Melodías de la basura

A un programa de enseñanza de la música como integrador social y comunitario se le sumó la fabricación de instrumentos musicales con residuos reciclados para los chicos que vivían alrededor de un vertedero.

Redacción

Por Redacción

Desde Paraguay, Landfill Harmonic

Horacio Licera hlicera@rionegro.com.ar

Da envidia. Sana envidia. Esa envidia blanca donde uno quiere que le siga pasando lo que le pasa al que le pasa pero también le gustaría que le pasara a uno. Pero vaya usted a saber, quizás sucede y uno no lo sabe. Nuestro país es tan grande en kilómetros y voluntades que no sería extraño. La historia es tan extrema que une a la música y la basura y sucedió en Paraguay, un país mas presente en los medios por su pobreza que por su música. En el vertedero de Cateura, un humilde pueblo paraguayo, las melodías se elevaron de la basura, como la fetidez convertida en fragancia. Diariamente sobre sus tierras, a orillas del río Paraguay, se vierten 1.500 toneladas de basura. Sus residentes se ganan la vida reciclando y vendiendo la basura a otras personas. En este lugar se creó una orquesta. La historia Luis Szarán, director de orquesta y musicólogo paraguayo perfeccionado en Europa y el teatro Colón de Buenos Aires creó un programa de integración social y comunitaria. “Sonidos de la tierra” es su nombre y busca combatir la violencia juvenil, potenciar su autoestima e incentivar su creatividad. El lema de este programa es tan elemental como contundente: “El joven que durante el día interpreta a Mozart, por la noche no romperá vidrieras”. Quizás fue la elocuencia de estas quince palabras que en Cateura, un pueblito a seis kilómetros de Asunción, convencieron a Favio Chávez Morán, técnico ecológico y profesor de música, a encarar el desafío de enredar la enseñanza de música entre latas herrumbradas y envases vacíos. La propuesta fue tan exitosa como frustrante ya que en un momento había 50 alumnos para violín y sólo cinco violines. Artesanos locales se ofrecieron para hacer instrumentos pero así y todo no alcanzaron. La solución era obvia y estaba a la mano pero surgió solo cuando alguien pudo correr el velo de prejuicios y mandatos. Sólo era hacer lo de siempre en Cateura: reciclar. Construir instrumentos reciclados de la basura. De una lata abollada Cuando vimos el primer violín reciclado de una lata abollada nos matamos de risa, pensamos que era una broma, dijo Luis Szarán. Pero cuando escuchamos sus primeros sonidos, descubrimos su nobleza. El instrumento funcionaba y un niño podría comenzar sus primeras lecciones dignamente con aquel instrumento. El instrumento había salido de las manos de Colás (Nicolás), cartonero o botellero como la llamaríamos aquí, hombre de manos tan rústicas como hábiles. Después fue solo seguir haciendo lo de todos los días, reciclar. Así salieron contrabajos con latas de productos químicos, chelos de latas de aceite y clavijas hechas de cucharas de madera y de la tablita para hacer ñoquis. Flautas de tubos de agua con teclas hechas con monedas y pedazos de cubiertos, y tantos otros. La experiencia superó ampliamente la instancia del aprendizaje musical. Con la construcción del propio instrumento los chicos se dieron cuenta de la falsedad de lo inmediato y el valor del proceso. El respeto al medioambiente. El aprecio por la nobleza de los materiales que nos dan una segunda oportunidad al reciclarlo. El pobre mas pobre como Colás puede aportar incluso en esta sociedad tecnológica. En definitiva era redescubrir lo que el maestro Szaram tenia claro: El poder de la música como elemento de transformación social. La idea de una orquesta con instrumentos reciclados fue el siguiente paso natural para difundir esta exitosa experiencia comunitaria y así se creó la Landfill Harmonic (Harmónica Vertedero) que ya ha dado varios conciertos alrededor del mundo. En YouTube tiene cuatro videos que ya han superado el millón de reproducciones. Fuente: www.creativevisions.org


Desde Paraguay, Landfill Harmonic

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