México: ¿edificios mal hechos?
Después del terremoto han aflorado en México las dudas. Aunque la mayoría de los 38 edificios que se cayeron el 19 de septiembre en la capital tenía más de 30 años, muchos eran nuevos o habían sido aprobados como seguros.
Por eso han surgido cuestionamientos sobre la calidad de los materiales y el respeto de las normas de construcción, sospechas de corrupción o de insuficiente supervisión y llamamientos a que se revise a fondo el tipo de construcciones.
“Algo que vimos es que, en los edificios que fallaron ahora, las estructuras se derrumbaron como sándwich. Y realmente ese es el tema que a mí me tiene más interesado. Básicamente creo que es una carencia de cálculo en las columnas”, dijo a DPA el ingeniero civil Waldo Higuera.
Higuera, un importante desarrollador que ejecutó 25 proyectos en el barrio de Condesa, entre ellos el hotel Condesa DF, afirma que se necesita examinar en detalle qué ocurrió y mejorar la forma de construir, para evitar futuras muertes y reducir pérdidas en una ciudad altamente sísmica.
En el pasado terremoto sufrieron daños importantes 1.800 edificios de la ciudad. En un complejo residencial que se derrumbó parcialmente, la constructora había entregado los departamentos a sus flamantes dueños tres meses antes.
La escuela Rébsamen, donde murieron 19 niños y siete adultos, había recibido en 2014 y 2017 dictámenes que avalaban su seguridad estructural.
Los reglamentos de construcción se endurecieron después de 1985 a raíz de un terremoto de 8,2 que dejó unos 10.000 muertos en la ciudad, también un 19 de septiembre, pero no siempre se cumplen.
En esta ocasión el sismo fue de 7,1 de magnitud, 30 veces menos que en 1985 según expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aunque con epicentro más cerca. En Ciudad de México murieron 200 personas, la mayoría en edificios de cuatro a ocho pisos.
Para Higuera, se necesita un censo de todas las estructuras para saber en cada caso cuánto pueden resistir y reforzarlas o demolerlas si hace falta. De lo contrario, dice, “la gente va a vivir con el miedo de que siente que su casa se va a caer”.
Cada terremoto tiene sus propias características y el daño que causa depende de muchos factores. Uno es el tipo de suelo.
Ciudad de México está construida sobre un antiguo lago. Los aztecas establecieron la capital de su imperio sobre un islote, pero los actuales habitantes de la ciudad, especialmente en el centro de la gran urbe, viven sobre el suelo fangoso del lago desecado.
La ciudad tiene tres tipos de suelo, que responden de diferente manera a los sismos. La zona más peligrosa es la lacustre, de suelo blando, que amplifica las ondas sísmicas. En esa zona están barrios como las colonias de moda Roma y Condesa, donde se derrumbó más de una decena de edificios.
Le sigue la llamada zona de transición con barrios como Coyoacán y Tlalpan y luego la zona de lomas o montañosa, la de menor riesgo sísmico, con barrios como Santa Fe.
“Inclusive hay una falla muy importante que pasa entre la Roma y la Condesa”, señala Higuera. “Ya se tienen detectados ejes donde la construcción debería ser de menor estructura. Hay que calcularlo para eso. Hay que saber ¿qué tengo que hacer aquí?, ¿no conviene más dejar un parque?, pero aquí todo el mundo puede hacer edificios”.
Según señala, debe haber expertos certificados que verifiquen que la estructura sea la adecuada para cada lugar específico de la ciudad.
“Así como con los edificios Leed con certificado de ahorro de energía, tiene que haber una certificación”, señala. “En Japón pasa un desastre y hay lecciones aprendidas. Yo espero que de todo esto sin duda venga un nuevo reglamento de construcciones. Aprendamos de estas cosas”.
*DPA
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