Marcelo Allasino analiza políticas para el teatro argentino
En su paso por Neuquén, el director ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro habló con “Río Negro” acerca de cómo recibió el organismo y de cuáles son los objetivos planteados para su gestión.
Teatro
El santafesino Marcelo Allasino, desde su lugar de director ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro (INT), sigue adelante con los objetivos de transparentar y viabilizar las políticas teatrales del país. El artista y gestor teatral, fundador del festival internacional de Rafaela, fue designado en el cargo con el apoyo de sus colegas, dentro de la institución que cumplió dieciocho años de existencia.
A la fecha, no son pocos los fuegos que debe atender Allasino. El organismo nacional que nuclea a toda la actividad teatral argentina presenta grandes deficiencias en el orden administrativo y de gestión. Hace unos días fue noticia su viaje a Santa Fe por el que parecía (luego no ocurrió) el cierre de una segunda delegación del INT. La provincia figura como la única con dos oficinas de atención al público y tres personas empleadas, una en Santa Fe y otras dos en Rosario.
Su objetivo no sólo es reordenar todo aquello que fue ejecutado mediante “decisiones arbitrarias y desprolijas”, sino que también deberá convertir el Instituto en un ente enérgico que permita articular planes de trabajo a corto, mediano y largo plazo en todo el territorio nacional. Sus ganas de gestionar con proyección de futuro se le sienten en cada palabra.
Allasino está visitando las provincias con un largo camino andado, no sólo en kilómetros, sino en la experiencia que le da su carrera de más de treinta años dedicados al arte, en la escena y como gestor cultural. Estuvo de visita en la región para participar del encuentro con funcionarios y colegas de Río Negro y Neuquén. En las reuniones estuvo acompañado por el representante de la región patagónica del INT, Fernando Aragón.
Allasino es un hacedor directo de la actividad teatral. Empezó en ella de muy chico. “Vengo de un territorio que es el interior del interior”, dijo a “Río Negro” en alusión a su pueblo natal, donde también fue subsecretario de Cultura. “Esto definió mucho la forma en que encaré siempre mi trabajo, y que tuvo que ver más con la necesidad que con el deseo. En Rafaela, cuando comencé a formarme no había muchas posibilidades de desarrollo. Había por supuesto una larga tradición de teatro costumbrista, más vocacional. Nuestra intención primera no se despegaba mucho de ello, pero sí había una necesidad de contactar con lo escénico desde un lugar de mayor riesgo, con experimentación. Formé parte de esa movida que creó en un lugar donde las chances eran pocas. Pero inventamos un marco, una escena, un espacio de formación, una sala, un festival. Ese impulso, ese deseo de crear los entornos fue mi gran motor”, consideró.
Al principio de su carrera, recordó, no existía el INT, por lo que esa experiencia en el quehacer independiente determinó su manera de trabajar. Fue secretario de Cultura en la Municipalidad de Rafaela, y previo a ello fue director y programador del Festival Nacional de Teatro de esa ciudad. A partir de su designación como director ejecutivo, tuvo el respaldo de los teatristas del país. Fueron ellos quienes lo impulsaron a asumir esta responsabilidad de coordinar la entidad nacional.
– ¿Le interesa compararse con la gestión anterior?
– Por más que no lo quiera se impone la comparación. El INT atravesó una crisis institucional tremenda el año pasado, tal vez la más importante desde que se fundó. Se impone la comparación porque vimos nacer esta institución, fui testigo de las gestiones anteriores, de las fricciones históricas entre la dirección ejecutiva y el consejo de dirección. Se impone porque habiendo visto el escándalo del año pasado, sabemos ahora qué posturas tomar para lo que ya está viniendo y vendrá. Se impone marcar las diferencias de gestión porque la comunidad teatral lo reclama.
– ¿Por qué cree que hubo grupos que optaron por distanciarse del Instituto?
