Más ajedrez
Especula con que el mayor costo ante la sociedad lo paga el sindicalismo. Pero las clases siguen sin empezar.
HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar
En el gobierno hacen un cálculo sencillo: “Sobre un presupuesto de 12.000 millones, la masa salarial de los estatales es de 7.500. Los docentes, que son 21.000, se llevan la mitad, unos 3.800 millones, hay que mirar bien los números porque con un aumento cualquiera, por pequeño que sea, podemos volcar”. “Mal de muchos…”, debe haber pensado Sobisch cuando advirtió hace unos días que “esta película ya la vi”. Pero como si no les importara darle la razón a quien hacen responsable de la muerte de Fuentealba, los dirigentes del gremio docente se lanzaron esta semana a los puentes carreteros provocando un previsible caos en el tránsito y el consabido disgusto de la población. Claro que más allá de los parecidos ahora las cosas son diferentes, eso cualquiera puede verlo. La beligerancia del sector docente y el grado de homogeneidad interna que presenta en su lucha son mucho menores que hace unos años. Además, hay un gobernador que, ya se sabe, a diferencia del anterior no azuza a sus adversarios sino más bien elude pelear directamente con ellos, les juega al ajedrez que es su entretenimiento favorito. Claro que lo hace porque según los cálculos oficiales (siempre las encuestas), por ahora el 90% de la gente responsabiliza a los gremialistas por el desmadre en la educación, y sólo el 10% lo atribuye a la inacción del gobierno. Pero a pesar de su optimismo, los colaboradores de Sapag no dejan de subrayar el “por ahora”. “En realidad juntan muy poca gente. El miércoles eran 300; el jueves no eran más de 150, 80 en el puente y 70 en la rotonda; y el sábado, en Plaza Huincul, para recordar los siete años de la ‘Zona liberada’, apenas 80. Han perdido poder de convocatoria, su propuesta exagerada de huelga por tiempo indeterminado no funciona”, exageran. No obstante, admiten que el perjuicio para la sociedad es alto. En realidad, para los sapagistas, el grupo que conduce ATEN está más interesado en hacer política que en la lucha gremial y su verdadero objetivo es “desestabilizar” las finanzas, que es tanto como desestabilizar al propio gobierno. “Quieren hacer la revolución social a través del sindicato, pero se equivocan, lo único que van a lograr es perjudicar a los que representan”, afirman. Y destacan que la clave para ir encauzando el conflicto son los descuentos, que según el gobierno “no alcanzan a los dirigentes de ATEN como al común de los maestros” por la licencia gremial. “En eso no podemos ceder”, razonan y admiten que, hoy por hoy, no hay plata para pagar los aguinaldos y para poder hacerlo Jorge Augusto “deberá salir a pedir crédito”. Visto todo desde el hombre común, cualquiera podría preguntarse si es tan inevitable seguir esperando para que los chicos vuelvan a clase y, sobre todo, cómo sería la reacción oficial si a despecho de su propia estimación la gente comenzara a responsabilizar por igual a gremialistas y funcionarios por la larga demora en el inicio del ciclo lectivo. Preservar el frente interno El plazo para presentar candidaturas vence en junio y el margen de Sapag para imponer sus candidatos en las legislativas se acorta dramáticamente. En todo caso, empieza la etapa de las definiciones”, sintetizan en el búnker gobernante. Sapag les puso freno a las ambiciones de algunos lanzando la posibilidad de su propia candidatura y la de su vice. Eso está ahí, cocinándose a fuego lento. Inclusive hace poco el gobernador reiteró que no ha descartado la posibilidad de presentarse para una banca de senador y Ana Pechen admitió que “por disciplina partidaria” (o sea: si Jorge Augusto lo pide) también estaría dispuesta. Ocurre que en las encuestas Pechen da muy bien. “La opinión pública la identifica con el gobernador, puede ser que vaya uno u otro. Ya se verá”, dicen los sapagistas. Pero, ya se sabe también que Pereyra se lanzó y sigue a toda máquina con su postulación. Si “El Caballo” no hubiera hecho buenas migas con Moyano, santas pascuas; después de todo, es un socio del mandatario provincial y se paga él mismo la campaña. Pero como fue al revés eso plantea un problema con el gobierno nacional, del que el gobernador se proclama aliado. Sin embargo, conociendo el ‘estilo Sapag’, no faltan quienes dicen que en lugar de lamentarse sobre la leche derramada dejará hacer. Después de todo está bueno tener un malo de la película para negociar mejor. “Lo fundamental es no quebrar el frente interno de la lista Azul”, resumen las fuentes. No obstante, reconocen que Sapag “se debe” una reunión a solas con la presidenta. “Somos aliados –subrayan– pero recuerdan que el MPN y el Frente para la Victoria tienen realidades disímiles y no pueden hacer un frente electoral. “Por más que seamos socios, en ese plano somos adversarios y eso hay que entenderlo”, razonan. Y agregan: “Amigos, sí, pero tratando de conservar la independencia y la autonomía”. Y, en tren de darse manija, advierten que Pereyra podrá ser ríspido en el plano gremial, pero también puede ser un aliado político de los K desde la banca. Y recuerdan la “buena relación del petrolero con De Vido y con Galuccio, el mandamás de YPF, además de que en materia de petróleo y gas el líder sindical controla con mano firme su organización. “Podrá haber diferencias, pero nadie quiere un nuevo Cerro León”, destacan en referencia al desmadre que creó en Chubut un sector sindical que nada tiene que ver con el que conduce el neuquino. “Resumiendo, si no hay disgusto interno estamos bien, después, muy lejos vienen (la kirchnerista Nanci) Parrilli y (el radical Marcelo) Inaudi”, se agrandan. Pronto se verá.
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