Más animales

La pandemia nos desnudó física y mentalmente, la obscenidad de los cuerpos y los pensamientos nos mostraron la realidad de la vida sobre la tierra, poniendo en claro, por un lado, quienes son los animales que reconocen su existencia limitada y su rol de invitados, y por el otro lado, quienes son los animales ignorantes y usurpadores. Unos garantizando la sustentabilidad de la vida y la tierra, los otros, los destructores del ambiente.

Los humanos, que compartimos el 99,99 % de los genes de los primates, reservamos en ese 0,01% todos los genes de nuestras miserias. Esta pandemia nos igualo en los riesgos y sufrimiento, y nos mostró la brutal desigualdad en la distribución de los recursos: el 1% posee lo mismo que el 99%. Esta apropiación violenta e institucionalizada determina nuestra cultura de sobrevivencia, sustentada en la desvalorización de la vida de acuerdo con la posesión material de cada uno.

Cuando menos tenés menos vales. Desde nuestra soberbia necedad nos auto titulamos homos sapiens, obsceno insulto a los “animales”. Esta experiencia nos debiera motivar el uso neuronal, al menos en parte, para tratar de que las cosas no vuelvan a ser como antes: dejar el rol de ignorantes domesticados, dejar de creernos invencibles y eternos, cuando somos totalmente frágiles y limitados.

Un virus oriundo del reino animal nos dejó encerrados por el miedo y perdidos en la incertidumbre: todo el dinero y toda la tecnología de las naciones guerreras no pudieron evitar el desastre. El homo sapiens apropiador de riquezas, lleno de ejércitos y armas, no tenía respiradores ni camas para salvar sus vidas. Cuanta riquezas en tan pocos ignorantes, frente a tantos millones de dominados-víctimas de sus miedos y ceguera cultural. La naturaleza nos vuelve a tirar por la cabeza la responsabilidad de poder decidir si cambiamos nuestras miserables sobrevivencias.

La salud, la educación y la ciencia deben ser derechos humanos universales que garanticen la mínima calidad de vida para todos los humanos, y la Organización de las Naciones Unidas declararlos como tal, obligando a los países a su real y efectivo cumplimiento. Y, nosotros, ciudadanos asumir la responsabilidad de exigirlo. En definitiva, cuando la pandemia pase, y si algo aprendimos, debemos tratar de ser más animales.

Edgardo Arca

DNI 12.820.329

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