Marta Minujin, Pop Art en vivo o una obra de arte en sí misma

Por Oscar Smoljan Director del Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén



APUNTES DE LA CULTURA

El viernes pasado los neuquinos tuvimos oportunidad de interactuar en el MNBA Neuquén, como pocas veces se ha visto en nuestro medio, con una de las artistas plásticas más originales y consagradas de las artes visuales nacionales y del mundo.

La presencia de Marta Minujín en la inauguración de su muestra “París-Nueva York-Neuquén”, ha marcado una huella imborrable en la escena cultural de nuestra ciudad y de sus habitantes y constituye uno de los hitos fundamentales de este año 2012.

Esa noche, en la velada inaugural, con un museo atestado de visitantes que pugnaban por acercarse a la artista y obtener de ella algo: una palabra, un autógrafo, una ocurrencia, una sonrisa, la anfitriona desplegó muchas de las cualidades que la han convertido a lo largo de cinco décadas en un ícono del arte contemporáneo y del Pop Art. Aquello que muchas veces se proclama retóricamente pero que pocas veces se puede apreciar en directo: el artista convertido en su propia obra de arte.

Varios fueron los elementos a destacar de esa noche irrepetible, pero al menos tres pueden darnos la clave de un fenómeno que va más allá de una muestra, una artista y un público.

En primer lugar, una creadora única que ha sabido fusionar su propuesta estética, artística e intelectual con su propia persona al punto que resulta difícil establecer la línea divisoria entre la obra y la artista y establecer cuándo termina una y empieza la otra.

Y esto se pudo comprobar en la efervescencia de un público ávido de obtener un recuerdo de la propia invitada, a la manera de las grandes estrellas de rock, o de la música pop, la hermana del arte del mismo nombre.

Ese recuerdo podía ser esa noche un autógrafo en una prenda, en un celular, en un papel insignificante, o bien una frase que llevarse al arcón de los recuerdos inolvidables. Porque en sus dichos, Marta también concreta arte efímero e informal, dispara conceptos al aire para que el aire se los lleve y, con suerte, los atrapemos en ese instante tan breve como irrepetible. Arte conceptual, en definitiva.

Pero también nos mostró su compromiso con nuestra tierra a través de su obra realizada con cenizas del volcán Puyehue. Como si a través de esa creación vinculada a nuestra Patagonia y sus dramas, sellara una hermandad proveniente del corazón y el alma del creador para con una región del país que, en lo personal, ella eligió como uno de sus hogares.

Y por último, la aparición de un nuevo fenómeno en la historia de la Cultura de nuestra ciudad y nuestra sociedad: el fenómeno Minujín en Neuquén, traducido no sólo en la multitud que colmó las instalaciones del MNBA el viernes para ver esas obras, que seguirán expuestas por varias semanas más, y que continuó llegando el sábado siguiente y el domingo, cuando, por ejemplo, un contingente de alumnos de un colegio de Bariloche llegó de visita a la exposición.

En ese sentido, serán muchos los turistas que se acercarán a Neuquén a vivir esa muestra y eso también beneficiará la economía de la ciudad, perfilada desde hace más de una década por el MNBA Neuquén y la Cultura de la capital.

Ese fenómeno, mezcla de concierto de rock, happening del Di Tella de los 60 y bienal de Arte Conceptual y Contemporáneo tiene nombre y apellido y afortunadamente recaló, después de muchos esfuerzos, en nuestra ciudad y en nuestro museo.

Nadie es el mismo después de ciertos acontecimientos artísticos y culturales, nadie será el mismo tras aquella velada inaugural, “comiendo” parte de la Libertad que nos es común y que, además de ser dulce como una cereza, es un hecho social compartido. Nadie dormirá igual de ahora en más tras el paso por los colchones intervenidos donde pasamos la mitad de nuestra vida, como dice Marta. Nadie podrá decir que es la misma persona si esa maga del delirio y la genialidad lo ha tocado en el alma ya sea con su varita o con su palabra inefable e inasible.


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