“Merece un análisis más aeronáutico y adecuado”



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En la edición de este diario del 21 del corriente, en esta sección leí una carta titulada “Viviendo bajo los aviones” donde se realiza una serie de consideraciones sobre las viviendas próximas al aeropuerto. Sin embargo, me parece que este tema en particular merece un análisis más aeronáutico y adecuado, de acuerdo con los antecedentes del aeropuerto y de las técnicas de la actividad aérea. Según datos históricos, el aeropuerto de la ciudad de Neuquén es la antigua pista del Aero Club Neuquén de hace aproximadamente 80 años y se realizó allí bajo condiciones de baja o nula ocupación poblacional, era zona de campos y chacras. Su orientación este-oeste se debió estrictamente a la dirección de los vientos predominantes, que en la mayor parte del año provienen del cuadrante oeste-sudoeste y, como es sabido, los aviones aterrizan y despegan “viento en contra”. Con el correr de los años, en una historia que no hemos encontrado escrita, sucesivos gobiernos provinciales se fueron adueñando del aeropuerto hasta transformarlo en una de las estaciones comerciales más importantes del país por su tráfico de personas y movimiento aéreo, con más de 12 frecuencias comerciales diarias sin contar los privados, el cual se verá incrementado en el futuro debido a las perspectivas de la explotación de hidrocarburos y su necesidad de servicios. De acuerdo con lo expresado y teniendo en cuenta entonces los vientos predominantes, el 80% de los aterrizajes se realiza en pista o cabecera 27 (quiere decir, orientada a 270° u oeste). Esta cabecera está donde estuvo siempre y los aviones en su fase final de aterrizaje pasan sobre la ciudad de Neuquén (aproximadamente sobre calle Elordi) para aterrizar en la cabecera que los controladores de tránsito aéreo le han asignado, generalmente la 27. Esta cabecera de pista está a 700 metros del barrio recientemente ocupado. Resulta que en ese lugar había, hasta no hace mucho, un vivero provincial que producía plantas para arbolado urbano en una superficie de cinco hectáreas (50.000 m²). El vivero fue desmantelado y allí se construyó el barrio. Quienes asumieron la responsabilidad de eliminar el vivero, proyectar el barrio y construir las viviendas “no sabían” que todo eso lo estaban haciendo a exactamente 700 metros de donde un avión puede tocar pista. Por lo tanto, y salvo mejores opiniones técnicas, es correcto que a 700 metros de la cabecera donde debe tocar pista un avión ya esté a sólo 100 ó 150 metros del suelo (incluso menos) y pase a una velocidad aproximada de 250 km/h para un avión comercial que mide 40 metros de largo por 40 de envergadura. Esto impresiona, no cabe duda. Por lo tanto, cabe preguntarse: ¿de quién es la responsabilidad de la situación planteada? ¿Recién ahora nos damos cuenta de que los aviones pasan “demasiado bajo” en ese lugar? De todas maneras, esta situación no es única en el país ni en el mundo. Córdoba, Rosario, San Fernando y Mendoza son otros ejemplos. Por fortuna, el aterrizaje en esta cabecera de pista 27 es normalmente visual (no instrumental) para el piloto, así que no hay que temer por la seguridad de los habitantes del barrio. Habrá que acostumbrarse a ver pasar los aviones de cerca. Para mí, es lo único que queda por hacer. Ing. Guillermo R. Pellini, DNI 10.868.987 Piloto privado de avión 45.973 Villa Pehuenia – Neuquén

Ing. Guillermo R. Pellini, DNI 10.868.987 Piloto privado de avión 45.973 Villa Pehuenia – Neuquén


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