– Porque tomaron una postura muy crítica, tanto que los alejó. Muchas provincias tomaron distancia del INT, porque dejaron de creer en la participación. Consideraban que siempre todo quedaba en las mismas manos. No había rotación en los cargos tal como la ley lo plantea. El modo de gestión y conducción estaba viciado. Yo formé parte de ese grupo de teatristas críticos. Nos volvimos escépticos y decidimos retirarnos. De hecho con mi compañía hacia diez años que habíamos tomado la decisión de no participar de la Fiesta del Teatro. Estamos en un momento propicio para repensar el INT, para poner todo en discusión, para volver a abrir la puerta al diálogo, al debate y por sobre todo a escuchar las problemáticas de los otros.
– ¿Alguna vez faltó el dinero para afrontar los objetivos del INT?
– Nunca faltó el dinero. El problema fue el modelo que el mismo INT instauró, creando un consejo de dirección como órgano colegiado y que según la ley tomaba las decisiones acerca de las políticas teatrales del país. Y al no estar claro el rol del director ejecutivo frente al consejo de dirección, se volvió la gran falla. A través de un dictamen intervino la Procuración del Tesoro de la Nación, y distinguió las competencias de ambas partes. Creo que la falla central estaba en ese punto. Una vez determinado esto, aunque hayan algunos consejeros que no lo comparten, podemos empezar una nueva gestión con los lugares más claros.
– ¿Qué aclara esto, qué cosas mejorarán?
– Supone una mayor eficiencia dentro del aparato administrativo. No pueden existir demoras increíbles para el pago de los subsidios, con procesos que llevan años para poder finalizarse. Cuando asumí comprobé que habían rendiciones de cuentas desde el 2012 hasta ahora, que jamás habían sido revisadas. En diciembre tuvimos que devolverle al Ministerio de Economía, 16 millones de pesos, porque no había dónde ponerlos en proyectos que estuvieran al día con su tramitación. Eso habla de la inoperancia de la estructura administrativa y de gestión. Esa ineficacia tenía una raíz, en todos pero también en nadie. Y eso debe terminarse. El Consejo de Dirección es el responsable de todas las políticas teatrales que se encuentran funcionando en el país, con sus aciertos y sus deficiencias. Si de aquí a un año el aparato administrativo no logra acomodarse, soy yo quien deberá asumir esa responsabilidad.
– ¿Habrá despidos dentro del INT?
– El Ministerio de Educación tenía la intención de que renováramos toda la línea de directores. Soy consciente de que la gente que trabaja en la carrera de la administración pública tiene mucha experiencia, y vale. Decidí ordenar desde adentro. De los cinco cargos más importantes que tiene el organismo en su primera línea, renovamos dos. Confirmamos los otros tres. Las funciones ejecutivas habían sido otorgadas por un decreto presidencial y ahora vamos a hacer lo mismo. Poder armar un equipo que vaya en sintonía con la gestión es esencial, respetando al personal de planta y contratado que tiene el organismo. A través del decreto presidencial 254, debemos analizar los contratos de los últimos tres años para elevar un informe. Hasta ahora nosotros no hemos despedido a ningún empleado. Hay un equipo de jóvenes valiosísimos”.
– ¿Qué proyectos, qué objetivos tiene como inmediatos?
– Necesitamos darle transparencia a los procesos de rendición de cuentas, a la administración financiera que la ley determina. Lo central pasa por darle a la misma comunidad teatral la posibilidad de que nos imponga metas, nuevos rumbos, nuevas líneas políticas. Dar respuestas a todo el imaginario que tiene la gente del funcionamiento básico del INT, para devolverles esa confianza perdida. Propongo foros regionales donde poder darle una voz más orgánica a la comunidad y dejar sentadas las bases de un diagnóstico real y profundo del mapa teatral argentino”.
– ¿Algo a futuro?
– Pienso que nunca se trazó un plan a largo plazo. El INT logró muchas cosas en el apoyo de la actividad, pero no propició un espacio para la discusión y la planificación.
Debemos pensar en políticas transformadoras de la escena nacional que intenten equilibrar las posibilidades laborales en todo el país. Es decir que todas las provincias accedan a la formación y a la producción de manera rigurosa, y se acerquen a estándares profesionales. Esta es la contribución que yo quiero hacer. Es una meta personal”.
Oscar Sarhan