno amplificó la derrota. Uno hubiese esperado un discurso que amortigüe el resultado con base en el impacto de la pandemia, resaltando el esfuerzo del gobierno por contener la crisis sanitaria y la recesión económica. Por el contrario lo que se observó fue una catarsis a cielo abierto entre los dos protagonistas del poder institucional en Argentina, el Presidente y la Vice Presidenta. Nos queda un Presidente que ha devaluado su poder político, y una Vice Presidenta que si bien ha obtenido en su mayoría lo que quería, lo logra a un costo elevado en términos de capital político.

Si los salarios pudiesen recomponerse por decreto, la Unión Soviética no hubiese desaparecido. El punto no es solo la vocación de incrementar los salarios, sino también el contexto y las herramientas para hacerlo.

P: ¿Hay retorno luego del tono de la disputa interna?
R:
El afecto societatis se terminó hacia el seno de la coalición. No solo por la disputa en torno a los conceptos económicos en el oficialismo, sino porque en el medio entran a tallar cuestiones personales. Además la pregunta es cómo se continúa en los restantes dos años de gobierno en materia de decisiones económicas. Cuando se discuta el presupuesto 2022, que si tomamos en cuenta el proyecto presentado la semana pasada luce bastante irreal en muchos ítems ¿Cuál va a ser la posición del bloque oficialista en torno al tema tarifas por ejemplo? ¿Se corresponderá con la pretensión del Ministro de reducir los subsidios en términos reales? Habrá que abandonar finalmente este planteo de que el presupuesto “es un plan económico”. Ya no hay margen para decir “mi programa económico es el presupuesto”. Si lo que se pretende es firmar con el FMI, habrá que estipular un sendero fiscal, con metas plurianuales, establecer de qué forma se regresa al equilibrio fiscal y luego al superávit.

P: ¿Es justa la crítica a Guzmán por reducir el déficit?
R: En el kirchnerismo evalúan que es suicida ajustar en un año electoral. Por el otro lado, lo cierto es que lo de Guzmán es más una licuación que un ajuste. Si mágicamente Argentina lograra reducir de forma drástica la inflación en 2022 y 2023, volvería a incrementarse el peso relativo del gasto previsional y de los salarios. La estrategia de Guzmán fue inteligente para evitar un escenario disruptivo en un escenario de pandemia. Pero pensar hacia adelante requiere revisar otras cuestiones.

P: ¿Faltó énfasis en la recuperación del salario?
R: Si los salarios pudiesen recomponerse por decreto, la Unión Soviética no hubiese desaparecido. El punto no es solo la vocación de incrementar los salarios, sino también el contexto y las herramientas para hacerlo. Si se establecieron en 2020 una serie de restricciones que lisa y llanamente impidieron a buena parte de los empresarios llevar a cabo normalmente su actividad, es difícil pensar que los empresarios puedan otorgar un aumento del salario real. Si a ello le sumamos que hay 8 millones de argentinos en la economía informal, y agregamos la crisis de la última etapa del gobierno de Macri, la recuperación de los ingresos es una circunstancia que hay que analizar un poco más. Hablamos de una economía que a lo sumo recuperará este año el 80% de lo perdido el año pasado, y el año que viene a lo sumo los niveles de producción de pre pandemia.

P: ¿Ya está cerrado el acuerdo con el FMI?
R: La idea de que el acuerdo estaba casi cerrado, merece más cautela. Con el FMI hay una instancia política y otra con el staff técnico. En esta última instancia, la letra chica es mucho más compleja. El Fondo sabe que no actuó de forma responsable durante la gestión anterior, y ahora debe subsanar esos errores, evitando firmar un acuerdo con Argentina que al poco tiempo se convierta en letra muerta. Eso ya lo hizo con Macri. El FMI también tiene sus muertos en el placard. Uno supone que esta vez se buscará más prolijidad. Y luego habrá que ver si como propuso el gobierno, esa letra chica pasa los filtros en la discusión legislativa. Alguna cucharada de algún aceite amargo sin dudas habrá que probar.

PERFIL

Gustavo Marangoni es Licenciado en Ciencia Política (Universidad Del Salvador), Postgrado en Economía y Comercio Exterior (Instituto Superior de Economistas de Gobierno) y Master en Relaciones Internacionales (FLACSO).

Es Profesor de Análisis Político en la Universidad de Belgrano. Se desempeñó en la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación y en la Vicepresidencia de la Nación, y entre 2011 y 2015 fue Presidente del Banco Provincia.

Autor del libro “Política ATP” (Planeta), desde 2016 es socio director de la consultora M&R Asociados.


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