Más allá de las TIC: docentes y los fines educativos

Por Redacción

La democratización del acceso a la información que habilita internet cuestiona los fines mismos del sistema educativo. No se trata de transmitir conocimientos, sino de formar las competencias que permiten el desarrollo pleno de las personas: comunicarse en forma oral y escrita, razonar lógicamente, pensar críticamente, convivir y trabajar con otros son algunas de las consideradas fundamentales. El uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en las escuelas y, específicamente, del material audiovisual disponible en la web, no puede ser pensado como un fin en sí mismo. Sólo tendrá sentido si potencia la formación de esas competencias. Es necesario, entonces, que la política educativa transforme la formación y desarrollo profesional de los docentes para plasmar este nuevo sentido de la educación. La gran pregunta es cómo hacerlo. Está claro que la formación inicial no es suficiente, ya sea porque cuatro años no bastan para adquirir los conocimientos y competencias necesarios para enseñar en los sistemas educativos actuales, con creciente complejidad y demandas ampliadas; o bien porque la velocidad de los avances en el conocimiento y los cambios sociales obligan a una permanente actualización. En este contexto, la formación continua de los docentes en ejercicio resulta fundamental. Las nuevas tecnologías aparecen como una oportunidad histórica. Ya es posible diseñar nuevas trayectorias de capacitación a distancia, masivas, de calidad y alto impacto a un costo muy bajo. El postítulo de Educación y TIC lanzado el año pasado por el Instituto Nacional de Formación Docente y Conectar Igualdad es un claro ejemplo de ello. De todas formas, las políticas de formación continua en la Argentina tienen aun un doble desafío que va más allá de las TIC. Por un lado, cómo suplir el curso (que ya sabemos que no sirve) por un dispositivo masivo de desarrollo profesional continuo, que involucre a las instituciones educativas en su conjunto y que combine la reflexión colectiva sobre la práctica y la actualización permanente. El segundo desafío consiste en lograr que esos espacios de desarrollo profesional no se conviertan en simples momentos de agradable intercambio sin mejoras sistémicas. La disponibilidad en cada escuela de información comparada y a través del tiempo sobre trayectorias y logros de aprendizajes de los alumnos es una herramienta estratégica para orientar estos espacios de desarrollo profesional con metas precisas sobre qué lograr. Si bien la información per se no logra procesos de mejora, no contar con ella es caminar en las tinieblas, no saber dónde estamos parados y hacia dónde queremos dirigirnos. Los docentes siguen siendo determinantes para lograr que todos los alumnos adquieran las competencias necesarias para desenvolverse en la vida. Las nuevas tecnologías brindan oportunidades antes inimaginables, pero su potencial para la educación de las personas será siempre limitado si no se brindan las oportunidades y los incentivos necesarios para que todos los docentes aprendan cómo aprovecharlas. (*) Codirectora del programa de educación de Cippec

Florencia Mezzadra (*)